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lunes, 14 de diciembre de 2020

MENTES ÁGILES

Algunas personas poseen una mente más ágil que las de otras personas; se les ocurren montones de ideas y la palabra o la frase oportuna les llegan con una velocidad pasmosa. Estos cerebros funcionan como súper computadoras. ¡Qué maravilla! Necesitan ser aprovechados, pero no solo en problemas cotidianos sino en inventos y descubrimientos geniales que beneficien a la humanidad. En caso contrario, si se les deja sin suficiente empleo, inventarán problemas irrelevantes a fin de ocupar en algo su portentosa capacidad y fastidiarán a todos cuantos vivan a su alrededor. . Muchas de las personas que poseen una de estas inteligencias privilegiadas no lo saben o no lo reconocen, y son muy desdichadas. Su poderoso equipo perceptivo les sirve solo para registrar los cambios más pequeños e interpretar acontecimientos y hasta intenciones que pasarían inadvertidos para otros; su magnífico cerebro los procesa día y noche y llega a conclusiones desgarradoras, como “tengo numerosos enemigos”, “me tienen mala voluntad”, “lo hacen para desacreditarme”, “quisieran verme sufriendo”, “no me aprecian”, “nadie me quiere”. . Su enorme creatividad está creando motivos para sufrir. . La creatividad consiste en generar algo que no existe, o en darle una forma nueva a lo que ahí está. Todos poseemos determinada capacidad creativa. Utilizar cada uno dicha creatividad en su propio provecho y conveniencia, y luego en beneficio de los demás, es un requisito básico para vivir bien. . Llamamos “básico” a aquello que es indispensable cuando se quiere adquirir algo: una habilidad, una ciencia o una actitud. Pongamos por ejemplo leer. Es básico conocer y diferenciar las letras. Un disléxico que ve q p b d como lo mismo no puede leer, siente que “las letras le bailan ante los ojos”. ¡Claro, unas veces la pancita está a la derecha, otras a la izquierda o arriba o abajo! Entonces, para él, lo básico es primero distinguir los lados en su propio cuerpo y hasta después aprender la forma de las letras y cómo se juntan. . Es básico usar la creatividad de modo que nos convenga y aproveche. . Decía el escritor Bernardo Shaw: “La fórmula infalible de ser infeliz consiste en dedicar los tiempos libres para pensar que uno no es feliz”. Con ese tipo de pensamientos, estaría uno creando a un ser desdichado. Siempre estamos creando. . La mente y YouTube se parecen: o uno les dice con firmeza qué quiere ver, o comienzan a ofrecerle contenidos al garete. Podrían ser basura. Uno de los grandes dramas de la desinformación es que confunde a nuestras mentes y las obliga a pensar en falsedades, de las que solo pueden obtenerse resultados falsos. . La creatividad trabaja con los contenidos de la mente: los examina, acomoda, modifica y les da una forma nueva. No es difícil imaginar cuáles serían los resultados si estuviera trabajando con basura: ¡basura aumentada, superlativa, en grandes cantidades! Un supercerebro creando a supervelocidad sin una supervigilancia de la consciencia es capaz de llegar a las más grandes aberraciones: “Soy Napoleón”, “mi misión es liberar al planeta de todos los malvados y defectuosos que existen”... . Si uno acostumbra estar triste, enfadado, molesto, insatisfecho, sin ilusiones o de alguna manera desdichado, quiere decir que ha elegido mal los temas para su creatividad. La dicha no existe completa en alguna parte ni nuestra personalidad es algo fijo y acabado, estamos creando ambas cosas constantemente y podemos hacerlo de maneras muy bellas. . Como conclusión: La vigilancia consciente de los contenidos de nuestros pensamientos importa muchísimo. Nuestra salud mental depende del tipo de materiales que ofrecemos a la mente para que piense en ellos; ella los toma y procesa porque esa es su función, y nos los entrega asociados con otros pensamientos similares. Afortunado quien elige pensar en cosas que lo hacen crecer y ser feliz. . “Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com

lunes, 24 de septiembre de 2018

UNO NO SABE QUÉ SABE


Milton H. Erickson fue un famoso psicoterapeuta estadounidense que murió en 1980. Sanaba a sus clientes hipnotizándolos y contándoles anécdotas. A él se debe la frase “usted no sabe que sabe”, y se refería a que tenemos en el inconsciente cantidades enormes de conocimientos que no usamos o no apreciamos, pero que podemos utilizar.

La anécdota que voy a transcribir es una de sus clásicas. Él la consideraba terapia, y también conocimiento. Yo, cuando la leo, siento que me hace bien. Tal vez al lector le interese observar qué le sucede y qué siente al leerla. 

