lunes, 12 de diciembre de 2011

HIJA CON DISCAPACIDAD

HIJA CON DISCAPACIDAD
Soy divorciada, la ruptura se derivó al tener una niña diagnosticada con Parálisis Cerebral. Fue muy doloroso rehacer mi vida, lo logré con ayuda de psicólogo, tanatólogo y sobre todo mi madre. Al padre de mis hijos no lo he visto. Usted afirma en uno de sus artículos que si los hijos pueden amar a los padres, entonces se amarán a sí mismos. Me parece muy duro. ¿Cómo se hace para explicarles a los hijos que su papá siempre será su papá y deben amarlo, aunque no esté ni lo vean?
RESPUESTA
Tú mejor que nadie, sabrás cómo hablar con tus hijos aunque te parezca duro, porque eres quien más los ama y conoce, siempre y cuando creas que es mejor vivir con amor, porque hayas logrado superar tus rencores y desencantos. Esto es más fácil decirlo que vivirlo.
Te ha tocado vivir cosas duras. La más difícil es la parálisis cerebral de tu hija. Un niño con capacidades y necesidades diferentes coloca a toda la familia en una situación de generosidad constante. La lleva a expandir sus límites mucho más allá de lo que se puede imaginar. Como en todo lo difícil, el resultado es un desarrollo espiritual extraordinario, o la huida.
Tú ya estás tomando la vida como viene, todos los días, amando en lo cotidiano al adaptarte a lo que el destino impone y al apoyar a los tuyos a lo mismo, buscando juntos la fórmula para que cada miembro de la familia satisfaga sus necesidades y desarrolle sus capacidades, siempre diferentes.
No hay fórmulas generales, todas son únicas. Alguien que nació en la realeza, debe recibir un entrenamiento específico para adaptarse a ella, y renunciar a vivencias que en otro ambiente se considerarían normales. Igual cada persona, necesita entrenamiento para adaptarse a sus circunstancias y ambiente, saber con qué cuenta y con qué no, y a partir de ello trabajar para estar bien. Los rezongos y las quejas solamente son obstáculos para tomar la vida como viene. Expresan rebeldía y la pretensión de que algo no debería ser como es, pero que no cambiará a base de lamentos. Cada vez que alguien toma las cosas como son y estudia la manera de aprovecharlas, invariablemente obtiene algo fuera de lo común. Los que inventaron la aviación no rechazaron la gravedad ni se rebelaron contra ella; se entregaron a la tarea de estudiarla y fabricaron un artefacto que, obedeciendo esta ley, se impone y vuela. Actualmente, surcamos los aires a una velocidad pasmosa.
Las necesidades especiales de tus hijos no se reducen a la parálisis cerebral de la niña, también la ausencia del padre es algo que deben aprender a integrar armoniosamente a su experiencia, para que no se les convierta en trauma. Éste es otro reto de los que expanden los límites del ser humano más allá de lo comúnmente considerado posible.
Los niños aman a sus progenitores, los extrañan e idealizan, creen que, haciendo determinadas cosas, pueden lograr que amen más de como realmente lo hacen. Luego, topan con que la vida es como es y hay acontecimientos que no se pueden modificar. Tal frustración es universal.
Un trauma sería esta frustración agravada y favorecida con expresiones que impidan aceptar lo que es: “Pobrecitos de mis hijos”, “no es justo lo que su papá hace”, “si no me hubiera equivocado al escogerlo”, “Dios se encargará de juzgarlo y darle su merecido”, etc. Lo anterior es muy distinto a: “Las cosas son como son y con ellas tenemos que vivir. Vamos a tomar nuestra fuerza y a dejar de pensar en lo justo o injusto de la situación. Pagaremos el precio que debamos pagar por nuestro bienestar. Cada uno es el responsable de estar bien. Lo que hagan o dejen de hacer otras personas es asunto suyo, el nuestro es estar bien”. Éstas son ideas, las palabras adecuadas para que sean entendidas por tus niños, las pones tú.

