Estoy atravesando una situación difícil con mi ex-novio. Tuvimos una relación muy hermosa, intensa y llena de experiencias. Hace cinco meses que decidí terminar él y ha sido un ir y venir. Por primera vez me había visualizado con una persona, habíamos comenzado a crear proyectos, metas, sueños juntos, y de repente, un día las cosas ya no son como antes...
El tiempo que estuvimos separados valoré mucho la relación y a él, y ahora que yo me siento preparada, con ganas de luchar por conservarlos, él decidió no continuar más, tomó esa decisión la semana pasada, pero igual un par de días antes había decidido luchar, es decir, cambia de opinión constantemente y me desconcierta por completo. Mi pregunta es ¿cómo puedo saber lo que él en verdad quiere? Un día me dice algo y otro me lo cambia. ¿Me haría bien algún tipo de terapia, que me haga menos duro el proceso?
RESPUESTA
Te duele lo que estás viviendo. No es el fin del mundo, pero como si lo fuera; lastima profundamente hacer planes y verlos desmoronarse, sobre todo cuando llevarlos a cabo no depende sólo de tu decisión, sino que es necesaria otra persona. Te es difícil comprender que él cambie de opinión, que diga sí, luego no, otra vez sí y de nuevo no. En casos como el tuyo, puede una desear tanto el sí, que se ve tentada a promoverlo, a convencer al otro y decirle algo como: “Date cuenta de que es posible, que esta relación es buena y conmigo mejor que con nadie, yo te convengo”.
Sin embargo, tú dudaste primero. Hace cinco meses que terminaste la relación. No creo que haya sido capricho, debieron motivarte razones de peso. Luego descubriste que se debe luchar, poner algo de tu parte. Eso ya fue un aprendizaje valioso que sólo se obtiene viviéndolo. Pero él no está seguro y prefiere posponer la oportunidad. Sería imposible e indeseable que lo forzaras. Necesitan espacio, distancia, para que cada uno sepa con exactitud qué desea y calibre las propias capacidades. Tú no puedes hacer por él aquello que le corresponde: saber lo que quiere. Le toca. Es su responsabilidad. Si él permitiera que te tomaras la atribución de decidir en su lugar, algo habrían perdido ambos para siempre y llevarías sobre tus espaldas toda la carga de la relación. ¿Has conocido a personas, hombres o mujeres, que estando en pareja, sólo ellas parecen aportar algo?
Dices bien cuando preguntas si una terapia haría menos duro el proceso. Pienso que sí, por la posibilidad de hablarlo. Aprenderías el doble. Quizá decidas tomarla y sacar mayor provecho de este reto que la vida te presenta: manejar adecuadamente emociones que, por su magnitud, ofrecen un mayor grado de dificultad. Pasaste a otro nivel. Similar a cuando uno aprendió a conducir un auto en el campo o en calles solitarias y un día debe meterse al tráfico. Hace lo mismo que ya sabe: llevar el volante, cambiar velocidades y frenar, pero además, tiene que poner atención a los otros autos, ciclistas, motociclistas, peatones, semáforos, glorietas y cruces de calles. Algunas personas dicen: “No puedo”, y otras, aun con temor, insisten y pasado el tiempo conducen tranquilamente, porque ya adquirieron la habilidad.
Te deseo que aproveches satisfactoriamente esta oportunidad de ampliar tu inteligencia emocional.
Bienvenido a mi blog. Soy mujer, divorciada, madre, abuela y también psicóloga. Deseo que encuentres algo que te guste.
lunes, 30 de mayo de 2011
lunes, 23 de mayo de 2011
MIEDOS Y FE
Mi problema es que tengo miedos: de hablar, de salir a la calle, de conseguir un trabajo y que alguien hable de mi pasado o suelte rumores sobre mi alcoholismo. Leí su artículo que habla de Dios, porque entiendo que se refiere a Dios cuando dice Sabiduría. Allí dice que uno necesita entregarse y tener fe. Yo tengo fe, creo en Él y también tengo fe en que voy a amanecer mañana, pero no aprendo a vivir el día, me acuerdo de mis errores y ellos me derrumban. Estoy seguro de que necesito ayuda y no sé cómo comenzar. Quiero cambiar porque me siento demasiado mal y arrepentido.
RESPUESTA
Los humanos vivimos de fe. La mayor parte de lo que pensamos y creemos es fe. Fe en los científicos cuando hablan de bacterias, pues no tenemos microscopio para verlas y que nos conste. Fe en que la oruga pasará por tal calle a tal hora, pues no sabemos con seguridad si lo hará esta vez, sin embargo la esperamos en la parada… La llamo fe, porque no es posible que nos cercioremos absolutamente de todo y nos vemos obligados a creer lo que nos entrega el filtro de nuestra interpretación.
Los miedos son fe al revés: en lugar de estar uno convencido de que algo bueno está por suceder, se espera lo malo con igual convicción.
