Me gustaría que en algún artículo hablara sobre el tema de cuando una persona no encuentra su camino, no le encuentra sentido a su vida, y como puede enfrentar eso, espero que tome en cuenta mi opinión.
RESPUESTA
Todos los caminos son iguales: no llevan a ninguna parte. También lo opuesto es verdadero: todos tienen un destino. Conocer a dónde queremos llegar, eso nos hace sentir que estamos sobre el camino adecuado.
Cada vez que uno siente que su vida carece de sentido y no encuentra el camino, está recibiendo una información extremadamente valiosa: tiene la mirada puesta en cosas que no le interesan. Una dolorosa confusión acompaña esta apatía. Ambos elementos constituyen la información a que me refiero. El sabio interior está hablando. Por un lado, dice: “Eso no es lo tuyo”, y por otro: “Puedo guiarte y lo haré, igual que con el juego infantil de ‘frío’ y ‘caliente’; si te duele es frío, si deja de doler, vas acercándote”.
¿Acercándose a qué o a dónde? A sí mismo. Al propio corazón. A lo que verdaderamente interesa. Exactamente el problema está cuando alguien no tolera estar consigo mismo ni un minuto, prefiere dormir, leer, ver televisión, comprar compulsivamente, trabajar hasta el agotamiento, meterse en vidas ajenas, ayudar a los demás, beber, drogarse o incluso morir.
¿Cómo sucede que un niño (los niños son egocéntricos, se tocan, juegan, viven el momento presente) se convierte en un adulto que no tiene permiso de tocarse, sentirse, conocerse, y mucho menos hacer algo en provecho propio? Sucede por amor a su familia. Prefiere amarla que volverse distinto. Cree sin titubear lo que le enseñan con ejemplos y palabras. Permite que le hagan creer una o más de las siguientes absurdas y usuales opiniones: vale más caer en gracia que ser agraciado; lo que tú pienses de ti mismo no es base, fíjate que piensan los demás de ti; es más digno de estimación un regalo que un pago; mirar hacia tu interior es malo; tocarte es pecado; sentir lo que verdaderamente sientes es incivilizado; adueñarte de tu propia vida es ser egoísta; afuera de ti está lo que puede hacerte sentir bien: cosas materiales, éxito, reconocimiento, admiración, aplauso, amor, fama, fortuna…; y otras por el estilo, que ponen el timón de la propia vida en manos ajenas.
Si existe una trayectoria, es decir, la posibilidad de acercarse o alejarse, hay un camino, aunque no lo parezca. Culturalmente somos invitados a vaciarnos de nosotros mismos y olvidarnos, con lo cual vamos perdiéndonos de nuestra cercanía. Por emocionante que le parezca a una persona perseguir una ilusión que la aleja de sí misma y de ser simplemente lo que es, y aunque crea que está bien ubicada, llena de motivación, en el camino correcto, no lo está, porque se posee cada vez menos. Y cuando no puede poseerse, su vida no tiene sentido.
Bienvenido a mi blog. Soy mujer, divorciada, madre, abuela y también psicóloga. Deseo que encuentres algo que te guste.
lunes, 27 de junio de 2011
TOCARSE Y AMARSE
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lunes, 13 de junio de 2011
Día del padre
Qué bueno que exista un día para felicitar a los papás. En éste hay permiso para reconocer la importancia del padre y el profundo amor que el hijo o hija tienen para él. Amor indestructible. Sobrevive en las más adversas circunstancias, en ocasiones oculto bajo una gruesa capa de resentimiento o de lealtad hacia la madre. Pero ahí está. Es el impulso masculino que libera al hijo del “hechizo de mamá” y lo lanza fuera del nido, al mundo exterior, a la conquista.
Qué importante es mamá. Ella es útero, casa, lo interior, receptividad, la relación del hijo consigo mismo. El proceso no está completo sin la intervención de papá. Él es lo que penetra, el sembrador, dar de sí, volcarse hacia lo exterior, la relación del sí mismo con el mundo de afuera.
Hace algunas décadas, un autor definió al mexicano en estos términos: “Exceso de madre, ausencia de padre y abundancia de hermanos”. Si tal afirmación fuera verdad, estaría describiéndonos como sujetos domésticos, aferrados a lo conocido, temerosos de lanzarnos a lo nuevo e incapaces para concretizarlo, trabados en una lucha por la supremacía con los de la propia casa. ¡Qué importante es papá! Él debe respetar, resistir y superar el impulso del hijo a quedarse con mamá y seducirlo a triunfar en su medio ambiente, hacerlo exitoso.
Entre nosotros, el día del padre es, con mucho, menos popular que el día de la madre. Todavía existe en demasía el “mis hijos”, en lugar de “nuestros hijos”. Pero en esta festividad es posible detener la corriente de la costumbre, volverse a mirar a papá con amor y decirle, en voz alta o en el corazón: “Tú eres mi padre y yo soy tu hijo o hija. Te llevo en mis genes y en mi corazón. Gracias por la vida y por todo aquello que has podido darme. Es suficiente. Lo demás, a mí me toca obtenerlo”.