Palabras de Erickson:

“Yo tuve que aprender dos veces a ponerme de pie; la primera cuando era bebé y la otra cuando tenía 18 años. A los 17 años quedé paralizado por completo”. 

“Tenía una hermanita y la observé mientras gateaba para ver cómo se ponía de pie y así aprendí de mi hermanita, 17 años menor que yo, cómo pararme. Primero, uno se estira hacia arriba hasta qué accidentalmente descubre que carga cierto peso sobre el pie, luego descubre que la rodilla se dobla y uno cae sentado. Entonces se estira y lo intenta con el otro pie, y la rodilla vuelve a doblarse”. 

“Pasa mucho tiempo antes de que uno pueda cargar su peso sobre los dos pies y mantener las rodillas derechas. Hay que aprender a mantener los pies separados sin que se crucen nunca, porque si se cruzan uno no se puede parar. Hay que aprender a mantenerlos lo más separados que sea posible, entonces uno endereza las rodillas... y el cuerpo vuelve a fallarle, se flexiona la cadera”. 

“Después de un tiempo y después de muchos esfuerzos, uno se las arregla para mantener las rodillas derechas, los pies bien apartados, la cadera derecha, y se cuelga de uno de los lados del corralito. Tiene cuatro bases de apoyo: dos en los pies y dos en las manos”. 

“¿Qué pasa entonces cuando uno levanta un brazo? Se cae sentado. Da bastante trabajo aprender a levantar una mano y más todavía extenderla, porque el cuerpo se tambalea y se va para allá o para allá. Y hay que aprender a mantener el equilibrio no importa donde se lleve la mano. Después hay que aprender a mover la otra mano. Y después hay que aprender a coordinar eso con el movimiento de la cabeza, los hombros y el cuerpo, hasta que finalmente uno se puede parar con las dos manos libres”.

“Ahora viene el aprender a pararse en un solo pie. Es un enorme esfuerzo porque la primera vez que uno lo intenta se olvida de dejar derechas las rodillas y la cadera y se cae sentado. Después de un tiempo, se aprende a descansar todo el peso en un pie. Pero entonces, cuando se avanza el otro pie, el centro de gravedad se desplaza y uno se cae. 

Lleva mucho tiempo aprender a adelantar un solo pie. Finalmente, uno da su primer paso y la cosa parece andar bastante bien. Luego da el segundo paso con el mismo pie y ya no sale tan bien. Y si da un tercero se cae. Lleva mucho tiempo avanzar el derecho y el izquierdo, el derecho y el izquierdo, el derecho y el izquierdo”. 

Hasta aquí Erickson. 

Por cierto, él no acostumbraba dar interpretación a sus anécdotas. Las contaba, y ya. Erickson afirmaba que todo el trabajo de sanación le pertenecía al cliente, no a él, y todo era aprendizaje. Los hacía caer en trance, les contaba anécdotas y al último les daba una prescripción que debían cumplir. Y la cumplían. Y Erickson se volvió un terapeuta que muchos colocan a la altura de Freud, por revolucionario.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com 

