Cuantas veces has creído estar en el lugar correcto, en la hora precisa,
en el instante inolvidable que jamás llegó ni llegará, cuando te entregas con tu corazón sin recibir lo que tú sientes, sólo tristezas y desencantos. Qué triste es que un amor grande llegue a su fin. El desencanto es su tumba... y ni para llevarle flores. Vivir sola en tus adentros, es mejor que guardes ese deseo que te hace vibrar. Todo tiene un límite y en este caso creo que se rebosó la copa, miro hacia todos lados y todo se ha ido, o todo sigue, pero no sigue igual, ya nada es igual ni volverá a serlo nunca, y debo afrontarlo. Duele.
RESPUESTA
Gracias por tu correo, muy lindo. Has sido capaz de imprimir belleza al desencanto, que no es agradable. Reflejas sentimientos que todos hemos tenido alguna vez, cuando alguien muy amado nos muestra un rostro que no le conocíamos. Sufrimos. Quisiéramos encontrar la receta que lo (o la) haga cambiar, que lo (o la) modifique y transforme como nosotros necesitamos que sea. El dolor de comprender que nuestros anhelos no pueden ser cumplidos es muy grande, tan grande como las expectativas y las emociones que invertimos en la relación. Sin embargo, el desencanto no es la tumba del amor, sino la cuna de un amor distinto, más grande y realista.
Sublime es poder amar como tú has amado. Como estás amando. Tú lo dices: cuando te entregas con tu corazón. La experiencia es extremadamente valiosa y bella. Luego, siempre, viene el desencanto, inclusive si los amados logran consumar su amor, casarse, vivir juntos, tener hijos… porque la fantasía vuela e imagina una felicidad sin fin… que no existe. A lo más, la felicidad está formada por destellos, fugaces, que si hay suerte (y tenacidad), se repiten con frecuencia.
No hay experiencia más retadora que amar profundamente, ya que implica soñar y entregarse, pero también ser capaz de retomarse y volver a ser sí mismo o sí misma. Te encuentras en la segunda parte, la de recoger tu corazón y seguir entrenándolo para un segundo amor, más amplio y consciente, que se entregará con medida y se recuperará de los desencantos.
Este tema es mi favorito y le dediqué un libro, quizás lo conoces o te guste leerlo, “Biografía del amor”. Está a la venta en Porrúa, Gonvil y otras librerías. En él describo el proceso como el amor evoluciona. Me despido deseándote paz interior.
Bienvenido a mi blog. Soy mujer, divorciada, madre, abuela y también psicóloga. Deseo que encuentres algo que te guste.
lunes, 1 de noviembre de 2010
lunes, 18 de octubre de 2010
VIVIR LA PROPIA VIDA
Leí recientemente en su columna sobre una lesbiana que abandonó a sus hijos. Según entendí, usted opina que el padre debería enseñar a los hijos a honrar a esa madre que los abandonó. Mi pregunta es dónde está lo honorable en lo que hizo y porqué tienen ellos que liberarla de toda responsabilidad, no obstante que están siendo afectados en su desarrollo. ¿Acaso no tienen que aprender a distinguir lo que está bien de lo que está mal? Yo nunca estaré de acuerdo en que se considere lo mismo una familia de padre, madre e hijos y un “matrimonio” de personas del mismo sexo, como ahora se nos pretende hacer creer.
RESPUESTA
Gracias por expresar tu opinión. Cuentan de un gran líder de la ilustración que alguien lo confrontó, diciéndole que no estaba de acuerdo con lo que él pensaba y hacía, y respondió algo como esto: “Tampoco yo estoy de acuerdo con usted, pero daría mi vida por defender su derecho a pensar y expresarse libremente”.
En tu aportación descubro dos temas: 1) lo cuestionable de mi respuesta a la situación de una madre lesbiana que deja a sus hijos por seguir su orientación sexual, y 2) los matrimonios entre personas del mismo sexo. Escribiré sobre el primero, pues nunca he publicado acerca del segundo.
Comenzaré por repetir que cuando me dispongo a contestar una pregunta, me concentro en identificar para quién o quienes será mi respuesta, y de qué manera podrían superar aquello que les obstaculiza tomar plenamente su vida. En el caso que refieres, un padre preguntó cuál sería la mejor actitud para con sus hijos, pues la madre se había marchado en pos de algo que ella consideró le convenía.
No es difícil imaginar el dolor de la familia ante el hecho, lo difícil es salir del trauma y volver la mirada hacia la propia vida. El mayor riesgo es no poder modificar el foco de la atención y quedar paralizados mirando aquello que duele, y por tanto, olvidar que cada cual tiene sus propias responsabilidades y asuntos qué resolver. Aconsejar que padre e hijos se detengan a analizar si el hecho estuvo mal o bien sería redundante, ellos ya están haciéndolo, sin necesidad de que alguien intervenga. Había que aportar algo nuevo.
