Mi esposo se
jubiló hace casi un año, ahora pasa más tiempo en casa, pero no puedo decir
que conmigo. Me gustaría
saber si puedo hacer algo por él, también por mí. Tiene 67 y yo 59; nunca había
sentido tanto la diferencia de edades, es como si él trajera un muerto cargando
y yo tuviera que ayudarle, está retraído, nada lo satisface, ni siquiera cuando
vienen los hijos con los nietos se alegra, luego que se van se encierra en la
recámara y dice que lo cansan demasiado con su bulla, siento como si me mirara
con rencor, como si yo tuviera la culpa de lo que le pasa. Yo qué más quisiera
que poder hacer algo en su favor, quitarle los pesos, también yo me estoy
aislando de mis amistades para acompañarlo.
OPINIÓN
Cada etapa
tiene sus propios retos, ¿verdad?, y la tercera edad se caracteriza por el
cumplimiento de todas las fantasías y realidades de edades anteriores.
Es el tiempo de la cosecha de todo, bueno o malo. Luego, con dicha
cosecha, de entregar un legado a las generaciones siguientes: la propia
experiencia, conocimientos y conclusiones que se han obtenido por vivir una
larga vida. No significa que terminaron las oportunidades de aprender y crecer;
éstas perduran hasta el momento mismo en que abandonamos el planeta; siempre
podemos seguir enriqueciendo nuestro legado. Lo que logremos ser y vivir, eso
será lo que regalemos a nuestra descendencia, aparte de las cosas materiales
que podamos dejarles. Viviremos en ellos tan felices o infelices como pudimos
ser en nuestra vida, hasta que cada descendiente invente algo y lo aporte a su
propio legado para los que le siguen.
Dices que tu
esposo está retraído y cansado, y que a veces crees que te mira con rencor.
¿Tienes idea de cuáles fantasías subyacen en esto? Tuyas y de él. Se me ocurre
una: que tú debes ser la fuente de la eterna juventud para los dos. ¿Es posible
realizarla? Posiblemente, no, puesto que no existe la eterna juventud, sino el
recorrido por las diversas etapas de la vida.
Influenciados
por pensamientos materialistas de moda, podemos creer que solamente los
treintones y cuarentones tienen oportunidad de ser activos y felices, o que la
vida tiene sentido exclusivamente realizando lo que es propio de esas edades:
conquistar una pareja, trabajar por una remuneración económica, tener hijos y
cuidarlos y cosas relacionadas con ello. Nuestra cultura casi nos obliga a
creer que esto es verdad cuando nos dice (o decimos): Eres demasiado joven para… o
demasiado viejo para…
Más
perniciosas aún son las fantasías en las que solamente la infancia o la
adolescencia merecen ser vividas y la persona imagina que su estado ideal sería
permanecer protegida y atendida por un “papito” o una “mamita” sustitutos que
le laven la ropa, la alimenten, le proporcionen un sitio para vivir, tomen
decisiones por ella… y no necesite hacerse responsable de sus actos. Y cuando
llega a la adultez o a la tercera edad, siente que la vida le debe, pues no le
ha proporcionado la seguridad que, en su fantasía, le era debida.
Con
frecuencia, las crisis como la que refieres son un detonador para que las
personas de la tercera edad caigan en la cuenta de que necesitan un segundo
proyecto de vida, puesto que el primero ha sido cumplido. Y este segundo
proyecto es mucho más amplio y generoso: abarca varias generaciones y, además,
la necesidad de trascender e incluir al espíritu en sus vidas.
Te recomiendo
buscar ayuda profesional para los dos y hacer una Constelación Familiar que les
permita mirar y asumir el importantísimo y trascendental lugar que ocupan en su familia.
“Psicología”
es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o
sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.
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