En mi trabajo hablo con mucha gente, luego llego a mi
casa y disfruto tener ese tiempo nada más para mí, y no es todo, he tenido
oportunidades y recibido sugerencias de compartir mi departamento, pero me
niego. ¿Por qué me gusta tanto estar sola?
OPINIÓN
Disfrutar uno consigo mismo es un logro. Un bebé y un
niño no pueden sobrellevarlo por tiempos prolongados; se asustan y angustian. Igual
muchas personas jóvenes y adultas, se desesperan, debido a que su propia compañía
les parece aburrida e incluso insoportable, de ahí que sientan urgencia de
buscar con quien hablar o, por lo menos, saber que alguien está ahí.
Poder uno estar solo consigo mismo requiere paz interior;
es decir, que se aceptan los defectos propios con el mismo amor que si fueran
cualidades y se convive con ellos sin hacer drama, porque no necesita alcanzar
nada ni demostrar nada. Se toma lo que es, como es. Vive para vivir, no para
conquistar, escalar o hacer grandes sacrificios en aras de algo. Sabe que si
toma un reto es sólo por el gusto de tenerlo.
La persona realmente feliz de estar sola ha desarrollado
en grado sumo dos características: creatividad para inventar sus ocupaciones y
fortaleza para resistir las intromisiones. Siempre está ocupada, pintando,
cosiendo, cocinando, cuidando sus plantas, leyendo, dando clases, viajando,
durmiendo, viendo cine, recibiendo a alguien, escribiendo cartas... y sus
ocupaciones no le pesan, puesto que son voluntarias. Además, posee recursos
para continuar siendo feliz cuando alguien que no la comprende le pregunta con
lástima: “¿En serio vives sola? ¿No te deprimes? ¿Puedo ayudarte en algo?”.
Vivir solo no es para todos. La soledad es mala consejera
cuando es soledad de carencia: querer y no poder tener a alguien consigo.
Sentir desasosiego y falta de paz cuando todos se marchan. Saber que no se
tienen vínculos profundos con nadie “porque no encuentra a nadie en quien
confiar”.
Esta soledad de carencia es aterradora y abre la puerta a
numerosos problemas. Puede predisponernos a pagar costos elevadísimos con tal
de tener compañía. Mucho se ha hablado de mujeres y hombres que prefieren
soportar a una pareja promiscua, violenta, siempre dormida o borracha con tal
de saber que la tienen. O que a la hora de sufrir un descalabro amoroso se
dejan caer hasta la casi inanición porque no pueden soportarlo, no encuentran
fuerzas para recoger los pedazos de su corazón roto y continuar viviendo, su
amor propio no les alcanza para tener motivos de vivir. O cuando los hijos se
van porque deben irse, los culpan de abandono y siempre que pueden los
califican de ingratos.
En cambio, la persona realmente feliz cuando está sola se
sabe rica, conectada y al servicio de sus semejantes. Rica en cosas materiales
y espirituales como conocimientos, habilidades, experiencias, etc. Conectada
porque dedica determinado tiempo y actividades a beneficiar a otros aunque
fuera sólo rezando o enviando bendiciones, porque los humanos tienen un espacio
en su corazón. La verdadera soledad es habitada; en cambio, el solitario
respira un vacío que le congela las ganas de reír. El solo por opción se
encuentra consigo en el silencio, el solitario porque no tuvo de otra se pierde
en la ansiedad y la desesperanza.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com
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