lunes, 6 de noviembre de 2017

EL SIGNIFICADO DE LOS SUEÑOS



Me agrada mucho la petición de que hable del significado de los sueños, experiencias que vivimos dormidos y al despertar nos intrigan, sorprenden e incluso llegan a asustarnos. Abrimos los ojos y decimos: ¡Qué horror, menos mal, sólo es un sueño!, o: ¡Lástima, era un sueño, hubiera querido que fuera realidad!
Los sueños nos cuentan historias de un modo tan vívido que, mientras dormimos, las creemos reales. Tienen en común con el lenguaje el uso de los símbolos. Estamos tan acostumbrados a utilizar símbolos que ya no lo notamos.
Ejemplo de símbolo: decimos “mesa” y en general no nos detenemos a pensar que las letras m, e, s, a, no guardan relación con la plataforma de patas a la que nos estamos refiriendo. En algún momento de la historia hubo un convenio acerca de poner dichas letras en ese orden y darle el significado que hoy le damos.
En los sueños no hay convenios de que tal imagen significa tal o cual cosa; nuestro inconsciente elige los simbolismos de manera personal. Sin embargo, siendo nosotros tan semejantes con nuestros semejantes, no es de extrañar que los sueños expresen experiencias parecidas en las personas, con símbolos distintos. ¿Es difícil encontrar algo en común en clavar un cuchillo en un pan, arar la tierra, meter la llave en una cerradura, y una relación sexual?
Las palabras son símbolos; las imágenes de los sueños, también.
Usamos las palabras para pensar y comunicarnos con nuestros semejantes, y las imágenes de los sueños para pensar y comunicarnos con nosotros mismos. 
Un sueño es un proceso de pensar y un mensaje que el inconsciente envía a la consciencia para comunicarle algo. No lo manda en español ni en ruso, sino en imágenes concatenadas a través de una historia.
Las imágenes no necesariamente representan lo mismo que en la vida diaria; que alguien sueñe a la madre o a la novia no quiere decir que el sueño se refiere a ellas, sino a algo que ellas significan para el soñador: ¿amor?, ¿protección?, ¿tiranía?, ¿seguridad?, ¿ternura?, ¿deber?, ¿otra cosa?
Un método recomendado por la Gestalt consiste en anotar cada uno de los elementos del sueño. “Soñé que cocinaba una comida de apariencia apetitosa para mis hijos y ellos la comían, pero yo sabía que estaba podrida y les iba a hacer mal”. ¿Qué y quienes estaban en el sueño? Elementos o símbolos: una comida, hijos, yo.
Luego de anotados, hacer hablar a cada uno en primera persona y escribir lo que digan: “Soy una comida apetitosa que hago daño. Mi apariencia y contenido no se corresponden, son distintos y opuestos”. “Soy los hijos, necesitamos de mamá y confiamos en ella para que nos nutra”. “Yo soy mamá, cocino y nutro, me esfuerzo porque mi comida salga bien y se vea bien, pero no quiero desechar lo podrido y dañino, mejor lo pongo presentable”.
Terminado lo anterior, el soñante admite que el sueño es suyo y los símbolos utilizados, también. Cada elemento lo representa a él. Lee todo lo que dijeron los elementos del sueño como referentes a él mismo, ése es el mensaje que le manda el subconsciente.
Me despido deseando dulces sueños a todos.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com ,  o en facebook.com/Psic-Ma-Dolores-Hernandez-Gonzalez

lunes, 17 de octubre de 2016

DESTINO Y LIBERTAD



Leí en su columna que somos menos libres de lo que creemos, y que el libre albedrío se reduce a cumplir de buen o de mal agrado con el destino, pero qué se entiende por ser libre y por destino.
OPINIÓN
El ser humano se distingue de otros seres vivos por la conciencia de sí mismo, la cual le permite elegir de manera consciente lo que quiere, aun si su elección lo pusiera en contra de lo predeterminado por el instinto y si fuera dañina o errónea. Por ser libre, puede equivocarse.
Hay quienes confunden libertad con hacer lo que a uno le viene en gana. No; en la libertad  humana es menester que conciencia y elección consciente estén presentes en el mismo acto. Si faltara alguno de estos dos ingredientes, no sería libertad humana. Van algunos ejemplos de libertad no humana, que compartimos con los animales.
Una arañita teje su tela. Le viene en gana tejerla; nada la fuerza, amenaza o coacciona. Mas  su acto no es libre; el animalito carece de opción para negarse o para fabricar una tela distinta, por ejemplo bordada o de otros colores. Tampoco posee conciencia de sí mismo.
Un pez hace lo que le viene en gana; se alimenta, nada, se aparea y desova donde y como corresponde a su especie, de acuerdo con una serie de “normas” o “instrucciones” grabadas en su interior que le dejan cierto margen de adaptabilidad. No importa si dicho “instructivo” le fue transmitido como instinto (mediante su ADN) o lo aprendió en su cardumen por convivencia; el animal sólo obedece al impulso y no tiene opción de inventar o diferir de su grupo.  
Un lince o un lobo buscan a otros de su especie para aparearse y formar una familia, ubican a ésta en una madriguera y cuidan de las crías.  No tienen amos, cultura, religiones ni gobernantes que les enseñen u obliguen. Eligen entre subir o bajar, caminar o correr, cazar o descansar. Además, siempre enfrentan las consecuencias de sus elecciones (características de la libertad y a la responsabilidad). Sin embargo, no son libres puesto que no tienen conciencia de sí mismos; sólo siguen a su instinto. Por supuesto que es más libre un ejemplar en su hábitat que otro en cautiverio e impedido para “cumplir con su destino” de lince o de lobo, entendiendo  “destino” como la esencia de su naturaleza de cuidar de sí y propagar la especie.
Todo lo descrito se da también en los humanos; pero trabajar como la arañita o formar y cuidar de una familia como el lince o el lobo, no necesariamente garantiza que una persona es libre. Pudo haber realizado lo anterior sintiéndose forzada u obedeciendo como autómata lo que le dictan el instinto, su familia o su cultura. Quizá a esa persona se le considere virtuosa y responsable, pero estos adjetivos no necesariamente significan que sus elecciones fueron y son tomadas desde la conciencia de sí misma; es decir, porque así lo quiere, de buen grado, a sabiendas que tiene opción de negarse a ser idéntica a como se le inculcó, deteniéndose a ponderar los pros y contras de los hechos en vistas a un objetivo, y sólo entonces decide adquirir o sostener un compromiso.
Muchos humanos no viven de buen grado su destino. Hablan de sí mismos como víctimas que aguantan algo que no desean soportar, se sienten hundidos, defraudados o con rabia. De aquí saco yo la conclusión de que somos menos libres de lo que creemos y que numerosas elecciones son tomadas por impulso y desde el inconsciente (no desde la conciencia) y a ese nivel permanecen.
Compartimos con los animales todos los niveles descritos de libertad, no así la conciencia y la capacidad para elegir conscientemente, éstas son la frontera más clara entre nosotros y ellos.
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lunes, 2 de mayo de 2016

