Mostrando entradas con la etiqueta doble vinculo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta doble vinculo. Mostrar todas las entradas

lunes, 5 de junio de 2017

miércoles, 10 de mayo de 2017

lunes, 22 de agosto de 2016

AMBICIOSOS Y CONFORMISTAS



El tema de hoy está inspirado en las proezas de las Olimpíadas y en aquellos educadores que tienen como lema para sus educandos “te preparo para ser el mejor”.
Es difícil pensar en algo más fuerte y absorbente para un niño o joven que aceptar la obligación de obtener medallas de oro o dieces de calificación, pero nada menos. Plata o bronce no bastan. Nueve, ocho o siete, tampoco. En la tele se vieron lágrimas de deportistas que aspiraban a obtener medalla de oro y debieron “conformarse” con la de plata. Estoy segura que no vimos muchas más lágrimas y decepciones de otros competidores que ni siquiera estuvieron en pantalla. La similitud me hizo recordar las numerosas ocasiones en que México ha participado en campeonatos y no regresa convertido en campeón. La gente comenta decepcionada: “Como siempre, ya merito”.
Si miramos con atención, para alguien que acepta el reto de “ser el mejor” nada es suficiente, puesto que el actual campeón mundial de cualquier disciplina va a ser derrotado por el próximo campeón mundial  y éste por el que le sigue, ¿y luego? ¿Qué sucederá con su persona cuando ya no sea el mejor? ¿Encontrará otro campo en el que vuelva a serlo? ¿Cómo juzgará su propia vida si nunca regresa a ser número uno? ¿Cuáles serán sus actitudes en el caso de que sí regrese?
Continuaré con el tema como si no sospechara que es un tema tabú; nuestra cultura descansa sobre él y otros igualmente intocables. Anticipo a los lectores que lo considero un caso de “doble vínculo”, término técnico que significa situación esquizofrenizante o generadora de locura.
Deslumbra contemplar los grandes logros de esta época en todos los campos: deportivos, científicos, tecnológicos, artísticos, de acumulación de riqueza, de calidad de vida, etc. Mirándolos, uno no puede menos que volverse hacia sí mismo y su medio ambiente, comparar y ambicionar, parecido a cuando vemos que el vecino compró un gran auto de lujo e interiormente desearíamos hacer lo mismo.
He aquí los mandatos que nos endilga nuestra cultura y que yo considero “doble vínculo”. Por un lado, predica la inmoralidad de que unos posean mucho y otros nada o casi nada; y por otro, nos desprecia si somos de los que no poseen, llamándonos conformistas y otros epítetos más desagradables, como si dijera: “debes ser de los mejores. Los mejores son malos o están mal”.
El resultado de este doble mensaje yuxtapuesto es la culpabilidad. Culpabilidad si somos de los afortunados que tienen lo que otros no pueden alcanzar y más culpabilidad aún si nos negamos a renunciar a nuestros privilegios a fin de combatir la pobreza, la ignorancia o cualquier otro tipo de carencias; pero también culpabilidad y otros adjetivos como baja autoestima si fracasamos en “ser el mejor”; es decir, si no conseguimos medallas de oro o campeonatos, no hacemos grandes descubrimientos científicos, no creamos tecnología avanzada ni obras de arte mundialmente famosas, no poseemos acciones de las compañías trasnacionales, no hemos dado la vuelta al mundo y visitado hoteles y restaurantes de cinco estrellas, etc., etc., sino que, por el contrario, nuestra calidad de vida es en muchos puntos deficiente, comparada con la abundancia que admiramos y despreciamos a un tiempo.
¿Por qué escribo sobre el tema si espero que sea puesto en duda? Precisamente, para incitar la duda. Siguiendo con la mención del “doble vínculo”, el primer paso para quedar libre de él consiste en descubrir su perfidia; es decir, darse cuenta de que no deja escapatoria, uno se va a sentir mal si lo obedece y mal si no lo obedece. Si se esfuerza para ser el mejor, le espera una vida de esfuerzo frenético y obsesivo que desemboca en desencanto; si uno opta por no esforzarse tanto le llegará la duda acerca de si es un mediocre o un fracasado.
Pregunta para el lector: ¿qué papel desempeñarían aquí la ampliación de la conciencia (darse cuenta), la libertad y la autonomía?
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Psic-Ma-Dolores-Hernandez-Gonzalez