Lo nuevo consistió en recordar que cada persona puede vivir solamente lo suyo. Que ninguno podemos liberar de sus responsabilidades a nadie, puesto que le pertenecen. Tampoco vivir la vida de otros, ya que nos es imposible comer, dormir, aprender o morir en su lugar. Y no nos es dado cargar con las equivocaciones o méritos ajenos sin ser intrusos. Quien enfoca su atención en los proyectos y acciones de los demás, no atiende a los propios.
En este caso, honrar significa reconocer la capacidad y el derecho de una persona para decidir, inclusive si consideramos que comete un error, y dejarla experimentar tanto el hecho como las consecuencias, sin inmiscuirnos con la intención de mitigar o aumentar dichas consecuencias, ya sea juzgándola, compadeciéndola, justificándola, castigándola, sufriendo en su lugar o cargando de alguna manera lo que ella debe cargar y asumir.
Lo anterior va más allá de lo que usualmente hemos aprendido y plantea una fuerte exigencia de crecimiento tanto en el padre como en los hijos; pero, de darse, los dejaría fortalecidos y libres. Solamente ellos pueden decidir si la respuesta los convence o no.
RESPUESTA
Gracias por expresar tu opinión. Cuentan de un gran líder de la ilustración que alguien lo confrontó, diciéndole que no estaba de acuerdo con lo que él pensaba y hacía, y respondió algo como esto: “Tampoco yo estoy de acuerdo con usted, pero daría mi vida por defender su derecho a pensar y expresarse libremente”.
En tu aportación descubro dos temas: 1) lo cuestionable de mi respuesta a la situación de una madre lesbiana que deja a sus hijos por seguir su orientación sexual, y 2) los matrimonios entre personas del mismo sexo. Escribiré sobre el primero, pues nunca he publicado acerca del segundo.
Comenzaré por repetir que cuando me dispongo a contestar una pregunta, me concentro en identificar para quién o quienes será mi respuesta, y de qué manera podrían superar aquello que les obstaculiza tomar plenamente su vida. En el caso que refieres, un padre preguntó cuál sería la mejor actitud para con sus hijos, pues la madre se había marchado en pos de algo que ella consideró le convenía.
No es difícil imaginar el dolor de la familia ante el hecho, lo difícil es salir del trauma y volver la mirada hacia la propia vida. El mayor riesgo es no poder modificar el foco de la atención y quedar paralizados mirando aquello que duele, y por tanto, olvidar que cada cual tiene sus propias responsabilidades y asuntos qué resolver. Aconsejar que padre e hijos se detengan a analizar si el hecho estuvo mal o bien sería redundante, ellos ya están haciéndolo, sin necesidad de que alguien intervenga. Había que aportar algo nuevo.
Lo nuevo consistió en recordar que cada persona puede vivir solamente lo suyo. Que ninguno podemos liberar de sus responsabilidades a nadie, puesto que le pertenecen. Tampoco vivir la vida de otros, ya que nos es imposible comer, dormir, aprender o morir en su lugar. Y no nos es dado cargar con las equivocaciones o méritos ajenos sin ser intrusos. Quien enfoca su atención en los proyectos y acciones de los demás, no atiende a los propios.
En este caso, honrar significa reconocer la capacidad y el derecho de una persona para decidir, inclusive si consideramos que comete un error, y dejarla experimentar tanto el hecho como las consecuencias, sin inmiscuirnos con la intención de mitigar o aumentar dichas consecuencias, ya sea juzgándola, compadeciéndola, justificándola, castigándola, sufriendo en su lugar o cargando de alguna manera lo que ella debe cargar y asumir.
Lo anterior va más allá de lo que usualmente hemos aprendido y plantea una fuerte exigencia de crecimiento tanto en el padre como en los hijos; pero, de darse, los dejaría fortalecidos y libres. Solamente ellos pueden decidir si la respuesta los convence o no.
lunes, 11 de octubre de 2010
RESISTENCIA A COMPROMETERSE
¿Qué les pasa a los jóvenes que no quieren compromisos? Uno de mis hijos va para los 30 años y dice que siempre será soltero, que mejor va a tener un hijo o dos con alguna mujer que quiera. Yo le dije: “Piénsate lo de tener un hijo, porque en cuanto haya niño, te va a dar igual estar casado, arrejuntado o como quieras estar... la ley, una vez que nace un niño, es abusiva contra el hombre, estés en la situación que estés”. Eso le dije y no supe qué efecto le hizo, pero me queda la espina de que se trata de algo fundamental. No sé si haya una intervención de mi parte que le sirva.
RESPUESTA
Estás preocupado por tu hijo. Quisieras tener para él todas las respuestas. Quizás te gustaría poder contestarle como cuando era niño y te preguntaba por qué esto o porqué lo otro y te sentías satisfecho, incluso si llegaba a desesperarte.
