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martes, 4 de marzo de 2014

AGRADECIMIENTO



El agradecimiento es una actitud ante la vida. El agradecido encuentra hermosura a su paso; el no agradecido, defectos. La diferencia entre uno y otro reside en hacia dónde dirigen la mirada: a lo que poseen o a lo que les falta; a la belleza o a la fealdad. Y ambos tienen razón, la vida tiene de todo; pero es enorme la distancia entre las maneras como viven. El primero va de sorpresa en sorpresa, de reto en reto; el segundo de tristeza en tristeza, de dificultad en dificultad. No es lo mismo pensar que un problema que se presenta constituye una oportunidad para ejercitar las propias cualidades, que interpretarlo como una desdicha más de toda una serie.

Es sabido que las personas poseemos constantemente un 90% de nuestros asuntos y circunstancias bien y en orden, y el 10% restante necesita adaptaciones inteligentes. Si la persona en cuestión puede abarcar con su mirada todo lo que tiene de bueno, se apresta alegremente a la tarea en turno, pensando: cuento con la vida y con mi cuerpo, inteligencia, afectividad, espiritualidad, familia, trabajo, sueldo, seguro, amigos, etc., etc., y este problema también pasará; puedo solucionarlo y lo solucionaré, o puedo soportarlo y lo soportaré. Entonces su alegría permanece, no obstante el esfuerzo requerido para lograr buenos resultados. Por el contario, si la persona se enfrenta a la vida sin contar con nada de lo ya que posee, porque no mira hacia su 90% que está sano y en orden, se experimentará débil y con una sensación anticipada de derrota e impotencia; lo más probable es que el asunto la supere y pierda algo de lo que era suyo: la salud, la alegría, relaciones, bienes materiales…

Podemos saber si somos agradecidos observando nuestras conversaciones: ¿solemos dedicar más tiempo a hablar de cosas que dan miedo, como enfermedades y circunstancias que las producen, amenazas de pérdida, peligros, o mala voluntad de las personas e instituciones? Posiblemente tengamos razón en lo que decimos, porque no estamos locos ni exagerando, pero seremos de los que se fijan en “el prietito” y no miran el arroz. ¿Hablamos sobre que la vida nunca es perfecta? Es cierto que no lo es, pero subrayándolo podemos convertirnos en personas para quienes “nada es suficiente”. ¿Comentamos lo terrible que es tener que morir? Es verdad, no nos gusta la idea, pero antes de que nos llegue la hora tenemos tiempo para vivir, y no es inteligente arruinar la vida con el susto por la muerte. ¿Decimos que no queremos cosas buenas para no acostumbrarnos a ellas, porque luego las echaremos en falta? Lo más probable es que sí, las vamos a extrañar si las perdemos, pero mientras tanto no nos permitimos disfrutarlas y decir: “Lo comido y lo bailado nadie me lo quita”. ¿Nuestra mayor preocupación es haber cometido errores o pecados, hablemos o no de ellos? Podríamos agradecer a la Vida que nos sostuvo para cometerlos, y también  que nos permite reconocerlos como tales; peor sería empecinarnos en el error. Nuestras equivocaciones son oportunidades para pasar a un nivel espiritual que nos capacita para agradecer la adversidad, el pecado y el defecto y convertirlos en sabiduría. El agradecimiento es fuente alegría y de paz.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

 

 

 

lunes, 11 de marzo de 2013

AGRADECER LOS PECADOS


Leo cada semana su columna y la felicito por sus contenidos. También la vi en una entrevista por televisión y entendí que usted dijo que hay que agradecerle a Dios todo, también los pecados. El entrevistador  le preguntó: ¿pecados piadosos?, y usted contestó: No, me refiero a pecados verdaderos.  La verdad me es oscuro el sentido, ¿cómo una ofensa a Dios puede agradecérsele a Él mismo? Si fuera tan amable de explicar esta idea, le quedaré muy agradecido.

RESPUESTA

Gracias por tu correo, tu felicitación y tu pregunta. El concepto de agradecer algo que consideramos malo es complejo y necesitaré dar un rodeo, porque presupone varias visiones o premisas:

1) Que las personas actuamos con la intención de lograr algo bueno, aunque a veces el resultado no lo sea;

2) Que crecemos a través de retos, contrariedades y errores y son éstos los que nos proporcionan la oportunidad de dejar de ser robots programados que actúan como la educación y la cultura prescriben;

3) Que la duración de la vida humana exige encontrar la manera de vivir bien dentro de un mundo que contiene tanto el bien como el mal, ya que no nos es dado cambiarlo totalmente ni esperar otro mejor, durante el breve lapso que estamos en él;

4) Que solamente en el movimiento del Espíritu se da la reconciliación de los opuestos que llega a la unidad, y en esta unidad podemos amar a la vida tal como es y vivir en el amor.

