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lunes, 15 de febrero de 2016

AMISTADES



Sólo aprecia la amistad aquel que la ha vivido; es decir, que en alguna época de su vida intercambió afecto, lealtad y sinceridad con otro ser humano. Para que esto suceda, muchas veces se requiere abandonar la propia soberbia y acercarse al amigo con humildad, a fin de poder decir y actuar: “Yo soy como soy y tú eres como eres, así podemos relacionarnos”.
Las amistades que tenemos durante la vida nunca son iguales unas a otras; algunas son breves, otras duran años, quizá décadas; en unas hablamos mucho, en otras poco; las hay profundas y superficiales; que iluminan muchas facetas o pocas, quizá sólo se dan en el trabajo, en ser vecinos, en acompañarse al cine o mandarse mensajes por Whatsapp, pero todas tienen la magia de hacernos sentir conectados con otros seres humanos.
Las personas tenemos gran necesidad de sentirnos conectadas con otras personas, y esto lo logramos con los recursos que tenemos y con los que nos sentimos cómodas utilizando; si mi corazón está abierto exclusivamente para compartir mensajes en la red, eso hago; si prefiero relacionarme cara a cara, no faltará quien me corresponda porque tiene la misma necesidad que yo.
Cada persona lleva su amistad hasta donde puede y es capaz, y hasta donde los amigos están dispuestos a dar y recibir. Estas medidas son siempre respetadas, aun si intentáramos rebasarlas; quien no estuviera dispuesto a recibir sólo aquello que pueden darle, se sentiría víctima de una mala amistad, lo cual sería falso: no basta con que nosotros estemos disponibles para dar mucho amor o mucha presencia, si el otro no los toma o no puede recibirlos, estaríamos forzando la situación. Quizá yo le ofrezca venir a mi casa a cenar o llevar mi cena a la suya para compartirla, el otro siempre reaccionará de acuerdo con sus necesidades. Sentirse uno defraudado porque el amigo no acepta el ofrecimiento, es camino seguro hacia la frustración y el sentirse traicionado.
Generalmente duele comprobar que un amigo está menos disponible que uno para el intercambio amistoso; los humanos solemos ser tan egocéntricos que nos creemos la medida de todas las cosas. Recoger el propio corazón y aceptar que aunque mi hambre afectiva es mayor, el otro sólo puede ofrecerme algún saludo casual o una salida esporádica a tomar café, es como necesitar una comida en forma y tener que conformarme con una galletita, ¿pero serviría de algo reclamar al otro o intentar forzarlo a que me sirva lo que yo espero y me hace falta?
Damos y recibimos amor de acuerdo con nuestra capacidad y necesidad de hacerlo. Algunas personas critican duramente que ahora muchas relaciones se dan a través de una pantalla, pero si esa es la medida en que ambos amigos se sienten cómodos interactuando, ¿sería bueno tratar de impedirlo? ¿Habría más amor o más unidad en el planeta si lográramos que nadie se comunicara por las redes?
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.




martes, 21 de julio de 2015

SIENTO UN VACÍO



¿Por qué todo el tiempo siento como que algo me falta? Con mi familia estoy bien, mi esposo bien, mis hijos bien, de dinero bien, salgo y voy a fiestas pero aunque me divierto, siento un hueco que no me deja y así es todo el tiempo, ¿por qué será?

OPINIÓN

Tu pregunta es muy basta y puede tener muchísimas respuestas. Te daré unas pocas, tú las sientes y ves si alguna resuena en tu alma.
¿Te gustaría ser famosa?, ¿que la gente hablara de ti y te admirara? Si así fuera, ¿con cuál tipo de famosos te identificarías? Lady Gaga, Madona, la madre Teresa, el Papa Francisco, algún científico, un político, el Chapo… O quizás menos famosa, pero sí reconocida, que tus familiares y amigos te dijeran “qué bien lo haces”, “me buena suerte que tú seas tú”. O todavía más íntimo, que te miraras en el espejo y pudieras decir a tu imagen: “Te quiero para siempre, hagas lo que hagas y pase lo que pase”. ¿Podría esto llenar tu hueco?
Otra posibilidad: Tú sabes que los humanos somos seres inacabados y en movimiento; logramos éxito en un proyecto y estamos disponibles para el siguiente. ¿Tienes un proyecto nuevo o alguno en marcha, que exija todas tus capacidades y adquirir otras nuevas? ¿Crees que algo así de exigente podría proporcionarte una sensación de plenitud, de decirte a ti misma “doy todo de mí y sigo creciendo”?
A ver esta teoría: dicho hueco da testimonio de tus ansias de infinito, las cuales no se ven colmadas hasta que vuelves tu mirada a Dios y lo tomas en tu vida como lo trascendental y básico, aquello “en Quien somos, nos movemos y existimos”. ¿Cómo es tu vida espiritual?, ¿estás en búsqueda de conocer la voluntad divina y cumplirla? ¿Crees que entregándote  más a Dios se colmaría tu hueco?
Ahora interpretemos literalmente el hueco como una información precisa de tu interior que dice: “algo falta”, algo que te toca tomar y no has tomado. ¿Cómo qué? Por ejemplo, tu destino: tus padres, tu historia, la historia de tu familia, un excluido o determinadas circunstancias que te niegas a asimilar. Generalmente negamos o rechazamos cosas difíciles; una culpa, un padre o una madre crueles o inaccesibles, un hijo con discapacidad, pobreza extrema, pérdidas de seres queridos, de una fortuna, de la salud, de algo muy deseado, o cualquier evento que sentimos superior a nuestras fuerzas. El destino lo da la vida y está ahí, sin que dependa de nuestra aceptación o rechazo; rebelarnos contra él sólo nos ocasiona desperdicio de energía y la información de que no estamos plenos o completos. Debe ser tomado con el corazón; quiero decir que no basta con pensar “ahora me hago el ánimo”, sino que se necesita amarlo. No es fácil, tampoco imposible. Ya alguien dijo que el camino más largo es el que va de la cabeza al corazón.
Te invito a que tomes el Diplomado de Constelaciones Familiares, sirve precisamente para esto, ver, reconocer e incluir lo que hemos excluido y forma parte de nosotros.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com  o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.