lunes, 20 de febrero de 2012

COMPETIR CON LA INTERNET

Tengo 23 años de casado. Hace unos tres años, por mera casualidad, topé en Internet con páginas del tipo bikinis y me quedé mirándolas, con tan mala suerte que me cachó mi esposa e hizo un problema muy grande. Ella es católica, de frecuentar los sacramentos, yo también, y no digo que haya estado bien lo que hice, pero no me la acabo. Le pedí perdón, y no se le olvida, nada más ve una imagen parecida en una revista o en la tele, comienza de nuevo a recordar que la decepcioné y le fallé. Ya involucró a los hijos y la situación sigue siendo muy bochornosa para mí. Recurrí a un sacerdote y me dijo que la llevara a hablar con él, pero ella se niega, no quiere sacerdotes ni terapeutas y entra en agitación por sus valores morales. Yo me siento culpable, me volví hipertenso y dejé de usar Internet, ya no sé qué más hacer.
RESPUESTA
Cualquier relación de 23 años posee una antigüedad que la hace valiosa; no es lo mismo que se presenten conflictos en una tan duradera, que en otra de reciente aparición. Seguramente han sobrevivido a otros conflictos aún más graves que el que me describes, porque durante más de dos décadas se les debieron presentar numerosas oportunidades para confirmar si desean vivir juntos. Esto por un lado. Por otro, se necesita sensibilidad para “leer” el mensaje que este “lenguaje” está comunicando.
Por lo que cuentas, puedo imaginar que tu esposa experimenta gran temor de perderte. ¿Qué pudo haber pensado? Quizá, que después de 23 años ella no tiene una imagen como la de las muchachitas que lucen su cuerpo en Internet, y tal vez nunca la tuvo, pues a ellas, además de ser jóvenes y perfectas, las ayudan con foto shop. Que su marido la está poniendo a competir una competencia perdida de antemano, ¡qué dolor y qué traición, ni que él se conservara eternamente joven! Que él busca esas imágenes para excitarse, porque ella ya no lo excita igual. Que a lo mejor él está buscando novedades, porque los hombres tienen una crisis después de los cuarenta y algunos comienzan a comportarse como adolescentes, aunque hagan el ridículo… y un millón de posibilidades más. La fantasía, cuando no se le da un jalón fuerte hacia la realidad, puede divagar como si se volviera loca.
Seguramente opinarás que ella hace mal en competir y pretender ganarles a estas figuras fabricadas a propósito para llamar la atención de los hombres, y tendrías razón, pero no podemos olvidar que cuando una mujer ama a un hombre, quisiera que él la viera como un dechado de perfección, aunque ella esté consciente que tal perfección no existe ni se la puede poseer. Si el conflicto ha durado tanto, y tu esposa se niega a ir con sacerdotes y terapeutas, quiere decir que su problema no es con éstos, sacerdotes y terapeutas, sino contigo; le hace falta que seas tú quien le asegure que la sigues amando tal como es, y que tu intención es vivir el resto de tu vida con ella.
Quizá quieras, en tu corazón y mentalmente mirándola a los ojos, decirle muchas veces algo como lo siguiente: “Siento lo sucedido. Me dolió que desconfiaras de mí y me condenaras. También me dolió, y mucho, que me desprestigiaras frente a nuestros hijos. Todavía sigue siendo importante para mí que me ames y me mires con buenos ojos. Por favor, tómame como soy, ámame, sujétame a ti, habla bien de mí con las demás personas y diles a nuestros hijos que yo soy su padre, el mejor padre que pueden tener, porque ningún otro puede ocupar mi lugar. Yo haré exactamente lo mismo contigo”. Y fíjate si puedes hacer exactamente lo mismo con ella, o si prefieres seguir resentido.