lunes, 5 de diciembre de 2011

CASARSE CON UNA DIVORCIADA

Su columna “Casarse con un divorciado” me cayó como anillo al dedo, pero de forma contraria. Yo pasé por un divorcio hace 3 años y medio. Razones... muchas. Fue muy doloroso rehacer mi vida, salir adelante con mis dos niños y superar el trauma, lo cual no hice sola, tuve ayuda profesional y de mi madre, que está ahí para apoyarme con los cuidados de los niños, mientras yo trabajo. Respecto al padre de mis hijos, trato de mantener una relación lo más respetuosa posible, por el bien de ellos, aunque la indiferencia y la lejanía de él como padre me preocupa por el desarrollo emocional sobretodo de mi hijo. Actualmente la niña tiene siete años y el niño tres y medio.
En este momento estoy dándome por primera vez la oportunidad de estar con alguien. Él me dice que me brinda todo su apoyo económico, moral, etc., al 100% a mí y a mi familia, si decido aceptarlo para que nos casemos. En la actualidad yo mantengo a mis hijos y mi casa. Me preocuparía sacarnos de balance y que en algún momento él pudiera sentir que solo estoy aprovechándome. Contrario a su columna, él no tiene ex esposa, hijos o algún otro compromiso. ¿Cómo podré hacer para que las cosas salgan bien?
RESPUESTA
Has vivido cosas fuertes. Divorciarte y luego mantener y educar a dos hijos no es fácil. La vida nos presenta retos que nos obligan a expandir nuestros límites más allá de lo que cada uno hubiéramos podido imaginar. El resultado es un desarrollo espiritual extraordinario, o la huida. Tú estás ahí. Tu madre está ahí. Tu nueva pareja se ofrece para estar ahí. Estar ahí no es poco; significa tomar la vida como viene y entregarse todos los días a la experiencia. El resultado es una abundante disposición para amar, que se manifiesta en lo cotidiano.
Estás dándote la oportunidad de salir con alguien que se muestra extraordinariamente generoso, pero te preocupa que en algún momento él pudiera sentir que solo estás aprovechándote. No lo harás, si eres vigilante de ti misma en el sentido de aceptar sólo aquello que puedes retribuir, y no me refiero a retribuciones de la misma especie. Es decir, existen regalos que sólo pueden compensarse con gratitud sincera, y otros que requieren algo equivalente a lo recibido. Interiormente poseemos un sentido del equilibrio que nos hace saber cuándo estamos quedándonos cortos en la interacción y es importante atender sus señales; de lo contrario, insensiblemente nos ubicamos abajo. El que da siempre es el grande y el de arriba, y quien recibe, el pequeño y de abajo. Para conservar tu grandeza y la de tu familia, es importante ser cuidadosa en este punto y evitar lo siguiente: devaluar lo recibido para no dar las gracias, y recibir sin corresponder. Sólo así serán dos adultos que intercambian su versatilidad y se enriquecen mutuamente.
Dices que temes por el desarrollo emocional de tus hijos porque su padre está lejano e indiferente. Quisieras saberlo todo para brindarles lo mejor. Lo mejor es lo que estás haciendo: tomar la vida como viene, sin adueñarte de cargas que ella, la vida, no te ha impuesto, y luchar por estar bien. Ése es el secreto: tu ejemplo. Tus hijos captarán de ti si realmente su padre -que constituye el 50% de sus personas física y emocionalmente- es digno de aprecio, respeto y amor. Si puedes amarlo en ellos, la respuesta será afirmativa, y ellos a su vez lo amarán en sí mismos. Si es negativa, lo odiarán en su propia persona. Honrar y darle un lugar en tu corazón a quien no llenó tus expectativas y te dejó sola con una responsabilidad que era de ambos, requiere de ti un trabajo personal y constante sobre tus sentimientos y la manera de expresarlos, para que tus hijos no se vean involucrados en un conflicto que pertenece a ustedes, sus padres.