Hoy sigues teniendo muchas respuestas para él, si bien no todas, pues algunas deberá encontrarlas él mismo. Y los diálogos entre ustedes siguen realizándose como en aquel tiempo de la infancia, en parte con palabras y en parte con hechos. Juzgo que lo que aquí planteas pertenece a la primera categoría, la de las palabras, de lo contrario, ya estarías frente al hecho de ser abuelo sin boda previa.
Algunas preguntas se formulan como tales y otras parecen afirmaciones categóricas: “No me casaré jamás”. Cabe la posibilidad de que él esté preguntándote: “¿Qué opinarías de mí si me quedara soltero para siempre, y sólo tuviera un hijo o dos por ahí, con la mujer que así lo aceptara?”.
Captaste bien que se trata de algo fundamental, y le diste dos respuestas. La primera, clara e indiscutible: Piénsalo bien, porque ya sea que estés casado, arrejuntado o como quieras estar, será tu hijo. Y la segunda, algo más ambigua: La ley es abusiva con los hombres.
Me pregunto si con esta última quisiste suavizar o enfatizar la primera, la cual evidenciaba la responsabilidad que tu hijo adquiriría al convertirse en padre. Si tu intención hubiera sido quitarle peso, fue un esfuerzo inútil, ya que la paternidad es un compromiso que cambia la vida radicalmente, no tanto porque lo dicen las leyes humanas, sino porque así es. Pero si lo que hubieras deseado sería que él recapacitara en que la ley reconoce compromisos, obligaciones y derechos en los padres varones, tal vez disminuiste la fuerza de tu argumento llamándola abusiva. Esta palabra, “abusiva”, significa que es injusto y arbitrario lo que instituye.
Preguntas si hay una intervención de tu parte que le sirva a tu hijo. Creo que ya la estás teniendo, al responder con sinceridad lo que piensas. También, al exponer tu situación y buscar nuevas opiniones que esclarezcan las tuyas. Así ampliamos nuestros conocimientos los humanos, preguntando aquí, consultando allá, y permaneciendo flexibles para analizar con calma lo que vamos encontrando. Te deseo lo mejor.
RESPUESTA
Estás preocupado por tu hijo. Quisieras tener para él todas las respuestas. Quizás te gustaría poder contestarle como cuando era niño y te preguntaba por qué esto o porqué lo otro y te sentías satisfecho, incluso si llegaba a desesperarte.
Hoy sigues teniendo muchas respuestas para él, si bien no todas, pues algunas deberá encontrarlas él mismo. Y los diálogos entre ustedes siguen realizándose como en aquel tiempo de la infancia, en parte con palabras y en parte con hechos. Juzgo que lo que aquí planteas pertenece a la primera categoría, la de las palabras, de lo contrario, ya estarías frente al hecho de ser abuelo sin boda previa.
Algunas preguntas se formulan como tales y otras parecen afirmaciones categóricas: “No me casaré jamás”. Cabe la posibilidad de que él esté preguntándote: “¿Qué opinarías de mí si me quedara soltero para siempre, y sólo tuviera un hijo o dos por ahí, con la mujer que así lo aceptara?”.
Captaste bien que se trata de algo fundamental, y le diste dos respuestas. La primera, clara e indiscutible: Piénsalo bien, porque ya sea que estés casado, arrejuntado o como quieras estar, será tu hijo. Y la segunda, algo más ambigua: La ley es abusiva con los hombres.
Me pregunto si con esta última quisiste suavizar o enfatizar la primera, la cual evidenciaba la responsabilidad que tu hijo adquiriría al convertirse en padre. Si tu intención hubiera sido quitarle peso, fue un esfuerzo inútil, ya que la paternidad es un compromiso que cambia la vida radicalmente, no tanto porque lo dicen las leyes humanas, sino porque así es. Pero si lo que hubieras deseado sería que él recapacitara en que la ley reconoce compromisos, obligaciones y derechos en los padres varones, tal vez disminuiste la fuerza de tu argumento llamándola abusiva. Esta palabra, “abusiva”, significa que es injusto y arbitrario lo que instituye.
Preguntas si hay una intervención de tu parte que le sirva a tu hijo. Creo que ya la estás teniendo, al responder con sinceridad lo que piensas. También, al exponer tu situación y buscar nuevas opiniones que esclarezcan las tuyas. Así ampliamos nuestros conocimientos los humanos, preguntando aquí, consultando allá, y permaneciendo flexibles para analizar con calma lo que vamos encontrando. Te deseo lo mejor.
lunes, 4 de octubre de 2010
MI AMIGO MURIO EN UN ACCIDENTE
Un amigo de la escuela tuvo un accidente y murió. Me afectó demasiado, me siento extraña, como fuera de mí misma, sin ganas de nada ni siquiera salir, no creo que sea miedo si acaso un poco, es que no es justo, él tenía 20 años igual que yo, es horrible, me la paso viendo fotos y correos que me mandaba, o nuevos que no contesto. Quisiera que alguien me dijera algo que me ayude o qué se hace en estos casos.