lunes, 13 de febrero de 2012

UN VIEJO AMOR

Tuve una novia a la que quise desde muy jóvenes. Por azares de la vida nos separamos, cada uno se casó y luego se divorció y recientemente volvimos a andar de novios. No de manita sudada, hubo más. Ella me decía lo bien que se le hacían mis abrazos, hablamos de casarnos, y un día ella me confesó que debía hacerse cargo de una irresponsabilidad que cometió porque estaba embarazada. Quedamos en no vernos más, pero rompimos el trato. Ella ya vive con alguien, y me llama, me cita, me pide favores, yo le digo que no iré y luego voy. Siento que tengo un amor demasiado grande, no sé si como dice la canción: la prefiero compartida antes que vaciar mi vida. ¿Qué me aconseja?
RESPUESTA
¡Ay, el amor! Nos vuelve otras personas, capaces de todo. Lo que en nuestros cinco sentidos no haríamos, enamorados no lo pensamos dos veces y toleramos cualquier peligro. Y si percibimos que podemos perder al ser amado, movemos cielo y tierra para retenerlo, ese movimiento incluye nuestras maneras habituales de pensar, esperar y exigir.
Es evidente que estás sufriendo mucho. Quisiera decirte algo que te consolara, pero no creo que exista una palabra que logre hacerlo. Necesitas llorar, porque has perdido algo que para ti era muy valioso. Lo has perdido, porque incluso si aceptaras “compartirla”, ya no sería igual; posiblemente conservarías la esperanza de que, con el tiempo, lograrías que ella te eligiera sólo a ti. Así es el amor erótico, al menos en nuestra cultura, tremendamente posesivo. Exige exclusividad, o degenera en fuertes sentimientos de otro tipo. Fuertes, digo. Apasionados. Peligrosos. En ocasiones, cuando el que ama no logra eliminar al rival o hacerlo que se retire, desbarata el triángulo eliminándose a sí mismo. Eso distingue al amor erótico de otros amores: no comparte.
Mi sugerencia es que busques ayuda profesional, para que te acompañe a sortear este escollo que te ha presentado la vida. Mientras tanto, quizá quieras repetir interiormente las frases siguientes, a ver si tienen resonancia en ti:
Te he amado mucho. Te di todo lo que pude darte, deseo que lo conserves como un regalo mío. Agradezco lo que tú me diste y lo conservaré en mi recuerdo. De lo que hubo malo entre tú y yo, tomo toda mi parte de responsabilidad, y en tus manos dejo tu parte. Fue glorioso. Ahora, con amor, te dejo que sigas tu destino.
Te deseo lo mejor.

lunes, 6 de febrero de 2012

PEREGRINACIÓN A SAN JUAN

¿Qué dice la psicología de ir en peregrinación a San Juan? Oigo a parientes y conocidos hablar de las penalidades que pasan en el camino y yo les pregunto: ¿para qué van? Unos contestan que por tradición o para acompañar a alguien que prometió una manda, y otros que por fe, pero qué dice la ciencia de esta costumbre.
RESPUESTA
No tengo conocimiento de algún estudio específico sobre la peregrinación a San Juan, así que recurriré a conceptos más generales.
La ciencia no estudia el espíritu, sólo el fenómeno religioso. Las investigaciones antropológicas señalan que en todos los tiempos y lugares han existido las religiones, y distinguen entre los actos públicos de culto y la experiencia privada y subjetiva de tener un encuentro con la divinidad. Desde este punto de vista, ir a San Juan es una práctica de culto público, en la que los individuos no necesariamente establecen lazos de unión con otros individuos como tales, sino con su clan; es decir, con una comunidad o grupo al que pertenecen. ¿Cuál? El grupo de los creyentes, o sea, de los que consideran loable realizar un esfuerzo casi sobre humano para llegar a su meta: el santuario de la Virgen. Este grupo puede abarcar a los ancestros que creyeron lo mismo.
Cada una de las personas que participan en dicho acto de culto público vive una experiencia subjetiva y particular, y sería imposible describirlas todas. Para unos, quizá, consista en poder decir: “¡Lo hice, aguanté!”, o: “Demostré amor a mi hijo (pareja, amigo, conocido) al no dejarlo ir solo”, “comprobé que todavía hay gente que tiene fe, o que profesa amor a su prójimo y desinteresadamente regala cosas como agua, alimentos, etc., a los peregrinos”, “pagué una deuda que tenía por un favor que recibí”, “el recorrido fue para mí una metáfora de vencer las dificultades en el camino de la vida”, “le recé a la Virgen en su santuario con mucha devoción”, “tuve una experiencia mística”, y tantas más posibles.
La subjetividad está siempre presente en toda actividad humana, también en la experiencia religiosa. El participar en una peregrinación podría permitir a la persona conocer cuál es su idea de la divinidad. Podríamos decir que, aun refiriéndose a un Dios único, existen tantos dioses como personas, porque cada cabeza es un mundo, y ninguno de estos mundos es idéntico a otro. Así que, observando las conductas, podemos saber un poco de cómo ese mundo subjetivo percibe a Dios y dónde vive. Van varios ejemplos:
Respecto a la manera de dirigirse a Él, algunos lo buscan como:
A un padre: Dame lo que necesito. Me porté mal, no me castigues. Le pido a la Virgen, porque tú eres más duro que Ella.
A un hijo: Haz esto, o dejaré de tener fe en Ti. Todo lo has hecho mal, corrige tus obras.
A un esposo o pareja: Te amo con todas mis fuerzas, tómame y entrégate a mí.
A un comerciante: Te ofrezco tal o cual a cambio de un milagro.
A un cómplice: Véngate de mis enemigos.
A un extraño: Vives en tu cielo y no te importo. Hay gente que cree en Ti, yo no soy de esos.
A un enemigo: Sé que puedes fregarme y mandarme al infierno.
A un misterio desconocido: Jamás lograré entender tus designios.
En cuanto a dónde vive, están los que al invocar a Dios miran hacia arriba, los que vuelven los ojos hacia sí mismos, y los que se ponen en marcha hacia alguna parte.
Debo terminar. El tema da para mucho más de lo hasta aquí descrito.

