lunes, 4 de junio de 2018

CUANDO EL QUE HACE BULLYING ES TU HIJO


Si tu hijo hace bullying, posiblemente la escuela te lo dijo. Los padres de una víctima hablaron con las autoridades escolares y ellas te confrontaron pidiendo que tu hijo cambiara, o lo expulsarían. Si lo expulsan, la solución beneficia a la escuela y un poco a la víctima, pero no a tu niño; él ya está desarrollando comportamientos que dañan sus relaciones sociales.
Solucionar el bullying es difícil cuando los padres también actúan y piensan con bullying, se muestran cómplices, niegan lo que hace el hijo, lo reprenden por haberse dejado descubrir (no por haber hecho bullying) o porque los citaron en la escuela. A veces lo justifican y disculpan o prometen a los maestros llegando a casa le voy a pegar, como si la empatía pudiera inculcarse con golpes. Precisamente las causas del bullying son la violencia y la falta de empatía.
Violencia es querer lograr algo por la fuerza. Un acosador pone apodos, se burla, esconde o estropea un bien ajeno, empuja, mete zancadilla, difunde rumores, acusa en falso, publica textos o fotos en redes sociales, amenaza, golpea, o lo que sea, para atemorizar y dominar a su víctima.
La falta de empatía es sentirse distinto y ajeno a los demás: Ni me quieren ni los quiero. Suele volverse más complicada y sutil con la edad, como aquel jefe que acosaba sexualmente a una chica, su empleada, le asignaba trabajos desagradables y luego se presentaba como su salvador: Si me dices que sí, conmigo te iría muy bien; pero si no, te ha de seguir yendo mal. No la quería ni esperaba que ella lo quisiera.
Es falso que la violencia -abierta o solapada- sea un buen método para resolver problemas y establecer relaciones. Abunda lo beneficioso cuando es voluntario, y forzado se estropea. Pero el acosador está convencido de que nadie hará o dirá voluntariamente cosas a su favor y no confía en conseguir lo mismo por las buenas, de ahí que intente forzar a los demás.
¿Qué pueden hacer los padres por un hijo acosador? Inculcarle respeto y empatía.
Confrontarlo con amor: Hiciste bullying y no está bien. Yo te quiero y te voy a querer siempre, pero el bullying no es aceptable, también a nosotros nos hace sufrir. Necesitas cambiar, respetar a tus semejantes, conquistar su amistad y hacer que te quieran por lo que eres, no por miedo.  
Dejar de ver al hijo como rebelde y a la humanidad como a una selva de gente que no entiende. Hijo: tú y todos los humanos necesitamos descubrir y seleccionar a semejantes que serán nuestros amigos y colaboradores voluntarios.
Hacer de la familia un grupo irrompible de amor, apoyo, respeto y protección para sus miembros. Hijo: nosotros somos familia y nos queremos todos, aunque alguno no esté o se aleje. Nos ayudamos y cooperamos. Tú seguirás siendo amado en esta casa siempre, aunque reprobemos tus actos; pero nuestro amor no te librará de las consecuencias de lo que hagas.
Pedir al hijo favores y cooperación en familia, y siempre darle las gracias. Hijo, gracias por poner la mesa, traer las tortillas y sacar la basura. Tu generosidad y esfuerzo hacen que te sintamos más cercano y perteneciente.
Enseñarlo a que también él pida lo que necesita por favor y diga gracias, que no lo robe ni lo exija.
Tocar, abrazar y besar al hijo. Localizar sus cualidades y describírselas, cuidando de nunca exagerar ni mentir sobre ellas. Si él descubre alguna mentira, pensará que lo manipulan para conseguir algo.
Mostrar orgullo del hijo cuando es amoroso, y dejar sin respuesta violenta sus maneras inadecuadas de llamar la atención. Un niño prefiere que lo regañen a que lo ignoren, por eso muchas veces intenta acercamientos que más bien parecen agresiones. Implicarse en una pelea no ayuda a nadie.
También aquí recomiendo hacer una constelación familiar. La consulta la hacen los padres, no el hijo. Suele indicar por dónde se inicia el tratamiento.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com, o al teléfono 7 63 02 51


lunes, 28 de mayo de 2018

BOULLYING parte 2.


Lectores me han solicitado esta parte 2 e incluir qué pueden hacer los padres cuando sus hijos sufren bullying.  Con gusto. Hoy hablaré de los yunques, y en una parte 3, de los martillos (analogía proveniente de la ópera La Vida Breve, que dice: Mal haya quien nace yunque, en vez de nacer martillo).

Ya sabemos que dicha frase expresa una visión específica del mundo y de la sociedad; es decir, la creencia de que unos nacen para recibir golpes y otros para golpear, e ignora otras estrategias de convivencia. Uno se pregunta: ¿Prefiero ser yunque, o martillo? ¿Me gustaría educar a mis hijos para que sean yunques, o martillos?

