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martes, 17 de marzo de 2020

YO MATÉ A 1000


El terror colectivo que han desatado los medios acerca del coronavirus es tierra fértil para cualquier desgracia. Viene a cuento la conocida anécdota de un viejo que descubrió a un ser extraño en la entrada de la ciudad y le preguntó: “¿Quién eres”. La chocante figura contestó: “Soy la Peste”. Angustiado, el hombre le dijo: “¿Qué haces aquí?”. Y la Peste: “Voy a la ciudad, debo matar a 1000 hombres”. El viejo quiso salvarlos y suplicó: “Por favor, no entres. Dime qué puedo hacer para que te vayas sin hacer daño”. A lo que la Peste contestó: “¡Ni tú ni nadie pueden hacer nada, mataré a 1000 hombres y me iré!”, luego entró a la ciudad. Un año después, en el mismo sitio, el viejo volvió a verla que ya se iba y la encaró: “¡Mentirosa, dijiste que matarías a mil y murieron diez mil!”, a lo que ella replicó: “¡Yo maté a 1000, los demás murieron de miedo!”. 

Hoy tenemos terror comunitario. Urge contrarrestarlo y no se ve cómo porque el acoso con noticias alarmistas continúa y cada vez nos asustamos más unos a otros mediante las redes sociales. Donde sí puede detenerse el terror es en lo personal, cada uno en sí mismo; es decir, en su propio pequeño mundo del que es el dueño. Importa que lo haga si quiere mantenerse sano y con su sistema inmunitario listo para defenderlo. ¿Cómo? Pensando.

Comparemos por un momento el estar vivos con conducir cada uno el propio auto en medio del tráfico y que, de pronto, todos los otros conductores se vuelven locos y meten a fondo el acelerador. ¿Qué será más urgente, buscar la causa de la locura general o salir de ella? Por supuesto que salir. Entonces tendremos que pensar como si nuestro auto volara y pudiera elevarse por sobre la demencia dominante, igual que lo hace el pensamiento. 

Al pensamiento individual le da mucho trabajo elevarse y dejar de pensar y sentir como los demás porque el grupo lo influye, pero precisamos disentir de la histeria general en vista de que nuestro sistema inmunitario está íntimamente ligado a los estados de ánimo. Lo necesitamos fuerte y a nosotros con entereza, en lugar de aterrorizados. Una persona sin defensas, débil o asustada sucumbe ante cualquier virus y estos siempre han existido por millones, convivimos con ellos. No es la primera vez que alguno tiene mutaciones. Si estamos vivos es porque nuestro sistema inmunitario nos ha protegido. 

El sistema inmunitario se nutre y fortalece con buena alimentación y buenos pensamientos. 

Necesitamos echar mano de los recursos que tengamos para fortalecerlo. Cada persona sabe qué ha hecho en otras ocasiones para mantenerse en paz dentro de una crisis.

Hay quienes recurren a la meditación. Deepak Chopra dice en sus libros que la meditación hace que todo el sistema nervioso entre en un campo de coherencia y narra numerosos ejemplos de personas que la utilizaron con éxito para cambiar pensamientos y modificar desórdenes del cuerpo. Asegura que, a veces, el enfermo primero debe liberarse de un diagnóstico atroz que guía su pensamiento hacia la enfermedad. Si nosotros hemos formulado un diagnóstico atroz para la situación deberíamos modificarlo, o el miedo nos ganará. Es importante visualizar la solución.

Otras personas prefieren la oración. Cambian sus pensamientos catastróficos rezando y diciéndose a sí mismos que están vivos, que Dios los ha cuidado hasta hoy y va a seguir haciéndolo. Y se dicen más cosas cuando rezan y les consuela tener a quién rezarle para volver a la paz y la confianza.

Lo que importa es escapar del terror.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com 





martes, 16 de octubre de 2012

LA MEDITACIÓN


Muchos recomiendan la meditación, ¿por qué es importante?, yo nunca he podido hacerla, dejar la mente en blanco no se me da, me distraigo pensando en lo que tengo qué hacer o lo que me preocupa. ¿Puede hablar algo sobre ella?

RESPUESTA

La meditación es una técnica muy antigua que consiste, esencialmente, en cerrar los ojos al mundo exterior y centrarlos en el interior, de manera que la respiración se acompasa y profundiza y el cuerpo se relaja.

Meditar es un regalo que te haces a ti mismo. Puede evitar que te sumerjas en una estampida frenética en la que ya nadie sabe por qué corre, de qué huye o hacia dónde va. Precisamente cuando estás muy estresado u ocupado, será excelente para ti que detengas tu carrera y te ocupes en centrarte.

Muchas personas creen que es muy difícil meditar, pero no es así; sólo se requiere decidir hacerlo y dedicarle unos minutos al día.  Luchar por poner la mente en blanco es sólo una de las muchísimas técnicas que existen: centrando la atención en algo: la respiración, los pensamientos, un objeto como la luz de una vela o una flor, un mantra (palabra o jaculatoria), un texto sagrado, un rezo repetitivo, una imagen mental, un propósito, deseo, visión, una parte del cuerpo, etc., etc. Lo importante es detenerse y “mirar”.

Para ti, quizá sea una buena idea centrarte en lo que te preocupa. Olvidas lo de poner tu mente en blanco y te dices: “Ahora me concentro en este asunto y lo miro con amor”. Respiras, y mientras el aire entra y sale de tus pulmones, formas una imagen (visual) del tema. No la juzgas ni la presionas para que aparezca, tu mente la creará y tú sólo das permiso para que se forme libremente.

La meditación es utilizada para lograr diversos objetivos. Es mejor tener uno. Por ejemplo, entrar en contacto consciente con la divinidad, la propia mente, el cuerpo, la sabiduría interior, la paz, la salud, la solución para problemas, soltar algo que obstaculiza el propio bienestar, como rencores, preocupaciones, obsesiones, contracturas musculares, etc.

Digamos que tu objetivo es encontrar una solución a lo que te preocupa. Ya con la imagen que formó tu mente, esperas a mirar qué ocurre con ella. Voy a inventar que dicha imagen fue un caballo con muchos lazos al cuello que no lo dejan caminar, unos tiran hacia adelante y otros hacia atrás. No es necesario que una imagen sea tan compleja, puede ser una simple hormiga cargando su hoja, o que te vas de viaje y estás abordando el avión. Como dije antes, no juzgas las imágenes ni piensas que son distracciones, sino que te detienes a mirarlas, especialmente a una. Te cercioras que tu respiración está acompasada y continúas observando pasivamente qué ocurre. Quizá sientas la inspiración de hacer algo, como por ejemplo, quitar un lazo del cuello del animal; lo haces y esperas a observar qué pasa, mientras te vuelves a cerciorar que tu respiración continúa pausada y profunda. Cuando, por los cambios realizados, sientes que la imagen está como tú la deseas, es tiempo de terminar la meditación. Éste es un ejemplo de una bastante larga; es decir, que requiere buen tiempo de concentración. Hay otras que son muy cortas.

Una meditación corta sería hacer algunas inhalaciones profundas, cerrar los ojos, localizar cualquier tensión en el cuerpo y centrarte en disolverla. Al inhalar, dices para ti: “Te amo y te apruebo”. Y al exhalar: “Con amor todo se puede mejorar”. Esto lo repites cada vez que te acuerdas, hasta que sientes que la tensión te abandona y tu ser se armoniza.

Los anteriores han sido sólo ejemplos, pero tu mente puede enseñarte muchas otras formas, si decides concentrarte en contactar con ella, escucharla, mirar o sentir lo que te comunica.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com o al teléfono 7 63 47 28