lunes, 14 de noviembre de 2011

NO QUIEREN A MI NIÑO

Mis suegros murieron y nos seguimos reuniendo en su casa, les quedó a las hermanas, eran tres, pero una se cambió a un departamento, según vive sola. Las otras dos son muy especiales, sobre todo la chica, bien maldosa que es con nosotros, conmigo más, nunca me dirige la palabra y a mi niño igual, ella nada más consiente a una sobrina hija de un hermano, que es más grandecita. Esta cuñada domina bastante en la familia, como si le hubieran heredado también la autoridad, y todos le hacen comparsa, hasta los sobrinos, que son más grandes y le pegan a mi niño y pues a mí me da coraje y reclamé bien, con educación, pero no lo hubiera hecho, se armó la gorda. Yo le digo a mi esposo que ya no vayamos, pero como si lo tuvieran amarrado, se aguanta las malas caras y hasta me regaña porque me defiendo. ¿Qué puedo hacer?
RESPUESTA
Imagino lo desagradable que debe ser para ti sentirte mal recibida en la familia de tu esposo y ver que le pegan a tu hijo, cuando te gustaría que lo recibieran como lo que es, un miembro más, de la misma sangre. Según entiendo, lo tratan menos bien que a los otros sobrinos. ¿Es una discriminación?
Comprendo que estés enojada, toda madre desearía que la gente y los niños sintieran por su retoño el mismo amor que ella le tiene; sin embargo, también comprenden que es difícil que ocurra, porque el amor de la mamá siempre es más grande.
Pienso que tu amor de madre es motivación más que suficiente para que puedas hacer algo. Quiero decir, que te detengas y medites en cuál estrategia sería la más eficaz para proteger a tu hijo del maltrato y el rechazo dentro de su propia familia, situación que posteriormente puede tener graves consecuencias, sobre todo en la escuela, donde sus papás no podrán estar presentes para defenderlo. Ahora le llaman bulling.
Hasta ahora se te han ocurrido al menos dos métodos de solución; el primero, defenderlo tú misma. No mencionas qué fue lo que hiciste, ¿le reclamaste al niño que le pegó?, ¿a los papás?, ¿al grupo familiar completo?, ¿o tal vez intentaste involucrarlos a conversar con algo como: “Mi hijo está chiquito y ya también quiere sentirse familia y tomar parte de los juegos, pero impacienta a los grandes y le pegan, ¿qué me aconsejan que haga?”.
El segundo método aún no lo pones en práctica y consiste en cortar con todos y llevártelo. Ciertamente dejarían de molestarlo, y también de darle oportunidad de aprender cómo adaptarse a un grupo que le es significativo.
Cabe señalar que para tu esposo y tu hijo, este grupo familiar tiene la mayor importancia. Aciertas al decir que parece que a él lo tienen amarrado; a cada uno de nosotros, nuestra familia nos ata con lazos indestructibles. Si los “cortamos”, nos condenamos a oscilar entre estos dos extremos: sufrir como condenados por el alejamiento, descuidando toda otra relación, o dejar de sentir, ignorando los verdaderos sentimientos y volviéndonos más duros y fríos que el hielo: “no siento nada, ni me importa”.
Por último, creo que todos saldrían ganando si buscaras una terapia que te acompañara a identificar estrategias que ayuden a restablecer el respeto entre la familia política y tú, porque cuando los adultos ya no se respetan, los niños hacen lo mismo que los grandes; ellos son como amplificadores que vuelven evidente aquello que pudiera estar oculto.