RESPUESTA
En estos casos se siente lo que tú sientes y se llora mucho. Dicen que el tiempo ayuda y es cierto, porque todo pasa y esto también pasará, pero pensarlo no te consuela. En el fondo, cuando ha habido mucho afecto, no se desea terminar de inmediato con el sufrimiento, es como un tributo para el ser querido, así que te toca sufrir intensamente durante una temporada. Sin embargo...
Es mucho lo que puedes y necesitas hacer. Puesto que te sientes extraña y fuera de ti misma, te urge volver, “sentirte en casa”. ¿Dónde estamos en casa? En ese sitio que sabemos nuestro, conocido y confortable que nos hace sentirnos a salvo. La dirección de dicho lugar no es terrenal o humana, sino espiritual. Se trata de lo más profundo del propio ser, de la propia alma. Bien afianzados en ella, si nos es preciso abandonar relaciones e iniciar otras nuevas, cambiar de rumbo, mudarnos de domicilio o de país, o cualquier cosa igualmente fuerte, seguiremos donde debemos estar: en nosotros mismos, en casa, a pesar del dolor y del estremecimiento. Quizá quieras repetir en tu interior: “Yo soy (tu nombre completo con apellidos) y estoy aquí”. Esto para volver en ti. Y agregar: “Querido (el nombre de tu amigo que dejó este mundo), tú estás allá. Te tocó partir antes que a mí. Gracias por todo lo que en vida me diste. Seguirás viviendo en mi corazón. Haré algo bueno en memoria tuya”.
Suele suceder que cuando alguien tiene un destino inesperado, como tu amigo, intuimos su dolor y el de su familia y, por cariño, quisiéramos poder hacer algo en su favor. Por supuesto que no sabemos qué, pues tales dolores son personales y es imposible que nadie los sufra en lugar de otro. Tampoco podemos aliviarlos. A veces, atinamos a rezar por su consuelo o a escuchar su pena. Esto sirve. También a ti te serviría conversar lo que sientes, hasta disiparlo. Se dice que “lo que no se conversa, se imprime”. ¿Quién desearía que se te quedaran impresas para siempre las dolorosas sensaciones actuales? Llegará el día en que vuelvas a la alegría de tu juventud, si buscas con quién platicar, inclusive si fuera con un psicoterapeuta. Y pide abrazos a quien tengas confianza y quiera dártelos, sin que sean eróticos. Estos últimos tienen el riesgo de hacerte confundir los enormes sentimientos que ya tienes, con un apasionamiento. Espera un poco, para que cuando digas “te amo” sea verdadero, y no el producto de una confusión. Te deseo paz.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com o al teléfono 7 63 47 28
RESPUESTA
En estos casos se siente lo que tú sientes y se llora mucho. Dicen que el tiempo ayuda y es cierto, porque todo pasa y esto también pasará, pero pensarlo no te consuela. En el fondo, cuando ha habido mucho afecto, no se desea terminar de inmediato con el sufrimiento, es como un tributo para el ser querido, así que te toca sufrir intensamente durante una temporada. Sin embargo...
Es mucho lo que puedes y necesitas hacer. Puesto que te sientes extraña y fuera de ti misma, te urge volver, “sentirte en casa”. ¿Dónde estamos en casa? En ese sitio que sabemos nuestro, conocido y confortable que nos hace sentirnos a salvo. La dirección de dicho lugar no es terrenal o humana, sino espiritual. Se trata de lo más profundo del propio ser, de la propia alma. Bien afianzados en ella, si nos es preciso abandonar relaciones e iniciar otras nuevas, cambiar de rumbo, mudarnos de domicilio o de país, o cualquier cosa igualmente fuerte, seguiremos donde debemos estar: en nosotros mismos, en casa, a pesar del dolor y del estremecimiento. Quizá quieras repetir en tu interior: “Yo soy (tu nombre completo con apellidos) y estoy aquí”. Esto para volver en ti. Y agregar: “Querido (el nombre de tu amigo que dejó este mundo), tú estás allá. Te tocó partir antes que a mí. Gracias por todo lo que en vida me diste. Seguirás viviendo en mi corazón. Haré algo bueno en memoria tuya”.