Tú tienes miedos; esperas lo peor. Intuyo que tu interpretación actual es más o menos así: “He cometido demasiados errores; por lo tanto, sólo puedo esperar eventos desgraciados”. Como la fe mueve montañas, exactamente así sucederá. Siempre recibimos lo que nuestra fe solicita, aquello para lo cual tenemos ojos. No podemos ver lo demás, aunque esté presente. Necesitas cambiar el contenido de tu fe.
¿Cómo se hace? Modificando la interpretación. En lugar de: “mis errores me condenan”, puedes pensar que ellos son detonadores de un interés urgente por descubrir lo esencial. Sin tus errores, probablemente continuarías, por inercia, en la trayectoria que te marcaron eventos ocurridos durante la infancia o más atrás, en la historia familiar antigua, que probablemente ni siquiera conoces. Todos somos producto y encarnación de las experiencias de nuestros padres, abuelos, bisabuelos…, y nacemos con la posibilidad de dar un giro, para bien o para mal, en el rumbo que determinaron los estilos de vida que nos fueron inculcados.
Cambiar el contenido de la fe es pasar del pensamiento “estoy mal, en todo me va mal y sólo puede irme peor”, a este otro: Mi Poder Superior me conoce, me toma como soy, me enseña y conduce hacia mi bien. Sólo pide que yo esté disponible para Él transformar mi vida”.
Tomé el concepto anterior de la literatura de AA. Te recomiendo asistir a estos grupos, en ellos podrías comprobar que otras personas han cometido errores similares a los tuyos y se propusieron renacer, transformando sus equivocaciones en fuerza y determinación, a través de un programa de doce pasos que han practicado millares de individuos que se sentían como te sientes tú. Podrías observar a los recién llegados, con su carga de miedos y remordimientos. A los que llevan un tiempo practicando el descubrir un universo nuevo, con estilos de vida nuevos. También a los que asisten a pocas sesiones y se marchan, decidiendo que eso no es para ellos y prefieren “malo por conocido que bueno por conocer”. Te darías cuenta de que es más fácil conservar la desdicha y la desesperación, que confiar las riendas de la propia vida a un Poder Superior que conduce a todos a su mayor bien.
RESPUESTA
Los humanos vivimos de fe. La mayor parte de lo que pensamos y creemos es fe. Fe en los científicos cuando hablan de bacterias, pues no tenemos microscopio para verlas y que nos conste. Fe en que la oruga pasará por tal calle a tal hora, pues no sabemos con seguridad si lo hará esta vez, sin embargo la esperamos en la parada… La llamo fe, porque no es posible que nos cercioremos absolutamente de todo y nos vemos obligados a creer lo que nos entrega el filtro de nuestra interpretación.
Los miedos son fe al revés: en lugar de estar uno convencido de que algo bueno está por suceder, se espera lo malo con igual convicción.
Tú tienes miedos; esperas lo peor. Intuyo que tu interpretación actual es más o menos así: “He cometido demasiados errores; por lo tanto, sólo puedo esperar eventos desgraciados”. Como la fe mueve montañas, exactamente así sucederá. Siempre recibimos lo que nuestra fe solicita, aquello para lo cual tenemos ojos. No podemos ver lo demás, aunque esté presente. Necesitas cambiar el contenido de tu fe.
¿Cómo se hace? Modificando la interpretación. En lugar de: “mis errores me condenan”, puedes pensar que ellos son detonadores de un interés urgente por descubrir lo esencial. Sin tus errores, probablemente continuarías, por inercia, en la trayectoria que te marcaron eventos ocurridos durante la infancia o más atrás, en la historia familiar antigua, que probablemente ni siquiera conoces. Todos somos producto y encarnación de las experiencias de nuestros padres, abuelos, bisabuelos…, y nacemos con la posibilidad de dar un giro, para bien o para mal, en el rumbo que determinaron los estilos de vida que nos fueron inculcados.
Cambiar el contenido de la fe es pasar del pensamiento “estoy mal, en todo me va mal y sólo puede irme peor”, a este otro: Mi Poder Superior me conoce, me toma como soy, me enseña y conduce hacia mi bien. Sólo pide que yo esté disponible para Él transformar mi vida”.
