Mostrando entradas con la etiqueta DICHA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta DICHA. Mostrar todas las entradas

martes, 23 de diciembre de 2014

HERMOSA NAVIDAD


¿Puedes recordar cuál fue la Navidad más hermosa y feliz de tu vida?, ¿las emociones que sentías?, ¿con quiénes estabas?, ¿qué estuvieron haciendo? Una Navidad feliz es un bello recuerdo que puedes evocar y volver a experimentar. Nuestra parte consciente sí sabe distinguir entre realidades, recuerdos y fantasías, pero el inconsciente no; por lo tanto, si logras revivir aquella experiencia luminosa, vuelves a producir las deseadas endorfinas que causan las sensaciones de dicha.

Tal vez no hayas tenido una Navidad memorable; entonces, sería muy bueno que te inventaras una: a solas, imaginando detalles que nunca existieron como si hubieran sucedido, sacando de tu corazón los mejores sentimientos, expresándolos a las personas a quienes te habría gustado tener oportunidad de expresarlos, mirando la alegría que les ocasionan tus palabras y gestos, los rostros cariñosos y felices que corresponden a tu cariño, escuchando sus frases de buenos deseos, percibiendo la ternura con que se dirigen a ti, experimentando su amabilidad… Si lograras vivir mentalmente tu fantasía al grado que te emocionaras, tu cuerpo segregaría endorfinas y tu subconsciente almacenaría la experiencia con el mismo beneficio que si realmente hubiera sucedido. ¿Sabes que las personas con muchas endorfinas tienen mayor capacidad para ser felices y ver la vida de colores luminosos?

En la vida real, están por llegar Navidad y Año Nuevo, excelentes oportunidades para que te inventes unas fiestas increíblemente hermosas. Igual que en una fantasía, donde no es necesario que la gente quiera ser amable y feliz, también puedes decidir que por dos noches no existen en ti maldades, amarguras, resentimientos o rencores, ni tu felicidad depende de que otros te den permiso para experimentarla. Si determinas que las pasarás muy bien, así será, a condición de que te des permiso para ser libre; es decir, que en tus acciones y actitudes mandes y gobiernes tú, y a nada ni nadie le otorgues poder suficiente para que te saque de la trayectoria que decretaste.

Deseo para todos los lectores la alegría de tener una Navidad memorable por hermosa, y que el nuevo año que está por iniciar les traiga abundantes experiencias de dicha y satisfacción. Gracias por haber leído mis artículos durante el 2014, y gracias al Periódico a.m. por habernos puesto en contacto. Y en este 2015, no olviden comprar mi nuevo libro “El que se fue a la villa”, ya está a la venta en las librerías.

martes, 18 de febrero de 2014

DÍA DE REYES


Según la ilusión e inocencia de los niños, cuando los Reyes Magos se vienen acercando se les puede ver en el cinturón de Orión, montados sobre las estrellas Alnilam, Alnitak y Mintaka. Desde hace décadas, ¡qué digo, centurias!, en la Noche de Reyes, los pequeños en turno han mirado al cielo con la esperanza de un regalo celestial que la imaginación agrandaba  hasta que la alegría era insoportable; no podían esperar más, sólo durmiendo pasaría el tiempo velozmente, pero la excitación no ayudaba a que los ojos aceptaran cerrarse mientras los Magos apresuraban la marcha a fin de llegar a tiempo. ¡Inocencia e ilusión, fuentes de alegrías profundas!

¿En todas las edades? En todas. También los enamorados poseen inocencia e ilusión suficientes para soportar el adorado tormento de estar al acecho de la mirada, el beso o la entrega del amado o la amada. Y sin inocencia, o sin ilusión, es imposible vivir tanta dicha.

Y esa dicha ¿es verdadera, o falsa? Es tan verdadera que cada uno de nosotros podemos atestiguarla: nos estremecía, hubiéramos querido hacer lo que el Josué bíblico pero al revés: no detener al sol, sino empujarlo para que caminara más aprisa. Lo vivido, vivido está y aquellas alegrías no perecen, son experiencias; “lo comido y lo bailado nadie nos lo quita”. Pero después la mencionada dicha “demostró” ser falsa: el regalo no fue el esperado, o el amado resultó distinto del que teníamos en mente, porque la realidad jamás podrá competir con la imaginación. Quienes  tomaron el juguete o el amado con reverencia y ¡otra vez, imaginación! hicieron que uno pasara a transformarse de humilde carrito en cohete o ambulancia y el otro, el amado, en el ser más cotidiano y entrañable, y quienes no tuvieron reverencia ni imaginación, el choque con la realidad se convirtió en desencanto, quizá amargura. La primera dicha no era falsa, fue la segunda la que no llegó a concretarse.

¿Es bueno o malo tener inocencia e ilusión? Ni bueno ni malo, sólo bonito o feo. Niños o grandes que tienen  capacidad para alegrarse con ellas, a sabiendas de que sólo están en la imaginación, sonríen; en cambio, los que exigen que sus pensamientos sean reales, concretos y comprobables, rara vez lo hacen. Y aquí la paradoja: por aquello de la subjetividad, de que cada cabeza es un mundo, nadie puede estar seguro de que tal exigencia no es también ilusión; es decir, un producto de la mente; ni siquiera los ultra objetivos científicos están capacitados para hacer una descripción exacta de la realidad, de ahí que las afirmaciones de la ciencia se modifiquen con los años y los descubrimientos. Entonces, no cabe la pregunta acerca de si es bueno o malo vivir de ilusiones, puesto que nos está vedado desprendernos totalmente de ellas. Más bien tendríamos qué preguntarnos: ¿cómo son las  ilusiones que alimento?, ¿me hacen sentir bien y contento, o que me desgarran y llevan a sentir absurda la existencia? Porque hay de ilusiones a ilusiones, algunas nos inyectan entusiasmo, y otras, veneno. Hagamos votos para que en este 2014, todos engendremos ilusiones de las que hacen sonreír y tener alegría.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.