Suele suceder que cuando alguien tiene un destino inesperado, como tu amigo, intuimos su dolor y el de su familia y, por cariño, quisiéramos poder hacer algo en su favor. Por supuesto que no sabemos qué, pues tales dolores son personales y es imposible que nadie los sufra en lugar de otro. Tampoco podemos aliviarlos. A veces, atinamos a rezar por su consuelo o a escuchar su pena. Esto sirve. También a ti te serviría conversar lo que sientes, hasta disiparlo. Se dice que “lo que no se conversa, se imprime”. ¿Quién desearía que se te quedaran impresas para siempre las dolorosas sensaciones actuales? Llegará el día en que vuelvas a la alegría de tu juventud, si buscas con quién platicar, inclusive si fuera con un psicoterapeuta. Y pide abrazos a quien tengas confianza y quiera dártelos, sin que sean eróticos. Estos últimos tienen el riesgo de hacerte confundir los enormes sentimientos que ya tienes, con un apasionamiento. Espera un poco, para que cuando digas “te amo” sea verdadero, y no el producto de una confusión. Te deseo paz.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com o al teléfono 7 63 47 28
lunes, 27 de septiembre de 2010
UN EJERCICIO LIBRE
Tengo 43 años, soltero. Este viernes salí de compras y compré bastantitas cosas. Cuando llegue a casa no me atreví a decir a nadie lo que compré, el chiste es que me torné aturdido, confuso y me sentí mal porque casi me acabé el dinero que traía. Luego, salió a relucir una frase que me gusta: No es controlándote como lograrás controlarte. Es que soy partidario de Vivirlo, para dejarlo (trascenderlo). Saqué una frase de este tema que dice: Los vicios se viven; luego, hasta entonces, se dejan. Practicar esta filosofía es peligroso, puede quedarse uno atascado en el proceso… pero ahí voy, yo, al pasito. Y es que sí, me sentí mal de excederme en gastos; pero luego luego me ubiqué en mi actitud: no es diciendo “no lo vuelvo a hacer”, “me llevaré menos dinero” o “voy a controlarme”. Soy partidario de fluir y no limitarse. Obviamente, ser así me trae problemas; pero sería mayor el problema si me evito, si evito la manifestación libre, fluida, sin trabas, de mi personalidad. Me acordé de otra frase: Tengo la actitud adecuada: no tengo actitud alguna. Claro, soy un “fracasado”, inútil, menso; pero mi esencia es fuerte y vivo mi esencia, creo que eso es finalmente lo que importa, ¡con todas las personas! Es acercándote a la luz del fuego, como lograrás algún día no quemarte.
RESPUESTA
No me haces preguntas. Tu correo me inspiró lo siguiente, quién sabe si te agrade:
Bueno, te fuiste de compras, gastaste más de lo que querías, lo disfrutaste, después te sentiste mal, aturdido y confuso y diste inicio a un diálogo interior:
- No es controlándote como lograrás controlarte – dijo la parte de tu personalidad que le gustan las frases.
- Soy partidario de vivirlo, para dejarlo (trascenderlo)- afirmó tu yo, pues habla en primera persona.
- Los vicios se viven; luego, hasta entonces, se dejan- dogmatizó la de las frases, universalizando su argumento.
- Practicar esta filosofía es peligroso, puede quedarse uno atascado en el proceso – opinó otra de tus personalidades, la cautelosa.
- Pero ahí voy, yo, al pasito – dijo tu yo.
Aquí me hace falta introducir otra voz, ¿cuál?, que pregunte:
- ¿Al pasito hacia dónde?
- Me sentí mal de excederme en gastos, pero de inmediato me ubiqué en mi actitud: no es diciéndome “no lo vuelvo a hacer”, “llevaré menos dinero” o “voy a controlarme”... ¡No! Yo soy partidario de fluir, de no limitarse – afirma tu yo.
- ¿Cero límites?, ¿y entonces, qué pasa? – pregunta la voz introducida, que sólo en apariencia es inaudible, ya que el yo le contesta:
- Ser así me trae problemas. Pero sería mayor el problema si me evito, si evito la manifestación libre, fluida y sin trabas de mi personalidad.
- ¿Te gustan las emociones fuertes, eh?, ¿vivir en el peligro? – interroga la parte de tu personalidad recientemente incluida.
- Tengo la actitud adecuada: no tener actitud alguna. – interrumpe la de las frases.
- Claro, soy un fracasado, inútil, menso...
- ¿Quién dijo eso?, ¿el yo?, ¿alguien se lo ha dicho, o piensa así de sí mismo?, ¿acaso existe otra voz que no tiene voz, como yo? – vuelve a intervenir la personalidad menospreciada.
Nadie la escucha.
- Pero mi esencia es fuerte. Vivo mi esencia y creo que eso es finalmente lo que importa ¡con todas las personas! - continúa el yo en primera persona.
- No hay reglas; incluso la regla de que no hay reglas - interviene la de las frases con aplomo.
- ¿Es eso verdad?, ¿cómo lo sabes? – insiste la voz sin derechos.
- La verdad es para unos cuantos; si fuera para todos, no sería verdad – concluye la de las frases, y agrega: - Es acercándote a la luz del fuego como lograrás algún día no quemarte.