Tomé el concepto anterior de la literatura de AA. Te recomiendo asistir a estos grupos, en ellos podrías comprobar que otras personas han cometido errores similares a los tuyos y se propusieron renacer, transformando sus equivocaciones en fuerza y determinación, a través de un programa de doce pasos que han practicado millares de individuos que se sentían como te sientes tú. Podrías observar a los recién llegados, con su carga de miedos y remordimientos. A los que llevan un tiempo practicando el descubrir un universo nuevo, con estilos de vida nuevos. También a los que asisten a pocas sesiones y se marchan, decidiendo que eso no es para ellos y prefieren “malo por conocido que bueno por conocer”. Te darías cuenta de que es más fácil conservar la desdicha y la desesperación, que confiar las riendas de la propia vida a un Poder Superior que conduce a todos a su mayor bien.
lunes, 16 de mayo de 2011
PRESENTARÉ OTRO LIBRO
Hoy quiero compartirles que presentaré un cuento ilustrado para niños en la Feria Nacional del Libro. Será el jueves 19 a las 11 am, en el área de talleres. Se llama “Calixto el castor”. Se refiere a la necesidad infantil de ver a los papás unidos. El autor del personaje y de la historia es un niño de 9 años, Leonardo Adrián Ramírez Luna, mi nieto, quien me dictó el cuento cuando estaba por cumplir 8, y dijo: “Si lo publican, no vayas a decir que lo hiciste tú sola”. Accedí. Con el mayor de los gustos le puse gramática, agregué detalles al desenlace y supervisé las ilustraciones. Lula Prado hará la introducción. Los Figus serán los cuentacuentos y al final, regalarán tres ejemplares a los niños que hayan entendido y puedan responder. Luego, las firmas serán en el estante de Porrúa. Leonardo y yo estaremos allí, pluma en mano, experimentando el placer de autografiar libros.
El viernes 20, a las 11 am. Los Figus harán una representación teatral del cuento que presenté el año pasado: “Amor con púas”, también para niños, sobre cuando uno lastima o es lastimado. Habrá tres ejemplares de regalo para los asistentes que contesten bien.
El miércoles 18 habrá dos talleres para preadolescentes, uno, “De niña a mujer”, a las 11 am., y otro, “De niño a Varón”, a las 12 medio día, ambos basados en mis obras del mismo nombre. A los asistentes a taller se les venderán estos libros en $10.00, también se les proporcionarán dos direcciones de correo electrónico a fin de que puedan hacer consultas particulares gratuitas con quienes impartirán los talleres o con quien esto escribe, si así lo desean.
Con los libros mencionados completo ocho. El año pasado presenté “Biografía del amor”, supuesta entrevista en la que el amor habla, describiendo las etapas del proceso en que él toma forma, nace, se estanca o desarrolla, se vuelve autoestima, luego afecto y respeto por el otro, sigue adelante y termina en espiritualidad. En 2008 fue “Las buenas mujeres”, novela que sobre los cambios vertiginosos que ha tenido el pensamiento femenino, mismos que en ocasiones nos dejan sin saber qué es bueno o malo. Todos ellos pueden ser adquiridos en la Feria Nacional del Libro, se encuentran en Porrúa, Sótano, Gonvill, librería Catedral y Papiros. En cambio, el libro “Lo mejor de lo peor” se consigue solamente en Trillas.
Nos vemos en la Feria Nacional del Libro de León, Gto.
El viernes 20, a las 11 am. Los Figus harán una representación teatral del cuento que presenté el año pasado: “Amor con púas”, también para niños, sobre cuando uno lastima o es lastimado. Habrá tres ejemplares de regalo para los asistentes que contesten bien.
El miércoles 18 habrá dos talleres para preadolescentes, uno, “De niña a mujer”, a las 11 am., y otro, “De niño a Varón”, a las 12 medio día, ambos basados en mis obras del mismo nombre. A los asistentes a taller se les venderán estos libros en $10.00, también se les proporcionarán dos direcciones de correo electrónico a fin de que puedan hacer consultas particulares gratuitas con quienes impartirán los talleres o con quien esto escribe, si así lo desean.
Con los libros mencionados completo ocho. El año pasado presenté “Biografía del amor”, supuesta entrevista en la que el amor habla, describiendo las etapas del proceso en que él toma forma, nace, se estanca o desarrolla, se vuelve autoestima, luego afecto y respeto por el otro, sigue adelante y termina en espiritualidad. En 2008 fue “Las buenas mujeres”, novela que sobre los cambios vertiginosos que ha tenido el pensamiento femenino, mismos que en ocasiones nos dejan sin saber qué es bueno o malo. Todos ellos pueden ser adquiridos en la Feria Nacional del Libro, se encuentran en Porrúa, Sótano, Gonvill, librería Catedral y Papiros. En cambio, el libro “Lo mejor de lo peor” se consigue solamente en Trillas.
Nos vemos en la Feria Nacional del Libro de León, Gto.
lunes, 2 de mayo de 2011
RETOS DE LA VIDA
Me divorcié y ahora tengo otra pareja, también divorciada. Ambos tenemos dos hijos; ella, dos niñas; yo, niño y niña. Vivimos cada uno en su casa. No sé por qué le pienso para volverme a casar, aunque nos llevamos bien y ella lo desea, ¿será un trauma que saqué de mi primer matrimonio? Porque nos volvimos como enemigos, haga de cuenta la película Kramer vs. Kramer. Me preocuparía que yo hubiera quedado incapacitado para una buena relación, ¿es posible?