LA TRANSFERENCIA



Más de un año en psicoterapia y me está pasando algo chistoso, a veces siento como atracción de novios por mi terapeuta. Yo tengo 27 y él es un hombre medianamente joven, muy preparado y consciente. Primero pensé en no acudir más, pero después me propuse enfrentar y entender lo que me pasaba. He estado a punto de confesarle mis sentimientos y no lo he hecho porque no quiero hacer el ridículo. ¿Qué sería lo correcto? Abandonar la terapia así nada más sería para mí como quedarme sin esa ilusión.
OPINIÓN
Dices que la psicoterapia se te ha convertido en una ilusión. La ilusiones son bonitas, ¿verdad? Hacen que nos sintamos contentos y con alegría, inclusive cuando nos apartan de algún objetivo previo. Con las ilusiones nos sucede como cuando encendemos la computadora para trabajar y nos sale en Facebook una novedad o una foto interesante: olvidamos el trabajo y nos divertimos. ¿Cuál era tu objetivo al acudir a psicoterapia, sentir bonito o lograr una transformación en ti? ¿Quieres seguir profundizando, o prefieres divertirte? Supondré que respondiste que profundizar y transformarte.
Bien. Es indudable que tienes sentimientos y que éstos nunca pueden ser calificados de buenos ni de malos.  Estás consciente de que existen. Los interpretas como “atracción de novios” y te preguntas si lo correcto es hablar de ellos. Pues sí, lo es. Necesitarás mantener tus ojos muy abiertos a la reacción de tu terapeuta y a la tuya; lo más probable es que juntos estudien dichos sentimientos para comprender algo de suma importancia para ti y, cuando lo logres, vuelvas a la serenidad. En caso contrario, si él te correspondiera, automáticamente se pondría fin al tratamiento: la psicoterapia es incompatible con intereses de otro tipo.
Tal vez ya has escuchado hablar sobre lo que los terapeutas llamamos “transferencia”; es decir, reactivar un programa que se vivió antes con una persona y revivirlo con otra. Podría ser tanto de amor como de odio y cualquier otro sentimiento. Sólo es revivir. No es nuevo, sino repetición. Cumple determinadas “funciones” como brindar otra oportunidad de solucionar lo que quedó pendiente, aclarar una confusión de sentimientos o… impedir que un sentimiento llegue a ser viable.
Confusión de sentimientos es cuando a toda una gama de ellos les aplicamos un solo nombre o interpretación. Por ejemplo: tenemos envidia, frustración, desencanto, añoranza o algún otro desagradable y pensamos: estoy enojado. Experimentamos simpatía, afecto, orgullo por un logro, afirmación del propio ser, afinidad, colaboración en una tarea, o algún otro que produzca una sensación agradable, y pensamos: me estoy enamorando. “Enojo” y “enamoramiento” serían generalizaciones que impedirían saber cuál es el sentimiento real. Basta con detenerse hasta encontrarle el nombre adecuado y el problema se ve con nueva luz.
Mucho más complejo que lo anterior es manejar los sentimientos de tal forma que nunca puedan ser viables. Usual en la adolescencia, sucede en cualquier edad; se enamoran de personas inalcanzables porque están casadas, presas, incapacitadas, viven en otra ciudad, pertenecen a un estrato social muy distinto, etc., etc., como la bella salmantina de “El seminarista de los ojos negros”, que amó a un muerto hasta su propia muerte y no tuvo necesidad de vérselas con un amado de carne y hueso, que le plantearía más retos que alguien que nunca está y no puede dar ni pedir nada. Lo mismo en sentido opuesto, odiar pero arreglárselas para no llegar al crimen ni a la venganza abiertos que tendrían graves consecuencias, externas e internas.
Te deseo éxito en tu investigación.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com ,  o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.