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lunes, 5 de agosto de 2013

HERENCIA Y EXPERIENCIA


Aquella novia con la que me casé, procreé dos hijos y pensé envejecer juntos, ya no existe, hace siete años tuvo un cambio de orientación sexual y el consiguiente quebranto de nuestra unión; su pareja es una lesbiana rica y su terapeuta, que aprueba esta relación, su íntima amiga. Yo hace tres meses que no veo a mi hijo, de nueve años, desde la mañana siguiente a la noche en que éste llegó llorando a tocar a mi puerta, pidiéndome quedarse conmigo. Su madre golpeaba mi portón con una piedra formando un escándalo y el niño me decía: “Papá, ¿por qué me tocó esta mamá?, ¿por qué me tocó esta vida? ¡Yo no tengo la culpa! Papá, yo soy tímido con los malos. Papá, ya no quiero ir a esa escuela, tú me metes a otra, por favor, papá”. Le di de cenar, lo acompañé a hacer la tarea, se durmió (yo no, hasta la fecha tengo insomnio), lo llevé a la escuela y cuando fui a recogerlo, no me lo entregaron. Su madre cambió de domicilio para evitar que el niño vuelva a escapar. Pienso que para un padre, el ver a su hijo no es un derecho, ¡es un deber!

Creo que estás consciente de la extremada dificultad para emitir una opinión y que ésta necesariamente será incompleta.

En tu relato muestras tu amor y preocupación por tu hijo; también: desencanto, sentido de haber sido traicionado, desprecio por la trayectoria de tu ex mujer, coraje contra la terapeuta que aprueba esta relación lésbica, impotencia para hacerla que cambie, desesperación por no ver a tu hijo, sensación de ser víctima de una injusticia, convicción de que ella está utilizando al niño para castigarte, terror de que ella siga haciéndole un daño irreparable… podría continuar describiendo los contenidos de tu corazón, pero voy a centrarme en el elemento más débil de la tríada: el niño, que depende de la herencia y de la experiencia para desarrollarse bien.

Por herencia, él es 50% tú y 50% su madre; ustedes están en su interior y no hay manera de modificarlo. Tu hijo es la encarnación del amor que existía entre ustedes en el momento de la concepción, cuando olvidaron todo para estar juntos; de ese amor nació y lo inmortaliza, aun si antes o después se convirtieran en enemigos. Y la experiencia: padre y madre son el principal medio ambiente del hijo: pueden vivir juntos o separados y llevarse bien o mal. El hijo es receptivo y configura su personalidad internalizando la paz o la guerra, de modo que un 50% suyo ama u odia al otro 50%, dando lugar a una buena autoestima, o a una mala. Los problemas escolares y sociales toman significado de la manera como ustedes los interpreten, sus reacciones son la plataforma de lanzamiento de toda actividad mental del niño, ahora y en el futuro. Los contenidos de tu corazón, y los de la madre, son el medio ambiente que el niño interioriza, sin que pueda evitarlo.

Tu papel de padre es fundamental para tu hijo. Así como su madre le proporciona una imagen de sí y de cómo debe relacionarse consigo mismo, tú serás quien lo invite a tomar el riesgo de abandonar el nido e introducirse -con o sin éxito- en el mundo exterior, social y de trabajo. También le enseñarás en qué consiste ser varón y de qué manera se relacionan los hombres con las mujeres. Esto jamás podrá enseñarlo una madre; nosotras no sabemos lo que es ser hombre, siempre los vemos desde afuera.  

Temo que sientas que mi opinión se anduvo por las ramas, porque en ningún momento me referí a los “cómo hacer”. Si deseas aprender estos “cómo”, te invito al Diplomado en Constelaciones Familiares. Dura dos años y está configurado para lograr reconciliaciones profundas consigo mismo y en la propia familia.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com ,  o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

 

 

 

martes, 16 de octubre de 2012

LA MEDITACIÓN


Muchos recomiendan la meditación, ¿por qué es importante?, yo nunca he podido hacerla, dejar la mente en blanco no se me da, me distraigo pensando en lo que tengo qué hacer o lo que me preocupa. ¿Puede hablar algo sobre ella?