lunes, 27 de abril de 2015

NI CONTIGO NI SIN TI


PREGUNTA:
Me divorcié hace dos años y vivo una agonía. ¿Cómo puedo salir de la relación con mi ex? Yo sé que juntos no la hacemos, sin embargo lo extraño noche y día. Seguimos viéndonos, ocasionalmente tenemos relaciones íntimas que me emocionan como a una quinceañera, también siento ganas de golpearlo y reclamarle que sea incapaz de comprometerse, lo digo porque tiene novia y de todos modos me busca. Me siento como loca, temo afectar a mis hijos.

OPINIÓN

Veo que amas a tu ex y quisieras golpearlo. Tu corazón está roto y dividido en sentimientos opuestos. Sientes que enloqueces y temes por tus hijos…  Haces bien en llamar a esto agonía. Agonizante es alguien que vive muriendo sin poder morir, a veces por tiempo prolongado. Junto con el paciente, los familiares y cuidadores están expuestos al dolor y sobresalto de no saber si se marchará o se pondrá bien, y cuánto falta para que ocurra una cosa u otra. A veces, todos saben que si el enfermo sanara, sufriría secuelas tan graves que sería poca la diferencia.

Dices que tú y él, juntos, no la hacen. Agregas que tiene una nueva relación y de todos modos te busca. ¿Verdad que te ocasiona gran dolor? Pero es un dolor soportable. Si fuera insoportable, ya estarías afuera de ese infierno. Éste es el punto: puedes soportarlo, has desarrollado una super capacidad para convivir con el sufrimiento.

Lo que sigue va a sorprenderte mucho: tú no tienes la culpa. Es muy probable que antes de ahora hayas vivido situaciones parecidas en las que la avidez y la frustración, el éxito y la derrota, el amor y el odio, estuvieron inseparablemente unidos. Se llama DOBLE VÍNCULO. Observa hacia atrás los eventos importantes de tu vida, debieron ser así o no podría explicarse ésta tu super capacidad para soportar tan horrible padecimiento y además, anhelarlo. Ambos extremos son como ingredientes indispensables en tu programación inconsciente.

Tu situación y  la que viven tus hijos es similar; seguramente ellos desean mucho tener papá y mamá, desbaratar el divorcio de ustedes, verlos unidos, vivir en el mismo domicilio todos los miembros de la familia teniéndose amor, y cada vez que sus deseos parece que serán cumplidos, en sus corazones están presentes el recuerdo de los daños, el abandono, la culpa por lo que hicieron o dejaron de hacer que llevó a la ruptura de la pareja… Ellos no tienen ni tendrán la culpa de lo que pasa, tampoco si en el futuro se ven envueltos en una relación igualmente caótica, fascinante y desencantadora como la que vives tú. Ni tú tienes la culpa. ¿Acaso tus padres?

Es inútil buscar culpables, sería más provechoso comprender que, sin que lo quisiera nadie, el patrón para relacionarse ha pasado de una generación a otra como un pendiente sin resolver. Cuando llega el momento, los jóvenes en turno van tomando el encargo de solucionarlo en sus propias vidas. ¿Todos? No. Aún no tenemos conocimientos suficientes para  predecir quiénes lo harán, igual que tampoco sabemos cuáles genes recesivos y dominantes habrán de manifestarse.

Sólo con tratamiento podrás superar la división que te obliga a conjuntar los extremos opuestos. También allí experimentarás la oposición de querer sanar y seguir resistiendo. A veces es más fácil rendirse al sufrimiento que encarar las soluciones. Te dejo una frase para repetir: “Me amo como soy, y con amor me dispongo a realizar los cambios que la vida me exige”.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.