RESPUESTA
Te encuentras ante una importante lección de la vida, ¿cuál será? Existen personas para quienes la experiencia de pasar por un divorcio, accidente, limitación, fracaso, enfermedad, pérdida o dolor de cualquier tipo, se convierte en maestra de sus vidas, las motiva a indagar lo esencial y pasar a un nuevo nivel de desarrollo. Para otras, en cambio, el evento marca el inicio de una hecatombe de la que no vuelven a salir. Dicen: “Quedé traumado”, “desde aquello no he vuelto a ver la mía”, “caí en depresión”, y tantas cosas más.
La diferencia está en la manera de interpretar los acontecimientos. No es lo mismo: “Este horrible suceso es una oportunidad y un reto”, que: “Es mi final, nunca podré recuperarme”.
El desarrollo humano y espiritual de una persona necesita retos, y la Sabiduría Superior nos los proporciona. Nadie de nosotros tiene autoridad suficiente para cuestionar los métodos con los cuales nos conduce a determinado conocimiento o experiencia. Para ti fue un divorcio colmado de peleas. Si es verdad que “Dios escribe derecho sobre renglones torcidos”, puedes confiar en que Él te dio algo bueno, aunque no se haya ajustado a los renglones (directrices) que nos gusta colocarle acerca de “lo que sería correcto” y lo que “Él debería” hacer, darnos o exigir.
Tienes muchas cosas nuevas que aprender. Ciertamente, una segunda relación es más complicada que la primera, pues lo vivido deja consecuencias: hijos, vínculos, hábitos, expectativas…, que deben ser reconocidos y tener un lugar propio. Un segundo marido, (lo mismo a la inversa, una segunda esposa), necesita convenir en que es el segundo y que la mujer está vinculada con el primero y con sus hijos. Sólo así puede tomarla como esposa. De lo contrario, se enfrascará en una lucha perdida contra la realidad.
Es posible observar cuando lo descrito no sucede: la nueva pareja pretende sentirse mejor que la primera, inclusive exige que así se le reconozca, experimenta alegría cuando se critica o condena a la anterior, y con ello cree tener mayor seguridad de que podrán tener una buena relación. No es así. Tomar como punto de referencia a la primera pareja de la pareja conduce tanto a huir compulsivamente de cualquier semejanza, como a imitarla.
Lo vivido, aunque pasado, tiene consecuencias que llegan hasta el momento actual, consecuencias que deben ser aceptadas. Por ejemplo, la culpa. Como nadie se casa con la intención de divorciarse, ocasiona culpa el comparar los hechos con las ilusiones. Hay que vivir con esta culpa y admitir: “hice lo que pude y fui capaz de hacer, distinto a lo que deseaba”. Someterse a vivir con la culpa da fuerza; en cambio, la culpabilidad debilita: “si yo fuera bueno, cambiaría los hechos y los ajustaría a mis ilusiones”. Se necesita humildad para reconocer las propias limitaciones y permanecer en paz.
Generalmente, un trauma es una resistencia aparentemente insuperable contra los hechos: “Esto no debió ocurrir jamás”, “¿por qué a mí?”, “¿por qué tan mal?”, “no es mi culpa”, “es injusto”, etc., etc. Asentir a lo que es, como es, disuelve la tensión y se convierte en fortaleza. ¿Qué prefieres, pensar que tienes un trauma, o un reto?
RESPUESTA
Te encuentras ante una importante lección de la vida, ¿cuál será? Existen personas para quienes la experiencia de pasar por un divorcio, accidente, limitación, fracaso, enfermedad, pérdida o dolor de cualquier tipo, se convierte en maestra de sus vidas, las motiva a indagar lo esencial y pasar a un nuevo nivel de desarrollo. Para otras, en cambio, el evento marca el inicio de una hecatombe de la que no vuelven a salir. Dicen: “Quedé traumado”, “desde aquello no he vuelto a ver la mía”, “caí en depresión”, y tantas cosas más.
La diferencia está en la manera de interpretar los acontecimientos. No es lo mismo: “Este horrible suceso es una oportunidad y un reto”, que: “Es mi final, nunca podré recuperarme”.
El desarrollo humano y espiritual de una persona necesita retos, y la Sabiduría Superior nos los proporciona. Nadie de nosotros tiene autoridad suficiente para cuestionar los métodos con los cuales nos conduce a determinado conocimiento o experiencia. Para ti fue un divorcio colmado de peleas. Si es verdad que “Dios escribe derecho sobre renglones torcidos”, puedes confiar en que Él te dio algo bueno, aunque no se haya ajustado a los renglones (directrices) que nos gusta colocarle acerca de “lo que sería correcto” y lo que “Él debería” hacer, darnos o exigir.
Tienes muchas cosas nuevas que aprender. Ciertamente, una segunda relación es más complicada que la primera, pues lo vivido deja consecuencias: hijos, vínculos, hábitos, expectativas…, que deben ser reconocidos y tener un lugar propio. Un segundo marido, (lo mismo a la inversa, una segunda esposa), necesita convenir en que es el segundo y que la mujer está vinculada con el primero y con sus hijos. Sólo así puede tomarla como esposa. De lo contrario, se enfrascará en una lucha perdida contra la realidad.