PEREGRINACION A SAN JUAN

¿Qué dice la psicología de ir en peregrinación a San Juan? Oigo a parientes y conocidos hablar de las penalidades que pasan en el camino y yo les pregunto: ¿para qué van? Unos contestan que por tradición o para acompañar a alguien que prometió una manda, y otros que por fe, pero qué dice la ciencia de esta costumbre.
RESPUESTA
No tengo conocimiento de algún estudio específico sobre la peregrinación a San Juan, así que recurriré a conceptos más generales.
La ciencia no estudia el espíritu, sólo el fenómeno religioso. Las investigaciones antropológicas señalan que en todos los tiempos y lugares han existido las religiones, y distinguen entre los actos públicos de culto y la experiencia privada y subjetiva de tener un encuentro con la divinidad. Desde este punto de vista, ir a San Juan es una práctica de culto público, en la que los individuos no necesariamente establecen lazos de unión con otros individuos como tales, sino con su clan; es decir, con una comunidad o grupo al que pertenecen. ¿Cuál? El grupo de los creyentes, o sea, de los que consideran loable realizar un esfuerzo casi sobre humano para llegar a su meta: el santuario de la Virgen. Este grupo puede abarcar a los ancestros que creyeron lo mismo.
Cada una de las personas que participan en dicho acto de culto público vive una experiencia subjetiva y particular, y sería imposible describirlas todas. Para unos, quizá, consista en poder decir: “¡Lo hice, aguanté!”, o: “Demostré amor a mi hijo (pareja, amigo, conocido) al no dejarlo ir solo”, “comprobé que todavía hay gente que tiene fe, o que profesa amor a su prójimo y desinteresadamente regala cosas como agua, alimentos, etc., a los peregrinos”, “pagué una deuda que tenía por un favor que recibí”, “el recorrido fue para mí una metáfora de vencer las dificultades en el camino de la vida”, “le recé a la Virgen en su santuario con mucha devoción”, “tuve una experiencia mística”, y tantas más posibles.
La subjetividad está siempre presente en toda actividad humana, también en la experiencia religiosa. El participar en una peregrinación podría permitir a la persona conocer cuál es su idea de la divinidad. Podríamos decir que, aun refiriéndose a un Dios único, existen tantos dioses como personas, porque cada cabeza es un mundo, y ninguno de estos mundos es idéntico a otro. Así que, observando las conductas, podemos saber un poco de cómo ese mundo subjetivo percibe a Dios y dónde vive. Van varios ejemplos:
Respecto a la manera de dirigirse a Él, algunos lo buscan como:
A un padre: Dame lo que necesito. Me porté mal, no me castigues. Le pido a la Virgen, porque tú eres más duro que Ella.
A un hijo: Haz esto, o dejaré de tener fe en Ti. Todo lo has hecho mal, corrige tus obras.
A un esposo o pareja: Te amo con todas mis fuerzas, tómame y entrégate a mí.
A un comerciante: Te ofrezco tal o cual a cambio de un milagro.
A un cómplice: Véngate de mis enemigos.
A un extraño: Vives en tu cielo y no te importo. Hay gente que cree en Ti, yo no soy de esos.
A un enemigo: Sé que puedes fregarme y mandarme al infierno.
A un misterio desconocido: Jamás lograré entender tus designios.
En cuanto a dónde vive, están los que al invocar a Dios miran hacia arriba, los que vuelven los ojos hacia sí mismos, y los que se ponen en marcha hacia alguna parte.
Debo terminar. El tema da para mucho más de lo hasta aquí descrito.