- Espero que así sea – murmura la voz que nadie oye.
FIN
RESPUESTA
No me haces preguntas. Tu correo me inspiró lo siguiente, quién sabe si te agrade:
Bueno, te fuiste de compras, gastaste más de lo que querías, lo disfrutaste, después te sentiste mal, aturdido y confuso y diste inicio a un diálogo interior:
- No es controlándote como lograrás controlarte – dijo la parte de tu personalidad que le gustan las frases.
- Soy partidario de vivirlo, para dejarlo (trascenderlo)- afirmó tu yo, pues habla en primera persona.
- Los vicios se viven; luego, hasta entonces, se dejan- dogmatizó la de las frases, universalizando su argumento.
- Practicar esta filosofía es peligroso, puede quedarse uno atascado en el proceso – opinó otra de tus personalidades, la cautelosa.
- Pero ahí voy, yo, al pasito – dijo tu yo.
Aquí me hace falta introducir otra voz, ¿cuál?, que pregunte:
- ¿Al pasito hacia dónde?
- Me sentí mal de excederme en gastos, pero de inmediato me ubiqué en mi actitud: no es diciéndome “no lo vuelvo a hacer”, “llevaré menos dinero” o “voy a controlarme”... ¡No! Yo soy partidario de fluir, de no limitarse – afirma tu yo.
- ¿Cero límites?, ¿y entonces, qué pasa? – pregunta la voz introducida, que sólo en apariencia es inaudible, ya que el yo le contesta:
- Ser así me trae problemas. Pero sería mayor el problema si me evito, si evito la manifestación libre, fluida y sin trabas de mi personalidad.
- ¿Te gustan las emociones fuertes, eh?, ¿vivir en el peligro? – interroga la parte de tu personalidad recientemente incluida.
- Tengo la actitud adecuada: no tener actitud alguna. – interrumpe la de las frases.
- Claro, soy un fracasado, inútil, menso...
- ¿Quién dijo eso?, ¿el yo?, ¿alguien se lo ha dicho, o piensa así de sí mismo?, ¿acaso existe otra voz que no tiene voz, como yo? – vuelve a intervenir la personalidad menospreciada.
Nadie la escucha.
- Pero mi esencia es fuerte. Vivo mi esencia y creo que eso es finalmente lo que importa ¡con todas las personas! - continúa el yo en primera persona.
- No hay reglas; incluso la regla de que no hay reglas - interviene la de las frases con aplomo.
- ¿Es eso verdad?, ¿cómo lo sabes? – insiste la voz sin derechos.
- La verdad es para unos cuantos; si fuera para todos, no sería verdad – concluye la de las frases, y agrega: - Es acercándote a la luz del fuego como lograrás algún día no quemarte.
- Espero que así sea – murmura la voz que nadie oye.
FIN
CAPITALIZAR LO QUE ES DE UNO
Hace un año me divorcié, fue difícil. Al principio me enfoqué a buscar una pareja para llenar el vacío que me dejó la relación anterior, pero hice un alto y mejor me ocupé de trabajar mi duelo. Fue muy doloroso el proceso, pero creo que estoy saliendo. Ahora siento que ya estoy preparado para iniciar otra relación.
¿Qué sugerencias me puedes dar para poder relacionarme con amistades y conocer una mujer e iniciar una relación? ¿Cómo debo empezar? Ya que estando casado siempre me enfoqué a mi familia y descuidé conocer personas, y siento que a mi edad es complicado, tengo 40 años y soy un poco tímido.
RESPUESTA
La respuesta clásica a tu pregunta sería: “Sal de tu soledad e inscríbete en un curso de lo que sea, un club, un partido político, un maratón, cualquier grupo, o ponle un collar a tu perro y sácalo a pasear, para que conozcas gente que conoce gente y puedas establecer contacto...”.
Repito que la anterior sería la respuesta usual y posiblemente la has practicado ya, pero tú sabes que no es suficiente estar dentro de una multitud para sentirse acompañado y llenar el vacío interior, ya que éste no puede ser llenado de cualquier manera. Si imaginamos la vida como un rompecabezas, sólo la pieza adecuada encaja en el hueco que falta. Hay mucho trabajo previo que hacer.
Lo primero es dejar de percibirte vacío y con un hueco qué necesita ser llenado. Las sensaciones de soledad y de carencia ahuyentan a la gente. Lo contrario es sentirte pleno y abundante. ¿De qué? De amor, experiencia y cosas qué ofrecer. ¿Cómo se logra esta plenitud?
En tu alma, necesitas reconciliarte con las mujeres. La primera y más importante es tu mamá, pues para ti, ella las representa a todas. Podrías, interiormente, inclinar tu cabeza ante su imagen y decirle: “Te honro, y en ti honro a todas las mujeres”. Esto significa que tal como ella sea o haya sido, la tomas en tu corazón para amarla. Con esta actitud, expulsarías cualquier resentimiento, rencor y exigencia y te llenarías de amor.