Cada una de las visiones anteriores son complejas de por sí; sería pretencioso querer explicarlas en este corto espacio. Y bastaría con que una sola nos pareciera falsa, para que nos resultara imposible pensar en agradecer a Dios los pecados.

¿Qué estoy entendiendo por pecado? De acuerdo con las visiones expuestas, un pecado sería una acción hecha con la intención de lograr algo bueno y no lo logra, porque ocasiona daño en lugar de dar vida. ¿Cuándo se realiza esta acción? Frente a un reto, contrariedad, frustración o malestar que obliga a cuestionar si los contenidos inculcados son útiles en la realidad que se está viviendo; entonces la persona, en un acto de libre albedrío, se permite contrariarlos y actuar distinto; es decir, ejercita su libertad. Esto sucede dentro de un mundo accidentado y en perpetuo cambio; puede suceder que la elección resulte desastrosa. Quisiéramos que el mundo estuviera tan ordenado que nunca nos viéramos en tal situación de tener que elegir con riesgo a provocar un desastre; es decir, preferiríamos saber de antemano qué hacer o tener cerca a alguien que nos dirija; por esto se dice que tenemos miedo a ser libres. Subiendo al nivel del Espíritu, creemos que Éste nos dio la libertad y quiere que la ejercitemos, ¿será verdad?, ¿estará Él de acuerdo en que tomemos decisiones aun con el riesgo de equivocarnos?, ¿o pretende evitarnos el error para que siempre hagamos lo correcto?

La libertad presupone la posibilidad de cometer errores. El actuar siempre correctamente de acuerdo a un código preestablecido, sin oportunidad para equivocarse, nos convertiría en robots con la inteligencia de un programa inteligente de computación que corrige la ortografía, pone acentos y comas, pero no tiene capacidad para redactar un texto o alterar los contenidos;  o en intérpretes con o sin sentimiento de una canción ya escrita cuya letra no admite modificaciones.  Creo que ahora podemos redactar una nueva pregunta: ¿Queremos agradecer a Dios nuestra libertad, con la que a veces nos sentimos tan mal?

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

 

 

 

 

 

lunes, 27 de junio de 2011

KARMA

He leído como siempre sus artículos, el único día de la semana que compro el a.m. es el martes, y sólo por leerlos. Tengo un comentario que hacerle acerca de la grandeza de Dios, de la vida: Ud. dijo que cuando se está en paz con Dios y se aceptan sus designios tenemos paz interior, independientemente de la felicidad y/o la tranquilidad. Es obvio que DEBE EXISTIR DIOS.
Estos dos últimos años han sido una losa pesada y ya una vez dije que estaba harto, pero lo vivido me ha servido mucho para conocer a Dios, desde primero blasfemar hasta llegar a reconocer su grandeza, arrepentirme, pedirle perdón y saber que lo más importante en esta vida es conocerlo y sobre todo amarlo, independiente de si lo "estudiamos". Tanto tiempo batallando por salir adelante en la vida y en diversos problemotas INJUSTOS, tanto que le meto potencia a las cosas y de todos modos no salen... ya hasta me estoy haciendo paranoico o he llegado a pensar que a lo mejor estoy pagando un karma... pero no sé qué karma o cual. Tal vez un pendiente de otra vida. No sé si me pueda Ud. hacer algún comentario al respecto, el cual le agradeceré.
RESPUESTA
Gracias por leer esta columna, tus reconfortantes palabras y el comentario. Me alegro por ti de que hayas pasado de “estar harto” a reconocer la grandeza divina y que lo más importante es conocer y amar a Dios. Dice un refrán: “Pelearse con todos, menos con la cocinera”, y significa que es importante la armonía con aquello que es la fuente que nos surte de lo que necesitamos; para algunos puede llamarse Dios; para otros, espíritu, universo, alma, caudal interior, propio potencial, etc. Importa menos el nombre que el reconocimiento de que existe un manantial, con el cual debemos mantener buena relación o saldríamos perdiendo.
Ya que estás en camino y llevas recorrido un buen trecho, puedes dar un siguiente paso. Actualmente te encuentras mirando tu gran esfuerzo en resolver “problemotas injustos” y dudando si a lo mejor estás “pagando un karma”, que no sabes cuál es. Este siguiente paso consistiría en modificar el punto hacia dónde diriges tu mirada. La mirada nos conduce, nos marca el rumbo. En lugar de orientarla al pasado, podrías enfocarla en el presente; en lugar de a la justicia o injusticia, enderezarla hacia el reto y la oportunidad.
Es cierto que el pasado contiene explicaciones de lo que ocurre en el presente, pero son sólo eso, explicaciones, no mueven a la acción. Es distinto ocupar la mente en investigar el porqué de algo, que en descubrir una solución. Podemos decir: “Sé que la causa de mis males fueron mis padres, maestros, amigos, circunstancias, un karma…”, y con ello sentirnos justificados para echarles la culpa, sentirnos impotentes y permanecer en la situación.
Respecto a la justicia o injusticia, podemos pensar: “Estoy siendo víctima, porque no es justo que yo tenga estos problemas”, o: “Es la justicia del karma, quién sabe qué deberé y tengo que pagar”. Tales pensamientos nos distraen de lo principal: vivir en plenitud, lo mejor que podamos, sean cuales fueren nuestras circunstancias. Cuando enderezamos nuestra mente hacia el reto y la oportunidad, pensamos: “Estas dificultades me hacen crecer y evolucionar”, o: “Si debo un karma, agradezco la oportunidad de pagar y haré que me resulte provechoso”.
Ya te hice el comentario que pediste, ojalá sea de tu agrado. Te deseo plenitud de vida y salud.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com o al teléfono 7 63 47 28