lunes, 7 de noviembre de 2011

HÉROE CON SUPER PODERES

HÉROE CON SUPER PODERES
Me inscribí en un curso y dejé de ir porque teníamos que hablar en público. La vez que me tocó me preparé a conciencia y a la mera hora creí que iba a llorar, no sé cómo pude terminar, creo que hice el peor de los ridículos y no acabó allí, llevo tres meses en que si me acuerdo no puedo dormir y estando despierta me veo de nuevo frente al grupo que tengo que hablar, o lo sueño y se me aprieta la garganta, me levanto a comer algo o tomo agua y me digo a mí misma que ya pasó, no sé si sea el remordimiento por haber dejado el curso como una cobarde o qué será, pienso que la experiencia me hizo daño, cómo hago para olvidar algo que no tuvo importancia y parece un trauma.
RESPUESTA
Son cosas que pasan; quiere uno mejorar y descubre algo que no había imaginado. El descubrimiento puede caernos como piedra en el estómago: indigesto y pesado. Generalmente, pasado un tiempo, nos asomamos de nuevo a mirar qué era. Tal vez sólo nos volvemos a asustar, o quizá decimos: voy a tomar cartas en este asunto. De una forma u otra, lo que vimos, ya lo vimos.
Te preguntas: ¿cómo hago para olvidarlo? Y respondo: ojalá no encuentres la manera de hacerlo, sería como decir: Si no lo veo, no existe. Pero ahí está. ¿Qué fue lo que viste?
Antes de entrar a examinarlo, será bueno recordar que fuiste al curso porque deseabas mejorar. Tu intención era valiosa. ¿Aún la tienes?, ¿está presente? Imaginaré que respondiste afirmativamente. Ahora sí.
Lo que viste fue tu gran deseo de hacer las cosas bien. Bien y a la primera. Sin fallos, errores, dudas, vacilaciones, titubeos…; o sea, con total perfección desde un principio, como una experta, sin pasar por el período de entrenamiento que necesitaron los expertos, porque cuando escuchas a un guitarrista tocar una melodía, seguramente rasgueó previamente mil o diez mil veces las mismas notas, durante los ensayos.
Antes de ir al curso, ¿estabas consciente de ser tan perfeccionista?, ¿de que te exiges lo imposible como si fuera lo común?, ¿de que te aplicas castigos por no ajustarte a una exigencia super elevada que quién sabe cuándo se formó en tu mente, y de dónde la sacaste?, ¿de que en lugar de felicitarte por lo que hiciste bien (ir al curso, prepararte para hablar y luego realizarlo) te fijas en lo que te faltó (ser perfecta, dejar admirados a tus oyentes)?
Puedes seguir aplicándote castigo (no dormir, llamarte cobarde, considerarte ridícula, convencerte de que tienes un trauma), y también puedes bajar tus exigencias y tratarte como a un ser humano cualquiera (que necesita aprender, se equivoca, mejora poco a poco, conserva toda la vida un lado oscuro o vacío que puede recibir conocimientos nuevos). En mi opinión, saberse común y corriente es maravilloso, pues nos permite estar en paz con nosotros mismos aun sin realizar proezas de héroe con super poderes. Quizá quieras repetir interiormente: Soy un ser humano como los demás”