Es posible observar cuando lo descrito no sucede: la nueva pareja pretende sentirse mejor que la primera, inclusive exige que así se le reconozca, experimenta alegría cuando se critica o condena a la anterior, y con ello cree tener mayor seguridad de que podrán tener una buena relación. No es así. Tomar como punto de referencia a la primera pareja de la pareja conduce tanto a huir compulsivamente de cualquier semejanza, como a imitarla.
Lo vivido, aunque pasado, tiene consecuencias que llegan hasta el momento actual, consecuencias que deben ser aceptadas. Por ejemplo, la culpa. Como nadie se casa con la intención de divorciarse, ocasiona culpa el comparar los hechos con las ilusiones. Hay que vivir con esta culpa y admitir: “hice lo que pude y fui capaz de hacer, distinto a lo que deseaba”. Someterse a vivir con la culpa da fuerza; en cambio, la culpabilidad debilita: “si yo fuera bueno, cambiaría los hechos y los ajustaría a mis ilusiones”. Se necesita humildad para reconocer las propias limitaciones y permanecer en paz.
Generalmente, un trauma es una resistencia aparentemente insuperable contra los hechos: “Esto no debió ocurrir jamás”, “¿por qué a mí?”, “¿por qué tan mal?”, “no es mi culpa”, “es injusto”, etc., etc. Asentir a lo que es, como es, disuelve la tensión y se convierte en fortaleza. ¿Qué prefieres, pensar que tienes un trauma, o un reto?
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lunes, 25 de abril de 2011
Matrimonio de por vida
Mi matrimonio está prendido con alfileres por causa de mi mujer, ella tiene pensamientos que a mí no me van, dice que nos casamos muy jóvenes y es cierto, ella de 16 y yo de 20, pero eso no justifica lo que dice, que le hace falta vivir la etapa que se brincó porque no tuvo adolescencia ni juventud ni oportunidad de terminar su carrera, quiere estudiar, salir con amigas y descansar por un tiempo de unas obligaciones que tomó a una edad en que no estaba preparada, exige que yo acepte o le dé el divorcio. Los niños, tenemos tres, por ahora están unos días con mi mamá y otros con la mamá de ella. Yo fui educado en la creencia de que el matrimonio dura hasta que la muerte nos separe, pero ella dice que eso es un chantaje, y le digo que tenemos la obligación moral de seguir juntos y seríamos irresponsables si nos dejáramos.
RESPUESTA
Existe un ideal muy difundido, que el matrimonio debe durar de por vida. No cabe duda que esto es muy grande y bello… cuando se logra. Actualmente, cada vez ocurre menos.
Vivimos dentro de un movimiento social que nos supera y arrastra, por el que muchos matrimonios terminan. Sentimos la tentación de compararlos con el ideal mencionado y condenarlos. También nos percibimos culpables por no poder realizar dicho ideal. Estamos hablando de uno de los temas que más duelen en la actualidad y que las religiones, los gobiernos, los adelantos tecnológicos y científicos, las asociaciones filantrópicas, etc. no han podido disminuir o contener.
¿Qué es un ideal? Es una construcción mental que motiva a las personas, a través de una interpretación de la realidad.
Los ideales pueden ser acertados o equivocados, y de todas maneras mover las conductas hacia donde ellos apuntan. A través de la historia podemos contemplar ideales que fueron poderosos y proporcionaron “sentidos de vida” en su tiempo, que ya no funcionan, como el de creer que la tierra era plana y centro del universo. Un día, alguien salió con “el absurdo” de que se trataba de una esfera y giraba alrededor del sol, ¡qué blasfemia! Ignorantes y eruditos de la época defendieron la creencia que cimentaba sus vidas, y se preguntaban: ¿acaso puede haber más “tierras”?, ¿otras creaciones?, ¿y la redención qué?, ¿también allá mandó Dios a su Hijo?, ¿o no pecaron? La humanidad tardó casi dos siglos en asimilar el nuevo ideal o explicación, y mientras tanto, surgía un nuevo mundo: América. Incógnitas similares: Sus habitantes ¿tienen alma?, ¿son hijos de Adán y Eva, o hubo varios paraísos terrenales?, ¿es lícito esclavizarlos como bestias? El ideal de evangelizar a los indígenas condujo a su casi extinción. Más cerca en el tiempo, otro ideal, el de la super raza, acarreó una guerra mundial. Debió ser muy traumático para los sobrevivientes que lo sustentaban, comprobar que la “super raza” perdía la guerra y debía ocupar un lugar común entre los demás seres humanos.