RESPUESTA

La meditación es una técnica muy antigua que consiste, esencialmente, en cerrar los ojos al mundo exterior y centrarlos en el interior, de manera que la respiración se acompasa y profundiza y el cuerpo se relaja.

Meditar es un regalo que te haces a ti mismo. Puede evitar que te sumerjas en una estampida frenética en la que ya nadie sabe por qué corre, de qué huye o hacia dónde va. Precisamente cuando estás muy estresado u ocupado, será excelente para ti que detengas tu carrera y te ocupes en centrarte.

Muchas personas creen que es muy difícil meditar, pero no es así; sólo se requiere decidir hacerlo y dedicarle unos minutos al día.  Luchar por poner la mente en blanco es sólo una de las muchísimas técnicas que existen: centrando la atención en algo: la respiración, los pensamientos, un objeto como la luz de una vela o una flor, un mantra (palabra o jaculatoria), un texto sagrado, un rezo repetitivo, una imagen mental, un propósito, deseo, visión, una parte del cuerpo, etc., etc. Lo importante es detenerse y “mirar”.

Para ti, quizá sea una buena idea centrarte en lo que te preocupa. Olvidas lo de poner tu mente en blanco y te dices: “Ahora me concentro en este asunto y lo miro con amor”. Respiras, y mientras el aire entra y sale de tus pulmones, formas una imagen (visual) del tema. No la juzgas ni la presionas para que aparezca, tu mente la creará y tú sólo das permiso para que se forme libremente.

La meditación es utilizada para lograr diversos objetivos. Es mejor tener uno. Por ejemplo, entrar en contacto consciente con la divinidad, la propia mente, el cuerpo, la sabiduría interior, la paz, la salud, la solución para problemas, soltar algo que obstaculiza el propio bienestar, como rencores, preocupaciones, obsesiones, contracturas musculares, etc.

Digamos que tu objetivo es encontrar una solución a lo que te preocupa. Ya con la imagen que formó tu mente, esperas a mirar qué ocurre con ella. Voy a inventar que dicha imagen fue un caballo con muchos lazos al cuello que no lo dejan caminar, unos tiran hacia adelante y otros hacia atrás. No es necesario que una imagen sea tan compleja, puede ser una simple hormiga cargando su hoja, o que te vas de viaje y estás abordando el avión. Como dije antes, no juzgas las imágenes ni piensas que son distracciones, sino que te detienes a mirarlas, especialmente a una. Te cercioras que tu respiración está acompasada y continúas observando pasivamente qué ocurre. Quizá sientas la inspiración de hacer algo, como por ejemplo, quitar un lazo del cuello del animal; lo haces y esperas a observar qué pasa, mientras te vuelves a cerciorar que tu respiración continúa pausada y profunda. Cuando, por los cambios realizados, sientes que la imagen está como tú la deseas, es tiempo de terminar la meditación. Éste es un ejemplo de una bastante larga; es decir, que requiere buen tiempo de concentración. Hay otras que son muy cortas.

Una meditación corta sería hacer algunas inhalaciones profundas, cerrar los ojos, localizar cualquier tensión en el cuerpo y centrarte en disolverla. Al inhalar, dices para ti: “Te amo y te apruebo”. Y al exhalar: “Con amor todo se puede mejorar”. Esto lo repites cada vez que te acuerdas, hasta que sientes que la tensión te abandona y tu ser se armoniza.

Los anteriores han sido sólo ejemplos, pero tu mente puede enseñarte muchas otras formas, si decides concentrarte en contactar con ella, escucharla, mirar o sentir lo que te comunica.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com o al teléfono 7 63 47 28