Aparte, en tu alma, necesitas reconciliarte con tu pareja anterior y todas las que hayas tenido. Son tu fuente de experiencia. Podrías visualizarlas y decir a cada una: “Gracias”. Con ello, estarías honrando lo que has vivido, en lugar de percibirlo como desgracia o causa de inseguridad, complejos o culpabilidad, y te percibirías rebosante de experiencias positivas que forman parte de tu riqueza. Una persona así, que irradia amor y sabiduría, es atractiva para cualquier ser humano, pues le permite sentir que es bienvenido y puede surtirse de todas las cosas bellas que guarda en el interior.
Te encuentras en el final de un capítulo de tu vida e inicio de otro. Tu pasado es tu capital, lo que te hace rico. Cuando hayas tomado con amor todo lo tuyo, estés pleno, y sepas compartir tu plenitud, sin darte cuenta estarás practicando lo que al principio llamé “respuesta clásica”, en un maravilloso y estimulante intercambio de bienes.
¿Qué sugerencias me puedes dar para poder relacionarme con amistades y conocer una mujer e iniciar una relación? ¿Cómo debo empezar? Ya que estando casado siempre me enfoqué a mi familia y descuidé conocer personas, y siento que a mi edad es complicado, tengo 40 años y soy un poco tímido.
RESPUESTA
La respuesta clásica a tu pregunta sería: “Sal de tu soledad e inscríbete en un curso de lo que sea, un club, un partido político, un maratón, cualquier grupo, o ponle un collar a tu perro y sácalo a pasear, para que conozcas gente que conoce gente y puedas establecer contacto...”.
Repito que la anterior sería la respuesta usual y posiblemente la has practicado ya, pero tú sabes que no es suficiente estar dentro de una multitud para sentirse acompañado y llenar el vacío interior, ya que éste no puede ser llenado de cualquier manera. Si imaginamos la vida como un rompecabezas, sólo la pieza adecuada encaja en el hueco que falta. Hay mucho trabajo previo que hacer.
Lo primero es dejar de percibirte vacío y con un hueco qué necesita ser llenado. Las sensaciones de soledad y de carencia ahuyentan a la gente. Lo contrario es sentirte pleno y abundante. ¿De qué? De amor, experiencia y cosas qué ofrecer. ¿Cómo se logra esta plenitud?
En tu alma, necesitas reconciliarte con las mujeres. La primera y más importante es tu mamá, pues para ti, ella las representa a todas. Podrías, interiormente, inclinar tu cabeza ante su imagen y decirle: “Te honro, y en ti honro a todas las mujeres”. Esto significa que tal como ella sea o haya sido, la tomas en tu corazón para amarla. Con esta actitud, expulsarías cualquier resentimiento, rencor y exigencia y te llenarías de amor.
Aparte, en tu alma, necesitas reconciliarte con tu pareja anterior y todas las que hayas tenido. Son tu fuente de experiencia. Podrías visualizarlas y decir a cada una: “Gracias”. Con ello, estarías honrando lo que has vivido, en lugar de percibirlo como desgracia o causa de inseguridad, complejos o culpabilidad, y te percibirías rebosante de experiencias positivas que forman parte de tu riqueza. Una persona así, que irradia amor y sabiduría, es atractiva para cualquier ser humano, pues le permite sentir que es bienvenido y puede surtirse de todas las cosas bellas que guarda en el interior.
Te encuentras en el final de un capítulo de tu vida e inicio de otro. Tu pasado es tu capital, lo que te hace rico. Cuando hayas tomado con amor todo lo tuyo, estés pleno, y sepas compartir tu plenitud, sin darte cuenta estarás practicando lo que al principio llamé “respuesta clásica”, en un maravilloso y estimulante intercambio de bienes.
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lunes, 13 de septiembre de 2010
LO POSITIVO DE LA CULPA
Me siento culpable porque durante los últimos seis años de vida de mi madre me fui al D.F., según yo siguiendo el amor, pero además de que resultó falso como ella me lo advirtió, yo, por tratar de arreglar lo que no tenía remedio, a ella no le puse atención ni vine a verla, hasta que estuvo grave y murió. Mis hermanos me reprocharon, tal vez con razón, que la empujé a la muerte, ella nunca se hizo a la idea de que yo viviera con un hombre que tenía otra familia. Luego que mi mamá nos dejó, terminé con esa relación, pero no tengo tranquilidad y además no sé cómo explicarle a mi hija, ahora de 9 años, todo lo que pasó, por qué nos vinimos y nunca ha vuelto a ver a su papá. Mi pregunta es qué puedo yo hacer, porque la niña no tiene culpa de nada.