Hoy la historia nos presenta una incógnita igualmente dura y difícil de resolver. El ideal en el que crecimos reza así: la familia está formada por padre, madre e hijos; pero en la práctica, niños tienen dos “papás” o dos “mamás” y dos o más casas donde vivir, los adultos reclaman para sí el derecho de tener vidas individuales después de haber sido padres, los homosexuales el de adoptar hijos, y la familia parece estar adquiriendo una fisonomía más variada. ¿Conocemos la solución? No. ¿Crees que tu mujer rectificaría si yo contestara que debe volver y hacerse cargo de su familia? Posiblemente no. Creo que necesitas otros métodos.
RESPUESTA
Existe un ideal muy difundido, que el matrimonio debe durar de por vida. No cabe duda que esto es muy grande y bello… cuando se logra. Actualmente, cada vez ocurre menos.
Vivimos dentro de un movimiento social que nos supera y arrastra, por el que muchos matrimonios terminan. Sentimos la tentación de compararlos con el ideal mencionado y condenarlos. También nos percibimos culpables por no poder realizar dicho ideal. Estamos hablando de uno de los temas que más duelen en la actualidad y que las religiones, los gobiernos, los adelantos tecnológicos y científicos, las asociaciones filantrópicas, etc. no han podido disminuir o contener.
¿Qué es un ideal? Es una construcción mental que motiva a las personas, a través de una interpretación de la realidad.
Los ideales pueden ser acertados o equivocados, y de todas maneras mover las conductas hacia donde ellos apuntan. A través de la historia podemos contemplar ideales que fueron poderosos y proporcionaron “sentidos de vida” en su tiempo, que ya no funcionan, como el de creer que la tierra era plana y centro del universo. Un día, alguien salió con “el absurdo” de que se trataba de una esfera y giraba alrededor del sol, ¡qué blasfemia! Ignorantes y eruditos de la época defendieron la creencia que cimentaba sus vidas, y se preguntaban: ¿acaso puede haber más “tierras”?, ¿otras creaciones?, ¿y la redención qué?, ¿también allá mandó Dios a su Hijo?, ¿o no pecaron? La humanidad tardó casi dos siglos en asimilar el nuevo ideal o explicación, y mientras tanto, surgía un nuevo mundo: América. Incógnitas similares: Sus habitantes ¿tienen alma?, ¿son hijos de Adán y Eva, o hubo varios paraísos terrenales?, ¿es lícito esclavizarlos como bestias? El ideal de evangelizar a los indígenas condujo a su casi extinción. Más cerca en el tiempo, otro ideal, el de la super raza, acarreó una guerra mundial. Debió ser muy traumático para los sobrevivientes que lo sustentaban, comprobar que la “super raza” perdía la guerra y debía ocupar un lugar común entre los demás seres humanos.
Hoy la historia nos presenta una incógnita igualmente dura y difícil de resolver. El ideal en el que crecimos reza así: la familia está formada por padre, madre e hijos; pero en la práctica, niños tienen dos “papás” o dos “mamás” y dos o más casas donde vivir, los adultos reclaman para sí el derecho de tener vidas individuales después de haber sido padres, los homosexuales el de adoptar hijos, y la familia parece estar adquiriendo una fisonomía más variada. ¿Conocemos la solución? No. ¿Crees que tu mujer rectificaría si yo contestara que debe volver y hacerse cargo de su familia? Posiblemente no. Creo que necesitas otros métodos.
JUAN MATUS
Hace algunas décadas que los libros de Carlos Castaneda hicieron furor y dieron la vuelta al mundo. Quienes los leyeron, yo por ejemplo, pudieron adentrarse y admirar mucho del conocimiento de los antiguos indígenas. El autor describe su experiencia con Juan Matus, un indio yaqui que no sólo le expuso la cosmogonía precolombina y actual de su etnia, sino que le enseñó a adentrarse en lo que él llamaba el mundo de los brujos o de los hombres de conocimiento. Es un fascinante relato que rescata prácticas y creencias que para mí resultaron tan increíbles como alucinantes, y no tenían cabida en nuestra concepción “criolla” del hombre y de la naturaleza. En aquel tiempo, pensé: ¡qué interesante sería conocer a Juan Matus y hacerle preguntas!
Pasaron los años y prácticamente olvidé aquellas lecturas, pero recientemente me llevé la sorpresa de saber que en Alemania iban a presentar al hombre conocido como Juan Matus, cuyo nombre verdadero es Tata Kachora, quien ya antes había sido invitado por el Dalai Lama, y que al inicio de esta primavera realizaría una ceremonia en Tecate, BC. No asistí, detenida en los vaivenes de pensar que la información proveniente de Internet lo mismo puede ser confiable que simples fantasías, ¿será Juan Matus o no? Me preguntaba.