lunes, 30 de enero de 2012

SOY TU PADRE

Tuve un hijo con otra mujer antes de casarme con la que fue mi esposa. Su madre me lo ocultó y se fue a vivir a otra ciudad. Pasado el tiempo la encontré, ya casada, y me dijo que sí lo tuvimos, pero había muerto. Años después ella se divorció, me confesó que este hijo vivía y quería conocer a sus abuelos. A pesar de que me ocasionaba problema con mi esposa, hablé con mis padres. Recientemente me puse en contacto con él por email, pero se niega a verme y me hace severos cuestionamientos acerca de la serie de omisiones e irresponsabilidades que tuve desde un principio con su madre y con él, me insulta y me prohíbe acercarme a ellos. ¿Qué puedo hacer para recuperar este episodio de mi vida?
RESPUESTA
Tu hijo te insulta y reclama. A veces, las personas expresamos el dolor con ira. Es obvio que les hiciste mucha falta. Ahora tú desearías regresar las hojas del calendario hasta muchos años atrás, para escribir la historia de una manera distinta, pero no está en tus manos cambiarla. Lo hecho, hecho está, y las cosas son como son. Con frecuencia, el destino nos sumerge en un mar de dudas y angustias.
Han pasado muchos años de sufrimiento de los involucrados: tu hijo, la madre y tú. Dicho sufrimiento, en lugar de favorecer un encuentro amoroso, lo obstaculiza. El amor frustrado, de cualquier índole, degenera en una amplia gama de sentimientos. En el fondo sigue siendo amor, pero los “trajes” con que se disfraza lo vuelven irreconocible. Esto es aun más notable en el que un niño siente por su padre durante la infancia. Quizá tu primer paso deba ser reconocer que, por haber sufrido, no solamente llevas amor en tu corazón, y tampoco ellos.

Tu hijo está muy herido y parece decir: "No te necesito ni jamás te necesité". ¿Pensará que con agredirte nivela lo desnivelado? Quién sabe. Por lo pronto, está siendo sincero respecto a que no le gusta la historia de cómo nació y creció. Tampoco a ti. Pero nació, está vivo y ahora es padre también. Le toca trasmutar los contenidos de su corazón, a fin de que su hijo pueda recibir el amor que le corresponde, porque damos exactamente lo que somos y llevamos dentro. Tu hijo no tiene culpa, sin embargo, debe hacerse cargo. Este reto de la vida es sumamente arduo para él. ¿De qué manera puedes ayudar?

Reconociendo y trasmutando los contenidos de tu corazón. Es difícil, muchos de ellos son inconscientes. Necesitarás ayuda externa profesional. En estos casos están indicadas las Constelaciones Familiares, para ver.

Mientras decides tomar tratamiento y eliges terapeuta, quizá te sirva repetir en tu interior lo siguiente: "Lo siento. No pude estar contigo y lo lamento. Me habría gustado que las cosas fueran de otra manera. Honro mi propio destino y me someto a él. También honro el tuyo tal como es. Aquí estoy. Soy tu padre y tú eres mi hijo. Estaré aquí para ti ahora y siempre, y tú, cuando puedas hacerlo, tómame como tu padre, como yo ahora te tomo como mi hijo y respeto lo que haces y dices".

Te repito que lo dirás solamente en tu corazón, porque si se lo dijeras verbalmente ocasionarías otra confrontación y además tendrías qué cumplir el respetar y honrar lo que tu hijo siente, dice y hace, por más doloroso o incomprensible que te resultara. Es mejor acomodar primero tu corazón y darle tiempo, hasta que sea él quien te busque. Lo hará.

