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lunes, 1 de enero de 2018

ALFALFA PARA LOS CAMELLOS



¡Bienvenido 2018! Ahora llegan los Reyes Magos y los niños ponen su zapato, algunos dejan alimento  para los camellos. Los muy pequeños, que todavía no desarrollan juicio crítico, hacen lo que se les indica sin plantear problemas, pero los mayorcitos preguntan si en verdad los camellos comen alfalfa, cómo hacen para entrar en la casa siendo tan grandes, de dónde sacan tantos juguetes e infinidad de preguntas.

Este artículo utiliza la tradición de los Reyes Magos para explicar a una mamá que me llamó angustiada queriendo saber qué es la psicosis, si su hijo está psicótico, cuáles podrían ser las causas y el mejor tratamiento.

La psicosis consiste en tener pensamientos, creencias y conductas excesivamente extraños y distintos a los que acostumbran tener las personas de determinado medio ambiente, y éstas concluyen que el psicótico no está en contacto con la realidad. Por ejemplo, en algunas tribus no es malo presentarse desnudos a trabajar, pero en la nuestra nos llevaría al manicomio. 

La psicosis es más que “jugar” a ser Napoleón o algún personaje; el sujeto  cree, piensa y se comporta como si sus engaños fueran reales. Parecido pero no igual a sentirse y comportarse como un Rey Mago o Santa Claus, comprar alfalfa para los camellos, dejar juguetes en la noche y abrazar a los niños por la mañana. La diferencia está en que muchos adultos humanos hacen lo mismo y tienen consciencia de que es un engaño pasajero.

Es sabido que los humanos intentamos continuamente encontrar explicaciones a lo que no entendemos; la psicosis, por ejemplo, y según la explicación, varía lo que se considera un tratamiento adecuado. Mencionaré unas pocas interpretaciones y sus tratamientos.

Para un médico, el organismo lo explica todo: el psicótico tiene alguna avería en su sistema nervioso, tal vez hiper o hipo actividad en alguna zona del cerebro, o le faltan o sobran determinadas sustancias. El tratamiento va dirigido al cuerpo: medicamentos, cirugías o algún tipo de manipulación de las circunstancias del organismo.

Para un estudioso de la mente y la conducta, el psicótico tiene “programaciones virus” (traumas y confusiones) que obstaculizan el buen funcionamiento de su mente. Si un hombre de 40 años abriera boquetes en los muros de la casa para que pasaran los camellos de los Reyes, su creencia sería normal y sana a los 4 años, pero no a los 40; algo obstaculiza la actualización de su mente. El tratamiento consistiría en localizar y neutralizar los “virus” para que ésta pueda funcionar bien. 

Para quienes creen en entidades, espíritus y mundos paralelos, el psicótico posee el “don” de ir y venir entre los mundos y recibir revelaciones en sus viajes. También puede “hospedar” a entes invasivos que son susceptibles a ser exorcizados. Incluso podría él ser un espíritu privilegiado que está siendo preparado para grandes contribuciones a su familia o la humanidad. No se consideraría necesario un tratamiento, sino enseñarle a abrir y cerrar oportunamente su tercer ojo (o tercer oído o el sentido que sea) y ayudarle que encuentre su lugar como servidor de la humanidad.

En Constelaciones Familiares, un psicótico está restituyendo su lugar a un excluido de la familia que no fue debidamente honrado, y repite el destino de éste dando una nueva oportunidad al sistema familiar de mirar con amor a sus miembros, sean o fueran estos muy distintos a lo que ordena la conciencia moral del sistema. Mientras la familia persista en abominar y no ver lo que acostumbra excluir, la sombra de la psicosis seguirá siendo necesaria dentro de su sistema. El tratamiento sería mirar con amor tanto al miembro presente como al excluido, honrar sus destinos, tomarlos como miembros amados de la familia, y agradecerles el sacrificio que hacen por ella, hasta que éste ya no sea necesario.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Psic-Ma-Dolores-Hernandez-Gonzalez


domingo, 26 de julio de 2015

ESPIRITISMO VS. CONSTELACIONES FAMILIARES



¿Qué tan cierto es que en las Constelaciones Familiares se practica el espiritismo y se invoca a los muertos?
RESPUESTA
Falso, rotundamente falso.  Una versión así debe provenir de alguien que nunca ha estado en una Constelación o si estuvo, se le escapó la esencia de lo que ahí sucede.
En una sesión espiritista, una persona llamada “médium”, un consultante y otras personas, forman un círculo para entre todas llamar a un ser querido difunto, quien supuestamente se hace presente mediante ruidos, luces, movimientos, cambios en la voz del médium… Entonces, el interesado en llamar a ese ser le hace preguntas, que éste “responde”. Tal o similar es la creencia de quienes practican el espiritismo.
En una Constelación Familiar no se llama a los muertos. Se trata de mirar las dinámicas de relación existentes dentro de un grupo, las cuales generalmente van asociadas con imágenes mentales que el consultante tiene dentro de su mente, relativas a sí mismo y a los miembros de su familia, vivos o muertos. Entonces se utilizan personas o figuras para representar dichas imágenes y ver cómo interactúan entre ellas. Subrayo la palabra “imágenes”.
Una imagen no es la cosa en sí. Cuando me miro en el espejo y veo mi imagen, puedo tener información acerca de mí, pero no significa que ahora existen dos “yo” ni que pararme junto a una superficie reflejante sea una invocación a mi alma, espíritu o como quiera llamarlo. Igual, si le pido a alguien que me represente en una constelación, es para que yo pueda permanecer sentada mirando lo que ese alguien me muestra de mí. Y si representa a algún miembro de mi familia; puedo observar con toda claridad si tengo armonía con esa persona o “no la puedo ver”.
De la misma manera que Freud consideró que los recuerdos reprimidos ocasionan enfermedades, dentro de la teoría de Constelaciones Familiares se afirma que la exclusión de un miembro de la familia, por justificada que parezca (personalidad repulsiva, crímenes, cárcel, adicciones, ofensas graves a la unidad familiar, etc., etc.) ocasiona enfermedades físicas y mentales en los demás miembros, especialmente en los más jóvenes. Entonces, se pregunta al consultante si en su familia hay excluidos y en caso afirmativo, se asigna un representante para el ausente, se le coloca en el lugar que es el suyo, se le reconoce y devuelve su responsabilidad, luego, se da tiempo y apoyo para que el alma del consultante pueda reconciliarse con los hechos, por dolorosos que hayan sido, y los deje en la persona, tiempo y lugar les corresponde; opuesto a llevar cargando responsabilidades que no le tocan (como cuando un hijo “debe” vengar la muerte de su padre o abuelo, o un hermano “debe” sustituir a un hermano muerto, etc.).
¿Y qué pasa si dicho pariente ya murió? Se le honra como miembro de la familia inclinándose ante el representante, de manera que el alma del consultante comprenda que eso no es suyo y quede libre de mandatos, odios, resentimientos e injusticias que se hayan cometido en su sistema familiar. Así, podrá vivir su propia vida, sin cargas del pasado. He descrito uno de los muchos casos en que se usa un representante para un muerto. Queda claro que es muy distinto recordarlo y honrarlo, que supuestamente obligarlo a venir para que toque campanitas o apague velas.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.