lunes, 31 de octubre de 2011

QUÉ PUEDO HACER POR TI, QUERIDA

Tengo 10 años de casada y en ocasiones se me viene la sensación desagradable de que quiero marcharme de aquí, escapar. Tenemos dos niños y luego pienso que ellos no se lo merecen. Me sucede por las mañanas. Ayer tuve una reunión de trabajo con dos compañeros y al volver a mi casa, otra vez. No imagino nada de a dónde iría, solamente me parece que voy a abrir la puerta y desaparecer, que luego llegan los de mi familia y nadie se da cuenta de que yo ya no estoy. Me pongo a hacer algo para distraerme, pero después de que me pasa quedo como extrañada de mí, con culpa, me siento irresponsable y pienso qué mal que no disfrute lo que tengo. ¿Por qué me pasa esto?
RESPUESTA
Preguntas por qué sientes deseos de marcharte sin saber a dónde ir, y yo me pregunto qué vuelve más interesante saber un porqué y no lo qué sucederá contigo después. Quizá esto último ya lo sepas. ¿A dónde va uno sin preparativos previos, sin equipaje ni planes? ¿A cuál sitio arribaremos con sólo traspasar una puerta, y luego desaparecemos?
Añades que llegan los de tu familia y nadie se da cuenta de que tú ya no estás. ¿Igual que si se hubiera marchado una sombra?, ¿un fantasma?, ¿alguien menos visible que el perro?
Tú sabes que podemos pensar cosas, unas comprobables y otras no, y si llegamos a creerlas ya no hay diferencia entre ellas; se convierten en convicciones que influyen en nuestra vida, igual que si nos constaran. Quizá estés convencida de que eres perfectamente transparente en casa. Tal vez piensas que luego que no estés, te extrañarán. Nada de esto te consta, pero ¿lo crees?
Cuando estés leyendo mi respuesta, imagino que advertirás lo inusual de la situación; yo, escribiéndote sin conocerte, recomendando que vayas urgentemente a psicoterapia, y tú leyendo mi respuesta, quizá pensando que no es para tanto, que tus pensamientos de cruzar una puerta y desaparecer no tienen la importancia que yo les doy, puesto que no te conozco. Sin embargo, creo que no perderías mucho intentando descubrir en persona, no por correo, qué pasa dentro de ti que te lleva a concederte tan poca importancia, a pesar de ser madre. Tú sabes que una madre es más que un personaje importante para sus hijos; es su modelo, su referencia, quien los hace sentir bienvenidos en el planeta. Tal vez sea mejor que no busques algo para distraerte y evitar sentirte extraña de ti misma, sino detenerte amorosamente, mirarte en el espejo y preguntar: ¿qué puedo hacer por ti, querida?, ¿qué necesitas?

lunes, 17 de octubre de 2011

QUE ES EL ALMA

Leo sus artículos con gusto y no me los pierdo. Felicidades. En algunos de ellos usted usa expresiones que me quedan oscuras, como “el alma lo sabe”, “pregúntale a tu alma”, “en lo profundo del alma”... ¿A qué se refiere?, ¿qué es el alma?
RESPUESTA
Gracias por tu felicitación. Mi respuesta deberá ser demasiado resumida.
La palabra “alma” ha tenido muchas acepciones. En el pensamiento judeo-cristiano-greco-latino, el ser humano estaba compuesto de cuerpo y espíritu; es decir, de una porción palpable y otra no palpable. Los griegos llamaban a esta última “psique”, y de allí tomó su nombre la psicología, que significaba “estudio o conocimiento del alma”. Esta alma estaba cerca de ser un espíritu individual, uno para cada hombre, creado sólo para él. En ocasiones, éste y el cuerpo peleaban, porque el segundo tenía tendencias malas, y el primero, solamente buenas. Cuando el hombre moría, el alma se apartaba, dejando al cuerpo cadáver, y ella continuaba en una existencia autónoma, afortunada o desafortunada, de acuerdo con las acciones hechas durante la vida del cuerpo y en compañía de éste.
Pasó mucho tiempo. La ilustración elevó lo científico al rango de criterio único de la verdad, y la ciencia positivista declaró que sólo podía ser objeto de su estudio lo que se pudiera pesar y medir. Muchos estudiosos, interesados en que la Psicología fuera considerada científica, optaron por descartar el espíritu y buscaron herramientas para medir la porción no física del ser humano. En el intento, el alma (psique) pasó a ser un conjunto de actividades intelectuales y afectivas que se manifestaban en conductas, y el ser humano ya no fue cuerpo-espíritu, sino ente-bio-psico-social.
Pasó más tiempo, disminuyó la fobia contra el espíritu y la filosofía de la época opina que, al ser excluida la relación del ser humano con lo infinito, se estaba mutilando al hombre, y surge de nuevo el alma, ahora como una conexión, en lo más profundo de nuestro ser, con Algo Más Grande e Inabarcable, origen y orden de la vida. Esta alma, participación del espíritu, contiene las leyes que mantienen interactuando en armonía los diferentes órganos físicos y psicológicos. No es creada por la conciencia humana, sino que está por encima de ella, independientemente de que reconozcamos o no su presencia y autoridad. Yo la imagino como recadera entre el Espíritu y los cuerpos, encargándose de que el ADN forme un organismo y no un esperpento y manteniéndolo en funcionamiento.
El alma ordena y exige obediencia. Cuando ella no está ya presente, aun si los órganos se mantuvieran en su sitio, tendríamos un cadáver y no una persona. Los médicos pueden tratar de retenerla, incluso lograr que un cuerpo funcione mediante máquinas y aparatos, pero llega el momento en que deben reconocer su impotencia e inferioridad respecto a ella, que conmina atenerse a sus reglas, o se marcha.
Cuando yo digo en algún artículo: “el alma lo sabe”, “pregúntale a tu alma”, “en lo profundo del alma”, es como si dijera: “Pregunta al Espíritu, de donde proviene todo conocimiento”, así no me meto en filosofías. Me refiero a acudir a una sabiduría superior que los seres humanos no podemos abarcar. Así, cuando obtenemos una respuesta, ésta es correcta, pero no significa que sabemos todo lo que el Espíritu sabe.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com o al teléfono 7 63 47 28