Una amiga sí asistió, regresó contando que había multitud de personas de todos colores, provenientes de muchas partes del mundo, reunidas para la celebración. No es todo. Ella invitó a Tata Kachora a venir a León el próximo mes de mayo, y él aceptó hablar en público y conceder entrevistas personales con quienes lo desearan. Pensé: es posible que entre mis lectores exista alguno a quien le interese, voy a comunicar lo que sé y pienso, ya cada uno verá si le parece atrayente. Por lo pronto, yo iré. Desde en tiempos de mi lectura me quedé con una interrogación, Juan Matus le dice a Carlos algo como esto: la vejez es un acuerdo que tomaron sin estar yo, y no tengo por qué atenerme a él.
Mi amiga me proporcionó los siguientes teléfonos para hacer contacto: Fijo: 763 02 77, nextel:
Ángeles Ruelas 161 56 12, ID 52*24 20 63*1 y Adriana Podio ID 56*145*9369
Pasaron los años y prácticamente olvidé aquellas lecturas, pero recientemente me llevé la sorpresa de saber que en Alemania iban a presentar al hombre conocido como Juan Matus, cuyo nombre verdadero es Tata Kachora, quien ya antes había sido invitado por el Dalai Lama, y que al inicio de esta primavera realizaría una ceremonia en Tecate, BC. No asistí, detenida en los vaivenes de pensar que la información proveniente de Internet lo mismo puede ser confiable que simples fantasías, ¿será Juan Matus o no? Me preguntaba.
Una amiga sí asistió, regresó contando que había multitud de personas de todos colores, provenientes de muchas partes del mundo, reunidas para la celebración. No es todo. Ella invitó a Tata Kachora a venir a León el próximo mes de mayo, y él aceptó hablar en público y conceder entrevistas personales con quienes lo desearan. Pensé: es posible que entre mis lectores exista alguno a quien le interese, voy a comunicar lo que sé y pienso, ya cada uno verá si le parece atrayente. Por lo pronto, yo iré. Desde en tiempos de mi lectura me quedé con una interrogación, Juan Matus le dice a Carlos algo como esto: la vejez es un acuerdo que tomaron sin estar yo, y no tengo por qué atenerme a él.
Mi amiga me proporcionó los siguientes teléfonos para hacer contacto: Fijo: 763 02 77, nextel:
Ángeles Ruelas 161 56 12, ID 52*24 20 63*1 y Adriana Podio ID 56*145*9369
NIÑOS PRECOCES
Mi nieta de tres años se queda a veces a dormir conmigo. Me sorprende de muchas maneras, pero me impactó descubrirla haciendo movimientos raros, como de hombre teniendo relaciones. Ya la había visto que se montaba en algún sillón o se ponía un cojín entre las piernitas, y esta vez se subió a mi pierna. Le pregunté: ¿Eso qué es? Dijo: Te estoy dando masaje. ¿Quién te enseñó? Mi tía Tal. Es una niña de seis años. ¿Y a ella quién le enseñó? Mi tío Cual. Otro niño de diez, ambos de la familia de mi nuera. Van mucho para allá. No he sabido qué hacer, porque si le digo a mi nuera no me va a creer y posiblemente se enoje, y mi hijo es tan explosivo que temo su reacción. ¿Habrá que llevar a la niña a tratamiento?
RESPUESTA
Te felicito por tu prudencia. No armaste impulsivamente un lío. Estás detenida, tomándote tu tiempo, pensando cuál será la mejor manera de manejar el asunto. A veces, un evento así pone de manifiesto nuestros miedos y queremos “acabar con esto para siempre”, como si fuera posible y deseable: “Hay que darles un castigo ejemplar”, “que ya no se junte con esos niños”, “¿A quién le pongo una demanda, ante cuál autoridad?”, “¿qué clase de tendencias traerá esta niña?”.
La reacción de los adultos frente al descubrimiento infantil de las zonas erógenas es de capital importancia, pues da pautas de comportamiento al futuro adulto. Hace la interpretación básica del significado de los impulsos sexuales, que están presentes toda la vida.
Cierto que los niños de ahora nos sorprenden, parecen traer chips integrados que antes no existían, o que funcionaban con mayor sigilo. Tu nieta, absolutamente sin malicia, siente la confianza suficiente para preguntarte con acciones: “Mira, abuela, otros niños y yo descubrimos esto. ¿Qué opinas?”. Es imposible dejarla sin respuesta, pues incluso el no contestar contiene una visión, como si dijeras: “Perfecto, sigue adelante”, o: “Arréglatelas sola, aquí no hay permiso para hablar de eso”.
¿Qué se debe cuidar? Sobre todo la relación de la niña consigo misma y con su familia: sus padres, primos, tíos y abuelos. En este caso, fue algo que ocurrió entre la pequeña y tú, y tú eres la adulta. Te toca poner los puntos sobre las íes. Invitar a otros a que participen puede afectar la interacción entre ustedes dos y con la familia. Necesitas poner límites, hablar de modales e introducir los conceptos de “espacio vital”, “respeto”, “auto control” y “tiempo y lugar”, con palabras y actitudes que ella pueda entender.
