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lunes, 2 de mayo de 2016

LA TRANSFERENCIA



Más de un año en psicoterapia y me está pasando algo chistoso, a veces siento como atracción de novios por mi terapeuta. Yo tengo 27 y él es un hombre medianamente joven, muy preparado y consciente. Primero pensé en no acudir más, pero después me propuse enfrentar y entender lo que me pasaba. He estado a punto de confesarle mis sentimientos y no lo he hecho porque no quiero hacer el ridículo. ¿Qué sería lo correcto? Abandonar la terapia así nada más sería para mí como quedarme sin esa ilusión.
OPINIÓN
Dices que la psicoterapia se te ha convertido en una ilusión. La ilusiones son bonitas, ¿verdad? Hacen que nos sintamos contentos y con alegría, inclusive cuando nos apartan de algún objetivo previo. Con las ilusiones nos sucede como cuando encendemos la computadora para trabajar y nos sale en Facebook una novedad o una foto interesante: olvidamos el trabajo y nos divertimos. ¿Cuál era tu objetivo al acudir a psicoterapia, sentir bonito o lograr una transformación en ti? ¿Quieres seguir profundizando, o prefieres divertirte? Supondré que respondiste que profundizar y transformarte.
Bien. Es indudable que tienes sentimientos y que éstos nunca pueden ser calificados de buenos ni de malos.  Estás consciente de que existen. Los interpretas como “atracción de novios” y te preguntas si lo correcto es hablar de ellos. Pues sí, lo es. Necesitarás mantener tus ojos muy abiertos a la reacción de tu terapeuta y a la tuya; lo más probable es que juntos estudien dichos sentimientos para comprender algo de suma importancia para ti y, cuando lo logres, vuelvas a la serenidad. En caso contrario, si él te correspondiera, automáticamente se pondría fin al tratamiento: la psicoterapia es incompatible con intereses de otro tipo.
Tal vez ya has escuchado hablar sobre lo que los terapeutas llamamos “transferencia”; es decir, reactivar un programa que se vivió antes con una persona y revivirlo con otra. Podría ser tanto de amor como de odio y cualquier otro sentimiento. Sólo es revivir. No es nuevo, sino repetición. Cumple determinadas “funciones” como brindar otra oportunidad de solucionar lo que quedó pendiente, aclarar una confusión de sentimientos o… impedir que un sentimiento llegue a ser viable.
Confusión de sentimientos es cuando a toda una gama de ellos les aplicamos un solo nombre o interpretación. Por ejemplo: tenemos envidia, frustración, desencanto, añoranza o algún otro desagradable y pensamos: estoy enojado. Experimentamos simpatía, afecto, orgullo por un logro, afirmación del propio ser, afinidad, colaboración en una tarea, o algún otro que produzca una sensación agradable, y pensamos: me estoy enamorando. “Enojo” y “enamoramiento” serían generalizaciones que impedirían saber cuál es el sentimiento real. Basta con detenerse hasta encontrarle el nombre adecuado y el problema se ve con nueva luz.
Mucho más complejo que lo anterior es manejar los sentimientos de tal forma que nunca puedan ser viables. Usual en la adolescencia, sucede en cualquier edad; se enamoran de personas inalcanzables porque están casadas, presas, incapacitadas, viven en otra ciudad, pertenecen a un estrato social muy distinto, etc., etc., como la bella salmantina de “El seminarista de los ojos negros”, que amó a un muerto hasta su propia muerte y no tuvo necesidad de vérselas con un amado de carne y hueso, que le plantearía más retos que alguien que nunca está y no puede dar ni pedir nada. Lo mismo en sentido opuesto, odiar pero arreglárselas para no llegar al crimen ni a la venganza abiertos que tendrían graves consecuencias, externas e internas.
Te deseo éxito en tu investigación.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com ,  o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

lunes, 27 de octubre de 2014

ABUSO SEXUAL


En caso de abuso ¿cómo se puede apoyar a la víctima y a su familia? Ella tiene 9 años y él 20, es un vecino amigo de la familia. La mamá, que es amiga mía, los descubrió y posiblemente evitó algo más grave, al muchacho lo corrió de su casa, a la niña la golpeó y la tiene castigada sin salir. La mamá dice que cada vez que se acuerda le da tanto coraje y desesperación que no sabe de qué es capaz. Todavía no se lo ha contado al papá, piensa que él se va a enojar todavía más y quién sabe qué vaya a hacer. Escuchándola se me contagió su angustia. ¿Puedo ayudar?, ¿cómo?

OPINIÓN

Generalmente, a una madre le duelen más los eventos de sus hijos que los de ella misma. Es posible que para tu amiga éste haya sido un suceso traumático; es decir, que rebasa, al menos temporalmente, su capacidad para permanecer entera, dueña de sí misma y tomando decisiones eficaces. Sin embargo, sigue siendo la madre; a ella y al padre corresponde proteger a la hija, y no podrán hacerlo adecuadamente si se encuentran alterados.

Tú deseas ayudar y refieres que se te contagió la angustia de la madre. Esa angustia no ayuda; también tú necesitas estar “cuerda” y distinguir con claridad cuál es el objetivo a seguir: encontrar cómo la niña puede permanecer sana. Y cómo la familia puede seguir funcionando como familia sana, digna, amorosa y protectora, a pesar de lo ocurrido. Dicho en otras palabras, si este evento es un trauma, se asemeja a sufrir un accidente del que se sale malherido, y lo que sigue es comenzar la curación y luego la rehabilitación, de manera que el o los accidentados vuelvan a estar lo más sanos posible, de preferencia como antes del accidente. Éste sería el objetivo para todos.

