¿Por qué todo el tiempo siento como que algo me falta? Con
mi familia estoy bien, mi esposo bien, mis hijos bien, de dinero bien, salgo y
voy a fiestas pero aunque me divierto, siento un hueco que no me deja y así es todo
el tiempo, ¿por qué será?
OPINIÓN
Tu pregunta es muy basta y puede tener muchísimas
respuestas. Te daré unas pocas, tú las sientes y ves si alguna resuena en tu
alma.
¿Te gustaría ser famosa?, ¿que la gente hablara de ti y
te admirara? Si así fuera, ¿con cuál tipo de famosos te identificarías? Lady
Gaga, Madona, la madre Teresa, el Papa Francisco, algún científico, un
político, el Chapo… O quizás menos famosa, pero sí reconocida, que tus
familiares y amigos te dijeran “qué bien lo haces”, “me buena suerte que tú
seas tú”. O todavía más íntimo, que te miraras en el espejo y pudieras decir a
tu imagen: “Te quiero para siempre, hagas lo que hagas y pase lo que pase”.
¿Podría esto llenar tu hueco?
Otra posibilidad: Tú sabes que los humanos somos seres
inacabados y en movimiento; logramos éxito en un proyecto y estamos disponibles
para el siguiente. ¿Tienes un proyecto nuevo o alguno en marcha, que exija
todas tus capacidades y adquirir otras nuevas? ¿Crees que algo así de exigente podría
proporcionarte una sensación de plenitud, de decirte a ti misma “doy todo de mí
y sigo creciendo”?
A ver esta teoría: dicho hueco da testimonio de tus
ansias de infinito, las cuales no se ven colmadas hasta que vuelves tu mirada a
Dios y lo tomas en tu vida como lo trascendental y básico, aquello “en Quien
somos, nos movemos y existimos”. ¿Cómo es tu vida espiritual?, ¿estás en
búsqueda de conocer la voluntad divina y cumplirla? ¿Crees que entregándote más a Dios se colmaría tu hueco?
Ahora interpretemos literalmente el hueco como una información
precisa de tu interior que dice: “algo falta”, algo que te toca tomar y no has
tomado. ¿Cómo qué? Por ejemplo, tu destino: tus padres, tu historia, la
historia de tu familia, un excluido o determinadas circunstancias que te niegas
a asimilar. Generalmente negamos o rechazamos cosas difíciles; una culpa, un
padre o una madre crueles o inaccesibles, un hijo con discapacidad, pobreza
extrema, pérdidas de seres queridos, de una fortuna, de la salud, de algo muy
deseado, o cualquier evento que sentimos superior a nuestras fuerzas. El
destino lo da la vida y está ahí, sin que dependa de nuestra aceptación o
rechazo; rebelarnos contra él sólo nos ocasiona desperdicio de energía y la
información de que no estamos plenos o completos. Debe ser tomado con el
corazón; quiero decir que no basta con pensar “ahora me hago el ánimo”, sino
que se necesita amarlo. No es fácil, tampoco imposible. Ya alguien dijo que el
camino más largo es el que va de la cabeza al corazón.
Te invito a que tomes el Diplomado de Constelaciones
Familiares, sirve precisamente para esto, ver, reconocer e incluir lo que hemos
excluido y forma parte de nosotros.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.
No hay comentarios:
Publicar un comentario