RESPUESTA
Te sientes culpable. La culpa mueve, nos pone inquietos. Los perezosos y los deprimidos son personas que no quieren tomar sus culpas. Permanecen paralizados, como casas sin energía eléctrica, en la que no funciona el refrigerador, la lavadora, la plancha… y tampoco se puede oír música o ver televisión. Al negar su culpabilidad, quedan aparentemente quietos, escondidos detrás de la impotencia y del sentirse víctimas. Pero no les es dado renunciar al poder que los arrastra. Porque lo tienen, es irrenunciablemente suyo, y lo usan -no puede ser de otra manera-, sólo que en su propia contra, para destruirse, ya que una culpa no resuelta conduce al auto castigo y a la expiación.
En cambio, las personas que toman su culpa, sin negarla ni evadirla, reciben con ella un poderoso manantial de energía; pueden reparar el daño, asumir su responsabilidad y crecer más grandes que el problema, superarlo.
Tú no niegas tu culpa, sólo te falta permitirle que sea el manantial de tu energía. ¿Qué quiero decir? Que por mucho que te hayas equivocado, inclusive si fuera cierto que empujabas a tu madre a la muerte, son este tipo de acciones fuertes y dolorosas las que más nos obligan a crecer, al menos para soportarlas. Y si abandonamos la necesidad de sentirnos perfectos o impecables, nos convierten en seres humanos seguros y valerosos, puesto que fuimos capaces de sobrevivir a algo que nos ocasionó gran dolor.
Pues bien, sobreviviste a dos penas grandes: la de desilusionarte de tu amor y la de que tu madre haya muerto. Puedes sobrevivir a más cosas. Puedes convertir tu culpa en la fuente de tu energía, y con ella, armada de este valor, reconocer que tu hija necesita de su padre. Puedes permitir que lo ame y tenga deseos de verlo. Puedes dejarla libre y sin la necesidad de ver las cosas como tú las ves. Creo que le harás bien si, en lugar de inculcarle que es hija de la culpa, le dices que lo es de aquel amor que una vez unió a sus padres y luego no pudo mantenerlos juntos, salvo dentro de ella, pues él y tú conviven en su cuerpo, donde jamás podrán separarse, pues ella es mitad tú y mitad su papá, conjuntados en una vida nueva y distinta. Serás lo suficientemente fuerte para respetar el derecho sagrado de tu hija de sentirse digna de la vida que recibió.
RESPUESTA
Te sientes culpable. La culpa mueve, nos pone inquietos. Los perezosos y los deprimidos son personas que no quieren tomar sus culpas. Permanecen paralizados, como casas sin energía eléctrica, en la que no funciona el refrigerador, la lavadora, la plancha… y tampoco se puede oír música o ver televisión. Al negar su culpabilidad, quedan aparentemente quietos, escondidos detrás de la impotencia y del sentirse víctimas. Pero no les es dado renunciar al poder que los arrastra. Porque lo tienen, es irrenunciablemente suyo, y lo usan -no puede ser de otra manera-, sólo que en su propia contra, para destruirse, ya que una culpa no resuelta conduce al auto castigo y a la expiación.
En cambio, las personas que toman su culpa, sin negarla ni evadirla, reciben con ella un poderoso manantial de energía; pueden reparar el daño, asumir su responsabilidad y crecer más grandes que el problema, superarlo.
Tú no niegas tu culpa, sólo te falta permitirle que sea el manantial de tu energía. ¿Qué quiero decir? Que por mucho que te hayas equivocado, inclusive si fuera cierto que empujabas a tu madre a la muerte, son este tipo de acciones fuertes y dolorosas las que más nos obligan a crecer, al menos para soportarlas. Y si abandonamos la necesidad de sentirnos perfectos o impecables, nos convierten en seres humanos seguros y valerosos, puesto que fuimos capaces de sobrevivir a algo que nos ocasionó gran dolor.
Pues bien, sobreviviste a dos penas grandes: la de desilusionarte de tu amor y la de que tu madre haya muerto. Puedes sobrevivir a más cosas. Puedes convertir tu culpa en la fuente de tu energía, y con ella, armada de este valor, reconocer que tu hija necesita de su padre. Puedes permitir que lo ame y tenga deseos de verlo. Puedes dejarla libre y sin la necesidad de ver las cosas como tú las ves. Creo que le harás bien si, en lugar de inculcarle que es hija de la culpa, le dices que lo es de aquel amor que una vez unió a sus padres y luego no pudo mantenerlos juntos, salvo dentro de ella, pues él y tú conviven en su cuerpo, donde jamás podrán separarse, pues ella es mitad tú y mitad su papá, conjuntados en una vida nueva y distinta. Serás lo suficientemente fuerte para respetar el derecho sagrado de tu hija de sentirse digna de la vida que recibió.
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