El método: De antemano te digo que se necesita ayuda profesional, esto no debe ser pasado por alto. Mientras tanto, y aquí puedes ayudar, tú y cada uno de los miembros de la familia deben saber con exactitud dónde tienen puesta su mirada y con cuál actitud, amorosa o justiciera. La actitud amorosa acoge, acepta, arropa y busca preservar el bien, cualquier cantidad de bien que se pueda salvar; en cambio, la justiciera rechaza, condena y se enfoca en aislar y destruir el mal. Cualquiera de estas dos actitudes pueden ser aplicadas a la víctima, y los resultados serían diametralmente opuestos: con la amorosa, la niña puede asimilar y superar la experiencia vivida, y en el futuro ser una mujer sana; con la justiciera va a sentirse culpable, marcada, estropeada, víctima… y en el futuro ser una mujer avergonzada y resentida.

Tú puedes ayudar, si logras lo siguiente: 1) escuchar a la madre sin perder tu serenidad, sin engancharte en su angustia, sin dejarte dominar por la curiosidad, y sin que disminuya tu aprecio y respeto por todos los miembros de la familia. 2) Recordar continuamente, en tu interior y exterior, que los padres de la niña son los encargados de ella y su bienestar. Por ejemplo, responder sin dar consejos: “Comprendo, te duele, eres su madre y ella siempre será tu hija. Tu amor te hará encontrar la mejor manera de ayudarla”. 3) Insistir en que busquen ayuda profesional, pero si no te hicieran caso, ser capaz de retirarte y no intentar nada; la responsabilidad pertenece exclusivamente a los padres, y los “agregados” tarde o temprano cometen alguna equivocación.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

 

 

 

martes, 16 de octubre de 2012

LA MEDITACIÓN


Muchos recomiendan la meditación, ¿por qué es importante?, yo nunca he podido hacerla, dejar la mente en blanco no se me da, me distraigo pensando en lo que tengo qué hacer o lo que me preocupa. ¿Puede hablar algo sobre ella?

RESPUESTA

La meditación es una técnica muy antigua que consiste, esencialmente, en cerrar los ojos al mundo exterior y centrarlos en el interior, de manera que la respiración se acompasa y profundiza y el cuerpo se relaja.

Meditar es un regalo que te haces a ti mismo. Puede evitar que te sumerjas en una estampida frenética en la que ya nadie sabe por qué corre, de qué huye o hacia dónde va. Precisamente cuando estás muy estresado u ocupado, será excelente para ti que detengas tu carrera y te ocupes en centrarte.

Muchas personas creen que es muy difícil meditar, pero no es así; sólo se requiere decidir hacerlo y dedicarle unos minutos al día.  Luchar por poner la mente en blanco es sólo una de las muchísimas técnicas que existen: centrando la atención en algo: la respiración, los pensamientos, un objeto como la luz de una vela o una flor, un mantra (palabra o jaculatoria), un texto sagrado, un rezo repetitivo, una imagen mental, un propósito, deseo, visión, una parte del cuerpo, etc., etc. Lo importante es detenerse y “mirar”.

Para ti, quizá sea una buena idea centrarte en lo que te preocupa. Olvidas lo de poner tu mente en blanco y te dices: “Ahora me concentro en este asunto y lo miro con amor”. Respiras, y mientras el aire entra y sale de tus pulmones, formas una imagen (visual) del tema. No la juzgas ni la presionas para que aparezca, tu mente la creará y tú sólo das permiso para que se forme libremente.

La meditación es utilizada para lograr diversos objetivos. Es mejor tener uno. Por ejemplo, entrar en contacto consciente con la divinidad, la propia mente, el cuerpo, la sabiduría interior, la paz, la salud, la solución para problemas, soltar algo que obstaculiza el propio bienestar, como rencores, preocupaciones, obsesiones, contracturas musculares, etc.

Digamos que tu objetivo es encontrar una solución a lo que te preocupa. Ya con la imagen que formó tu mente, esperas a mirar qué ocurre con ella. Voy a inventar que dicha imagen fue un caballo con muchos lazos al cuello que no lo dejan caminar, unos tiran hacia adelante y otros hacia atrás. No es necesario que una imagen sea tan compleja, puede ser una simple hormiga cargando su hoja, o que te vas de viaje y estás abordando el avión. Como dije antes, no juzgas las imágenes ni piensas que son distracciones, sino que te detienes a mirarlas, especialmente a una. Te cercioras que tu respiración está acompasada y continúas observando pasivamente qué ocurre. Quizá sientas la inspiración de hacer algo, como por ejemplo, quitar un lazo del cuello del animal; lo haces y esperas a observar qué pasa, mientras te vuelves a cerciorar que tu respiración continúa pausada y profunda. Cuando, por los cambios realizados, sientes que la imagen está como tú la deseas, es tiempo de terminar la meditación. Éste es un ejemplo de una bastante larga; es decir, que requiere buen tiempo de concentración. Hay otras que son muy cortas.

Una meditación corta sería hacer algunas inhalaciones profundas, cerrar los ojos, localizar cualquier tensión en el cuerpo y centrarte en disolverla. Al inhalar, dices para ti: “Te amo y te apruebo”. Y al exhalar: “Con amor todo se puede mejorar”. Esto lo repites cada vez que te acuerdas, hasta que sientes que la tensión te abandona y tu ser se armoniza.

Los anteriores han sido sólo ejemplos, pero tu mente puede enseñarte muchas otras formas, si decides concentrarte en contactar con ella, escucharla, mirar o sentir lo que te comunica.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com o al teléfono 7 63 47 28