“El libre albedrío nunca se pierde, pero no siempre se
usa”. Pensé escribir sobre esto mientras facilitaba la sesión del Diplomado de
Constelaciones Familiares sobre las lealtades invisibles, que causan los
patrones de repetición de destinos dentro de la familia. Son pautas multi-generacionales reconocibles que suceden una
y otra vez en generaciones distintas, como cuando siempre los varones se van y
las mujeres asumen toda la responsabilidad, o viceversa; ellas o ellos son
victimizados por sus parejas; un hijo o hija emigra o es expulsado del seno
familiar…
Cuando se estudia el
árbol genealógico y se descubren dichas repeticiones, la sorpresa es muy
grande: ver que la abuela enviudó a la misma edad en que la nieta se divorcia,
hace que ésta se pregunte: “¿Acaso mi separación estaba programada?, ¿qué pasa
con el libre albedrío?”. El libre albedrío nunca se pierde, pero no
siempre se usa. ¿Por qué lo digo?
Aunque hace falta más investigación, todo parece apuntar
a que desde antes de nacer estamos siendo programados para cumplir con
determinados requerimientos de la familia, la cual nos configura para que, a
manera de robots, nos comportemos de cierto modo, tengamos una clase de
sentimientos, nos comprometamos con metas asignadas inconscientes que, a veces
sí y a veces no, coinciden con lo que conviene y deseamos. Esto es más evidente
en unos casos que en otros. Un hijo que vive para tomar venganza del asesinato
de un miembro de su familia ocurrido antes que él naciera, está asumiendo
sentimientos que no se corresponden con sus propias vivencias, le son
“sembrados” y pueden relacionarse con el hecho de origen con cierta facilidad,
pero es menos claro cuando la familia necesita un paciente psiquiátrico en el
cual “descargar” los eventos traumáticos de su historia antigua, y lo
“configura” para el efecto.
Generalmente molesta pensar que somos prefabricados y
actuamos al estilo robot, cumpliendo con mandatos y requerimientos de la
familia, la cual de manera inconsciente nos programa para el éxito o el
fracaso, la salud o la enfermedad, la sociabilidad o el ostracismo. Digamos
que, imaginando al grupo familiar como un auto al que le hiciera falta una
llanta, cuando nace un bebé lo “configura como llanta” para que llene el hueco,
y el pequeño hará de todo para pertenecer y desempeñar la función que se le
asigna, aunque hacerlo signifique convertirse en “la oveja negra” o “el dolor
de cabeza” que la familia necesita, tal sería su lealtad. ¡Por supuesto que
también podría esforzarse y hacer sacrificios por ser un gran algo y el orgullo
de la familia, si para ello fue configurado! ¿En dónde entra aquí el libre
albedrío?
El libre albedrío sólo puede ser ejercido por la
conciencia; el inconsciente se limita a ejecutar fielmente las programaciones
recibidas. Es un servidor eficaz y exacto, pero si está programado para el
fracaso, hacia el fracaso conducirá a su poseedor.
La conciencia debe ser evocada. ¿Conoce el lector cuál es
la postura de su pie izquierdo mientras lee? No, pero en cuanto se le pregunta,
pone atención y lo sabe. Eso es evocar la conciencia: dirigir la atención hacia
algo que, de otra manera, estaría gobernado por el inconsciente. La gran mayoría
de nuestro funcionamiento es inconsciente; es decir, ejecución de rutinas predeterminadas
que nos evitan el esfuerzo de elegir en cada acción como si ésta fuera nueva.
La evocación de la conciencia implica ponernos atención,
observarnos, conocernos, y si lo juzgamos necesario, suspender la ejecución de
una rutina y crear otra nueva. Si por costumbre creemos que las cosas van a ir
de malas a peores, detener la rutina del pensamiento que nos hace esperar lo
malo e inventar otra nueva para cosas buenas; si nos inclinamos a entrar en
relación con personas mentirosas, maltratadoras o impredecibles, suspender la
rutina de la costumbre e introducir otra nueva que nos haga descubrir a
personas confiables y relacionarnos con ellas, y así en diversos ámbitos. Esto
es ejercer el libre albedrío: elegir, en lugar de ejecutar programaciones como
los robots. El libre albedrío nunca se pierde, pero no siempre se utiliza.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
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