Lo anterior significa que así como no se debe entrar en una casa ajena sin ser invitada, tampoco es adecuado “ofrecer masajes” si la otra persona no quiere. Puedes decir algo como: “Eso no me gustó. Estoy de acuerdo que te sientes en mis piernas si vas a estar quietecita. Siempre y cuando yo quiera. No será buen momento cuando estoy en la computadora o haciendo la comida, y si quisieras que a fuerza, me enojaría y te pondría mala cara”. Respecto a modales y auto control: “En la familia tratamos de ser bien educados, no eructamos en la mesa ni subimos los pies a los asientos del coche. Cuando queremos hacer pipí o popó, vamos al baño y dejamos todo limpio. Hay adultos y niños que son mal educados y no les importa: rayan las bancas en misa, corretean y atropellan a los clientes en el restaurante, se comen los mocos enfrente de todos o hacen movimientos como esos que no me gustaron, sin fijarse en quién los ve y qué imagen dan”. También: “Tú no hagas lo que hacen los niños mal educados, y si alguno sigue o te quiere obligar, puedes decirle “no” con firmeza, y comunicar a tus papás lo que sucede”.
Lo anterior es sólo un ejemplo, no debe ser puesto en práctica textualmente. Tú conoces mejor a tu familia y sus circunstancias, confía en tu buen juicio y haz lo que tu amor te dicte. Posiblemente evitarás que lleven a la niña con el especialista a esa edad tan temprana, ella podría interpretar de mil maneras el hecho de “necesitar” tratamiento, cuando en realidad sólo está creciendo en un mundo alocado.
RESPUESTA
Te felicito por tu prudencia. No armaste impulsivamente un lío. Estás detenida, tomándote tu tiempo, pensando cuál será la mejor manera de manejar el asunto. A veces, un evento así pone de manifiesto nuestros miedos y queremos “acabar con esto para siempre”, como si fuera posible y deseable: “Hay que darles un castigo ejemplar”, “que ya no se junte con esos niños”, “¿A quién le pongo una demanda, ante cuál autoridad?”, “¿qué clase de tendencias traerá esta niña?”.
La reacción de los adultos frente al descubrimiento infantil de las zonas erógenas es de capital importancia, pues da pautas de comportamiento al futuro adulto. Hace la interpretación básica del significado de los impulsos sexuales, que están presentes toda la vida.
Cierto que los niños de ahora nos sorprenden, parecen traer chips integrados que antes no existían, o que funcionaban con mayor sigilo. Tu nieta, absolutamente sin malicia, siente la confianza suficiente para preguntarte con acciones: “Mira, abuela, otros niños y yo descubrimos esto. ¿Qué opinas?”. Es imposible dejarla sin respuesta, pues incluso el no contestar contiene una visión, como si dijeras: “Perfecto, sigue adelante”, o: “Arréglatelas sola, aquí no hay permiso para hablar de eso”.
¿Qué se debe cuidar? Sobre todo la relación de la niña consigo misma y con su familia: sus padres, primos, tíos y abuelos. En este caso, fue algo que ocurrió entre la pequeña y tú, y tú eres la adulta. Te toca poner los puntos sobre las íes. Invitar a otros a que participen puede afectar la interacción entre ustedes dos y con la familia. Necesitas poner límites, hablar de modales e introducir los conceptos de “espacio vital”, “respeto”, “auto control” y “tiempo y lugar”, con palabras y actitudes que ella pueda entender.
Lo anterior significa que así como no se debe entrar en una casa ajena sin ser invitada, tampoco es adecuado “ofrecer masajes” si la otra persona no quiere. Puedes decir algo como: “Eso no me gustó. Estoy de acuerdo que te sientes en mis piernas si vas a estar quietecita. Siempre y cuando yo quiera. No será buen momento cuando estoy en la computadora o haciendo la comida, y si quisieras que a fuerza, me enojaría y te pondría mala cara”. Respecto a modales y auto control: “En la familia tratamos de ser bien educados, no eructamos en la mesa ni subimos los pies a los asientos del coche. Cuando queremos hacer pipí o popó, vamos al baño y dejamos todo limpio. Hay adultos y niños que son mal educados y no les importa: rayan las bancas en misa, corretean y atropellan a los clientes en el restaurante, se comen los mocos enfrente de todos o hacen movimientos como esos que no me gustaron, sin fijarse en quién los ve y qué imagen dan”. También: “Tú no hagas lo que hacen los niños mal educados, y si alguno sigue o te quiere obligar, puedes decirle “no” con firmeza, y comunicar a tus papás lo que sucede”.
Lo anterior es sólo un ejemplo, no debe ser puesto en práctica textualmente. Tú conoces mejor a tu familia y sus circunstancias, confía en tu buen juicio y haz lo que tu amor te dicte. Posiblemente evitarás que lleven a la niña con el especialista a esa edad tan temprana, ella podría interpretar de mil maneras el hecho de “necesitar” tratamiento, cuando en realidad sólo está creciendo en un mundo alocado.
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