Puedo asegurar que la inmensa mayoría de padres preferimos que nuestro hijo pegue y no que le peguen, porque estamos dentro de esta visión que ha dado origen a multitud de martillos que nos hacemos la vida desdichada unos a otros, comenzando con los padres y maestros que se sienten autorizados a usar castigos físicos y psicológicos para obligar al pequeño a educarse, en lugar de hacer con él convenios que favorezcan su formación y, si no los cumple, ayudarlo a identificar las consecuencias naturales de su omisión y permitir que las sufra.

El rodeo anterior es para explicar que el bullying  NO es un problema individual del niño, sino de su medio ambiente y en especial de su familia, debido al credo: Mejor pegar a que te peguen. De ahí que si un niño no pega ni se defiende se le considera problemático, en lugar de analizar qué tipo de entrenamientos se le están inculcando.

¿Qué pueden hacer los padres de un niño que sufre bullying? Muchas cosas.

Dejar de verlo como víctima, y a la humanidad como a una selva de enemigos, y cambiar esta visión por la de que el niño tiene frente a sí un reto vital: descubrir y seleccionar a semejantes que, con el trato adecuado, pueden ser amigos.

Presentarle a la familia como un grupo irrompible de amor, apoyo y protección para sus miembros aun si éstos no están o llegaran a alejarse, donde todos se ayudan y cooperan. Él también.

 Exigir al niño que hable para pedir lo que necesita. Opuesto a: Cállate, los adultos estamos hablando. Es importante que aprenda a usar su voz en su propio beneficio. Y cuando hable, atenderlo.

Enseñarlo a encontrar ayudas. Que en la escuela tenga su bolita de amigos. Que permanezca con ellos en los recreos y nunca solo. Que procure pasar los tiempos libres a pocos metros de un maestro, asesor, conserje o cualquier personal de la escuela.

Enseñarlo a gritar. Si alguien lo molesta, que grite lo más fuerte que pueda, sin que importe quién lo oiga: No me robes mi sándwich. No maltrates mi mochila. No me pegues, etc., lo que esté sucediendo.

Enseñarlo a denunciar. No mañana, ni pasado, hoy. Si va al baño y lo molestan, cuando regrese al salón debe entrar gritando: Niños de sexto están en los baños y molestan. Puede ser que la maestra se enfade por la interrupción, pero ya lo dijo. La denuncia es esencial. Que hable con sus padres, con la maestra o el director, cualquiera que pueda ayudarlo.

Enseñarlo a no estar donde cae el golpe. Si ve una riña o una pelea, alejarse y no participar ni tomar partido. Los humanos necesitamos estar alertas y protegernos de los peligros.

Enseñarlo a no caer en trampas y provocaciones. Niños expertos en bullying suelen dar golpes ocultos para que el acosado reaccione y, cuando voltea la maestra, dar la apariencia de que éste comenzó. Prevenirlo que no responda golpes con golpes (aunque nuestra cultura enseñe lo contrario), porque los acosadores suelen ser buenos con los puños, andan en grupos y tienen peleas frecuentes. Que nunca acuda a citas ni se crea de buenas promesas a las que debe ir solo.

Yo recomendaría a los padres (no al niño) hacer una constelación familiar. Con frecuencia se ha visto que un pequeño o pequeña está siendo fiel a un ancestro y se identifica con la víctima, o con el perpetrador, o con ambos. Nadie somos culpables de la historia de nuestra familia pero nos toca como herencia. A veces es necesario que pongamos orden en ella.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o al teléfono 7 63 02 51

lunes, 21 de mayo de 2018

BULLYING


El bullying –en español acoso- es un comportamiento agresivo encaminado a debilitar y hacer daño a un semejante, de modo que éste pierda su poder y se doblegue ante las exigencias del acosador.

El bullyng es tan antiguo como los seres humanos pero no tenía este nombre tan específico, ni era objeto de estudio. Se le consideraba algo quizás normal o más bien relativo a la propia suerte: Mal haya quien nace yunque, en vez de nacer martillo, dice una frase de la ópera La Vida Breve. O sea, que unos nacen para recibir golpes y otros para golpear. 

Puede verse que en el bullying subyace una visión de la humanidad de dominador-dominado, superior-inferior, nunca de igualdad y cooperación. Sentir al otro tan humano como yo, tan inmerso en luchas y retos como lo estoy yo, impide humillarlo, sentirlo inferior, despreciarlo, o someterlo a tortura con mis palabras y acciones.

El uso de la palabra bullying nos ha hecho conscientes de que el maltrato sistemático existe, y en él participan tres protagonistas igualmente importantes: un acosador, un acosado y un espectador que no hace nada. Ver, oír y callar es la ley que se necesita para que la agresión prospere y se repita. 