lunes, 23 de enero de 2012

EL DESENGAÑO

Mi terapeuta me sorprendió diciéndome que también tiene terapeuta. Dejé de asistir. ¿No se les exige que antes de ejercer acrediten su salud mental?, ¿es ético atender a pacientes, si no están bien?
RESPUESTA
Creo que la revelación de tu terapeuta desbarató la imagen que tenías de él o ella. Tal vez hubieras preferido no saberlo, o mejor, poder pensar que estabas siendo tratado por un ser especial, libre de características humanas. ¿Algo así como un héroe?, ¿un iluminado?, ¿un gurú?
Casi todos los humanos quisiéramos encontrar héroes a quienes admirar e imitar. Lo triste es que no existen, porque donde quiera que intervengan los humanos, estarán presentes las características propias de la especie, lo cual tiene un significado extremadamente amplio. La historia, con sus relatos de hechos sublimes, grandes amores, filantropía, inventos, abusos, guerras y atrocidades, nos enseña de qué material está hecha nuestra raza y cuáles acciones somos capaces de realizar. No obstante, a pesar de saberlo, las personas sentimos desilusión cada vez que volvemos a descubrir que vivimos en un planeta en desarrollo y convivimos con simples seres humanos. Eso es lo que tenemos disponible. Humanos son nuestros padres, hijos, pareja, maestros, colegas, médicos, sacerdotes, políticos, etc.; pero nos gusta idealizar, y luego ponernos tristes al descubrir que no están a la altura de lo que esperamos de ellos, porque lo ideal y lo real pocas veces se juntan. Entonces, los castigamos con nuestro desprecio. ¿Has visto con cuánta saña nos enfocamos en los escándalos? Cada escándalo es un desengaño.
En el mismo sentido, creo que también vas a necesitar destruir la imagen que tienes de la psicoterapia, si es que piensas que se asiste a ella solamente cuando uno se está mal. Es lo más común, pero no lo más exacto ni lo más deseable. El que tu terapeuta asista a
terapia, en mi opinión, sería punto a su favor, pues significaría que sigue interesado/a en su crecimiento personal -trabajo que no tiene punto final-, en lugar de presentarse ante ti con la arrogante actitud de “yo estoy bien y tú estás mal, sé lo que necesitas y tú no lo sabes, puedo hacerte un diagnóstico e indicarte cómo estarás bien”. Muy distinto es el concepto actual del servicio que presta un terapeuta a su cliente, algo así como si dijera: “Tú y yo somos seres humanos de igual dignidad, ambos con necesidades de desarrollo que nos son peculiares. Mientras esté a tu servicio, tus asuntos estarán en primer plano y pondré a tu disposición todas las teorías y herramientas que he adquirido durante mi estudio y experiencia profesionales, a fin de acompañarte y retroalimentar las decisiones que tomarás, siempre pensando en tu bienestar, pero el responsable de tu vida eres y seguirás siendo tú”.
Es bonito construirse héroes. ¿Has visto cómo gozan los niños pensando que los Santos Reyes (Santa o el Niño Dios) vienen en persona a traerles juguetes? Pero cuando la gente construye héroes o ídolos en la persona de algún ser humano, pretende obligarlo a que ya no lo sea. Se vuelve exigente, por lo tanto, susceptible a sufrir desengaños; pero cada desengaño nos acerca un poco más a la realidad.

lunes, 9 de enero de 2012

ESTADO DE GRATITUD

Tradicionalmente, Navidad y Reyes han sido fechas de obsequios. Los cristianos, contagiados de la generosidad divina, imitamos el intercambio de dones que ocurrió cuando el Padre nos dio a su Hijo y los Magos le llevaron presentes. Gozamos de la alegría del dar y el recibir. Por un lado nos desprendemos de algo nuestro para regalarlo, y por otro recibimos el amor de nuestros allegados, representado en un objeto material. Luego, mutuamente nos damos las gracias, y si nos alegramos de sentirnos amados y estar amando, experimentamos en ese momento es una felicidad completa. También puede ocurrirnos lo contrario, que el dar y recibir regalos nos resulte molesto y hasta doloroso, porque nuestra alma no está sintonizada con la fluidez del amor, y en nuestro interior, pensamos: hipócrita (el otro, yo, o ambos), nos odiamos, nos hemos hecho daño, y aquí estamos, fingiendo algo que no sentimos.
Dar, recibir y agradecer es un proceso que genera felicidad. En él, las tres cosas son necesarias. Si no diéramos, permaneceríamos aislados y con la sensación de que no somos útiles ni necesarios para los demás. Si no recibiéramos, les negaríamos a los otros la oportunidad de advertir nuestra presencia y ser generosos con ella. Si al dar y al recibir no siguiera la gratitud, se perdería el significado de ambas acciones, y tomaría su lugar la percepción de estar pagando un adeudo o creando un compromiso molesto. Entonces, la felicidad no emerge, porque el alma está ocupada en otras cosas, como la competitividad o los resentimientos.
Estas hermosas fiestas nos invitan a crear para nosotros un estado de gratitud que disuelve la ausencia de paz, por ambos ser incompatibles. Dar las gracias nos permite mirar el don, es decir, advertir su presencia, y tomarlo como tal. Todo es un don: estar vivos, tener familia, amigos, trabajo, problemas para ejercitar nuestra habilidad de resolverlos, conflictos que nos empujan a elegir, personas con ideas distintas cuya presencia nos enseña a navegar por la vida, etc., etc., etc. Tomar todos estos dones y agradecerlos, eso es la paz. Y por momentos fugaces, la felicidad.
Deseo para todos los lectores de a.m., en este nuevo año y los siguientes, el estado de gratitud, de manera que puedan reconocer un regalo en todo cuanto reciban, y en su alma se anide esa paz indestructible que emerge de la unidad de los contrarios.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com o al teléfono 7 63 47 28