lunes, 30 de mayo de 2011

HABILIDAD EMOCIONAL

Estoy atravesando una situación difícil con mi ex-novio. Tuvimos una relación muy hermosa, intensa y llena de experiencias. Hace cinco meses que decidí terminar él y ha sido un ir y venir. Por primera vez me había visualizado con una persona, habíamos comenzado a crear proyectos, metas, sueños juntos, y de repente, un día las cosas ya no son como antes...
El tiempo que estuvimos separados valoré mucho la relación y a él, y ahora que yo me siento preparada, con ganas de luchar por conservarlos, él decidió no continuar más, tomó esa decisión la semana pasada, pero igual un par de días antes había decidido luchar, es decir, cambia de opinión constantemente y me desconcierta por completo. Mi pregunta es ¿cómo puedo saber lo que él en verdad quiere? Un día me dice algo y otro me lo cambia. ¿Me haría bien algún tipo de terapia, que me haga menos duro el proceso?
RESPUESTA
Te duele lo que estás viviendo. No es el fin del mundo, pero como si lo fuera; lastima profundamente hacer planes y verlos desmoronarse, sobre todo cuando llevarlos a cabo no depende sólo de tu decisión, sino que es necesaria otra persona. Te es difícil comprender que él cambie de opinión, que diga sí, luego no, otra vez sí y de nuevo no. En casos como el tuyo, puede una desear tanto el sí, que se ve tentada a promoverlo, a convencer al otro y decirle algo como: “Date cuenta de que es posible, que esta relación es buena y conmigo mejor que con nadie, yo te convengo”.
Sin embargo, tú dudaste primero. Hace cinco meses que terminaste la relación. No creo que haya sido capricho, debieron motivarte razones de peso. Luego descubriste que se debe luchar, poner algo de tu parte. Eso ya fue un aprendizaje valioso que sólo se obtiene viviéndolo. Pero él no está seguro y prefiere posponer la oportunidad. Sería imposible e indeseable que lo forzaras. Necesitan espacio, distancia, para que cada uno sepa con exactitud qué desea y calibre las propias capacidades. Tú no puedes hacer por él aquello que le corresponde: saber lo que quiere. Le toca. Es su responsabilidad. Si él permitiera que te tomaras la atribución de decidir en su lugar, algo habrían perdido ambos para siempre y llevarías sobre tus espaldas toda la carga de la relación. ¿Has conocido a personas, hombres o mujeres, que estando en pareja, sólo ellas parecen aportar algo?
Dices bien cuando preguntas si una terapia haría menos duro el proceso. Pienso que sí, por la posibilidad de hablarlo. Aprenderías el doble. Quizá decidas tomarla y sacar mayor provecho de este reto que la vida te presenta: manejar adecuadamente emociones que, por su magnitud, ofrecen un mayor grado de dificultad. Pasaste a otro nivel. Similar a cuando uno aprendió a conducir un auto en el campo o en calles solitarias y un día debe meterse al tráfico. Hace lo mismo que ya sabe: llevar el volante, cambiar velocidades y frenar, pero además, tiene que poner atención a los otros autos, ciclistas, motociclistas, peatones, semáforos, glorietas y cruces de calles. Algunas personas dicen: “No puedo”, y otras, aun con temor, insisten y pasado el tiempo conducen tranquilamente, porque ya adquirieron la habilidad.
Te deseo que aproveches satisfactoriamente esta oportunidad de ampliar tu inteligencia emocional.