Generalmente, el silencio es interpretado como aprobación, aunque no lo sea: A él le gusta que le peguen, si no, gritaría. Son bromas y las disfruta, están jugando. A todos les cae mal, por eso nadie lo defiende...

En ocasiones, el espectador sí aplaude el bullying, como cuando se ríe y utiliza los apodos chuscos que denotan cierto ingenio. El ingenio, como cualquier otra característica positiva, también puede ser utilizado de manera destructiva. En programas y espectáculos cómicos, la gente se carcajea con las burlas y frases discriminativas dichas contra las suegras, las mujeres, los homosexuales, las minorías raciales o alguna otra característica que haga sentirse al que ríe como distinto o superior. 

El bullying se completa cuando el acosado pierde su poder y se doblega ante las exigencias del acosador. Ha perdido la batalla, se derrota y percibe como víctima indefensa; deja de luchar. En ocasiones introyecta la agresión como algo justo y verdadero, que tiene una razón de ser, que lo identifica: Yo tengo la culpa, soy distinto. Me lo merezco. Así nací…

Existe un bullying muy frecuente, tan común que apenas si se percibe y hasta donde sé no se ha estudiado, que se hace contra padres de familia, a veces de parte de la pareja, a veces de los hijos, u otros participantes que no contemplaré. El acosador es el sujeto que se siente bueno y superior, con derecho de juzgar y castigar al acosado, frente a unos espectadores que, o no hacen nada o aprueban la agresión. No verás más a tus hijos por lo que has hecho. Ni menciones a tu madre, no lo merece. Mi mamá está loca. Mis papás son raritos. Mamá, papá, por su culpa me ha ido mal y soy como soy… 

Lo triste es que este bullying suele completarse cuando el acosado (en este caso los padres) se convence de que el acosador tiene razón y abandona todo esfuerzo por restablecer una armonía que podría existir, aun en la distancia. Nadie sale ganando. 

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lunes, 14 de mayo de 2018

AMOR A SEGUNDA VISTA


¿Crees en el amor a primera vista? Dos se miran y quedan fascinados, posiblemente se digan te amo y tal vez hasta que la muerte nos separe.

Hellinger, el creador de Constelaciones Familiares, dice que el amor a primera vista dura poco porque es un amor sin mirada, pues no miramos realmente al otro, sino que nuestra atención está puesta en una imagen inventada que atribuye al ser amado una serie de características que probablemente no posee. Nuestro anhelo de encontrar a alguien así nos mueve a alimentar la ilusión de que sí es como imaginamos. 

Pasa el tiempo. Quizá la pareja se una o tal vez se case. La cercanía y las circunstancias la obligan a descubrir que no encuentran en el otro todo lo que esperaban. El dolor de ver romperse las propias ilusiones es muy grande. Sufrimos. Entonces, la vida nos plantea un reto: amar a una persona de carne y hueso. 

Las personas de carne y hueso suelen ajustarse poco a nuestros ideales; tienen vida propia. El amor a primera vista fue sólo un empujón, un motor de arranque para la aventura de descubrir al otro. Luego sigue el camino juntos, de intercambio constante, en el que cada uno da lo que es. No puede dar más que eso; lo que exceda es fingimiento, como cuando las parejas realizan enormes esfuerzos para ajustarse a las expectativas del amado, por temor a desilusionarlo. Este esfuerzo continuado cansa y tarde o temprano cesa, como se quema un atleta por demasiada exigencia. 

También duele romper la ilusión de que se tiene capacidad de ser distinto, por amor al amado. Te he dado todo y ya no puedo más, se oye decir, y es verdad: damos lo que somos y eso es lo único que podemos dar.

¿Qué somos? Dice Ortega y Gasset: Yo soy yo y mis circunstancias. Digamos que somos una historia de experiencias y de interpretaciones de las mismas. 

Cuando nos encontramos a una persona y la amamos, le entregamos nuestra historia, nuestro corazón, nuestros contenidos mentales de creencias y sentimientos, y también nuestras expectativas. La otra persona las recibe y puede ser que le gusten o que le desagraden, o que sea incapaz de tomarnos. Esto ocasiona nuevos sentimientos, pero así es; cada uno puede recibir sólo aquello para lo que tiene capacidad.

Entonces se da o no se da lo que Hellinger llama amor a segunda vista. Ahora sí, mirar al otro y más allá de él, a su familia y su historia. En este amor, la mujer le dice al hombre y éste a la mujer: Te amo a ti y amo aquello que nos guía a ti y a mí. 

¿Qué es esto que guía? Un poder más grande que cada uno, incluso más grande que los dos juntos y que los ha puesto en contacto para que realicen algo que tal vez no lleguen a comprender. Puede ser que estén destinados a caminar juntos hasta que la muerte los separe, o que en algún trecho del camino alguno de los dos se siente y no pueda andar más. Sin embargo, lo vivido jamás perderá su valor.

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