lunes, 10 de octubre de 2011

PREVENIR, MÁS QUE LAMENTAR

Ahora vivo sobrio, pero antes de que así fuera, bebí durante diez años. En ese tiempo radicaba en los Estados Unidos. Tres veces me detuvieron conduciendo ebrio, la última me condenaron a tener sesiones de instrucción y consejo acerca del alcoholismo y a realizar trabajo social. Esta condena cambió mi vida. Actualmente radico en México y pienso que aquí podrían establecerse programas para mitigar el problema de los conductores borrachos, que tantas vidas cuesta, ya que las personas en ese estado, al sentirse bien por la bebida, creen falsamente que están capacitadas para conducir, no se dan cuenta de los errores que cometen, y a veces pagan una multa como única consecuencia de una conducta que no sólo es peligrosa para sí mismas, sino que pone en riesgo a sus semejantes. Pagar una multa resulta insuficiente como prevención de los accidentes y demás problemas sociales y familiares que ocasiona el conducir con alta concentración de alcohol en sangre. Mi correo es para sugerir, a través de tu columna, la conveniencia de que las autoridades competentes realicen una campaña masiva de prevención, tanto informando a la ciudadanía de los datos científicos y estadísticos que hasta ahora se conocen, como impulsando la formación en la responsabilidad de adultos y jóvenes a través de la escuela y de grupos y asociaciones especializados. ¿Qué opinas al respecto, y si estás de acuerdo en que el alcoholismo es un peligro cada vez mayor para los jóvenes?
RESPUESTA
Me encanta recibir toda clase de aportaciones a esta columna y por supuesto me gustará si tu idea llega a las personas correctas. Estoy de acuerdo en que es mejor prevenir que lamentar, en que los adolescentes de nuestra comunidad se ven expuestos al alcohol desde edades muy tempranas, y que muchos regresan manejando a sus casas, después de haber consumido bebidas alcohólicas. Tengo entendido que los accidentes de tráfico ocupan el primer lugar como causa de muerte en adolescentes, y un alto porcentaje de éstos son causados por el consumo de alcohol y drogas. Pero no es la juventud la única víctima reconocida, también otros rangos de edad están sufriendo estragos por el consumo desordenado de bebidas espiritosas.
Para establecer un programa preventivo, el alcohol, en oposición a las demás drogas, cuenta con la ventaja de estar legalizado; por lo tanto, las autoridades pueden, dentro de la ley, proponer y aplicar tanto medidas punitivas como de salud; es decir, hacer investigación, implementar tratamientos adecuados a las condiciones locales y destinar recursos para paliar el problema. En cambio, la droga, por ser delitos tanto su posesión como su consumo, tiene una sola alternativa: la cárcel, de muy dudosa eficacia para reinsertar individuos a una vida social sana.
Agradezco tu aportación y me alegra que hayas pensado en este espacio para publicarla.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com o al teléfono 7 63 47 28