Quiero narrar una experiencia reciente. Cuando presenté el cuento “Calixto el castor”, que trata de un padre que debe irse de casa y dejar a sus hijos al cuidado de otro castor, una señora compró el librito y lo dejó en algún sitio, a la vista. Su nieta lo tomó, se lo llevó ocultamente a la escuela y allí la maestra lo leyó al grupo. Grande fue la sorpresa cuando aproximadamente diez niños dijeron que tal era su vida, porque no vivían con su papá. En palabras de la niña, vivió una muy buena experiencia al poder hablar con otros niños de lo que cada uno sentía, se hicieron amigos entre sí, y agregó: “Qué lástima que ya se va a acabar el año, porque me gusta tenerlos como amigos”. La añoranza por papá los había puesto en contacto.
Termino diciendo: “Felicidades, papás, gracias por existir”.
Qué importante es mamá. Ella es útero, casa, lo interior, receptividad, la relación del hijo consigo mismo. El proceso no está completo sin la intervención de papá. Él es lo que penetra, el sembrador, dar de sí, volcarse hacia lo exterior, la relación del sí mismo con el mundo de afuera.
Hace algunas décadas, un autor definió al mexicano en estos términos: “Exceso de madre, ausencia de padre y abundancia de hermanos”. Si tal afirmación fuera verdad, estaría describiéndonos como sujetos domésticos, aferrados a lo conocido, temerosos de lanzarnos a lo nuevo e incapaces para concretizarlo, trabados en una lucha por la supremacía con los de la propia casa. ¡Qué importante es papá! Él debe respetar, resistir y superar el impulso del hijo a quedarse con mamá y seducirlo a triunfar en su medio ambiente, hacerlo exitoso.
Entre nosotros, el día del padre es, con mucho, menos popular que el día de la madre. Todavía existe en demasía el “mis hijos”, en lugar de “nuestros hijos”. Pero en esta festividad es posible detener la corriente de la costumbre, volverse a mirar a papá con amor y decirle, en voz alta o en el corazón: “Tú eres mi padre y yo soy tu hijo o hija. Te llevo en mis genes y en mi corazón. Gracias por la vida y por todo aquello que has podido darme. Es suficiente. Lo demás, a mí me toca obtenerlo”.
Quiero narrar una experiencia reciente. Cuando presenté el cuento “Calixto el castor”, que trata de un padre que debe irse de casa y dejar a sus hijos al cuidado de otro castor, una señora compró el librito y lo dejó en algún sitio, a la vista. Su nieta lo tomó, se lo llevó ocultamente a la escuela y allí la maestra lo leyó al grupo. Grande fue la sorpresa cuando aproximadamente diez niños dijeron que tal era su vida, porque no vivían con su papá. En palabras de la niña, vivió una muy buena experiencia al poder hablar con otros niños de lo que cada uno sentía, se hicieron amigos entre sí, y agregó: “Qué lástima que ya se va a acabar el año, porque me gusta tenerlos como amigos”. La añoranza por papá los había puesto en contacto.
Termino diciendo: “Felicidades, papás, gracias por existir”.
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lunes, 6 de junio de 2011
IDENTIFICADA CON LAS AMIGAS
Tengo 29 años. Mi consulta proviene de observar que amigas o compañeras a las que yo he considerado exitosas en su profesión, cuando se casan sufren un bajón laboral impresionante y además cambian de carácter, como si perdieran seguridad. Varias teníamos un grupo bonito, dos veces al mes dejábamos a los novios y nos veíamos, pero esto casi se acabó porque algunas se casaron y ya no pueden asistir. Me doy cuenta de que cuando me entero de algo desagradable que les pasa a mis amigas, poco después riño con mi novio y eso me tiene preocupada. Me ha entrado temor a comprometerme y que me suceda lo mismo. ¿Cómo podría quitarme este miedo que me está perjudicando?
RESPUESTA
Un temor es el resultado de percibir determinada situación, procesarla en la mente y llegar a una conclusión desagradable. Por el contrario, si la conclusión es agradable, proporciona esperanza y fe.
Percibir es indispensable. Procesar la información, también. Lo no indispensable es llegar a una conclusión de miedo y permanecer en ella, sin buscar otras más benignas. Por ejemplo: el conductor de un auto debe percibir la carretera y darse cuenta de cuáles tramos son rectos, curvos, de subida o bajada, dónde hay desviaciones, baches o algún accidente, y procesar la información de manera que pueda hacer los ajustes corporales para seguir el camino; pero cometería un error si, al encontrarse con un accidente, en lugar de continuar percibiendo lo que sigue, repitiera en su imaginación una y otra vez la desafortunada escena que vio hasta convencerse de que a él también le ocurrirá lo mismo.
Dices que cuando te enteras de que a tus amigas les pasa algo desagradable, poco después riñes con tu novio. Imagino que te das cuenta de la equivocación, pero no puedes evitar reaccionar. Me haces recordar el tiempo en que aprendí a conducir, hace ya muchos años, en un auto que no tenía espejos laterales, pero luego, un día, cambié a uno que sí los traía. Puedes imaginar la frenada descomunal que instintivamente di al ver que, por la izquierda, otro auto se nos echaba encima. Por supuesto que no era verdad, sólo que mi cerebro procesó como real la imagen que le enviaba un espejo que antes no estaba ahí, y todo mi cuerpo reaccionó de manera automática. No podía conducir así, cada vez que un vehículo se acercaba por detrás, tenía el reflejo de aplicar el freno. Fue necesario que me estacionara a un lado de la avenida y durante un cuarto de hora observara los coches que pasaban a través de la superficie lisa, hasta que mi cerebro asimiló la nueva realidad y dejó de hacerme reaccionar a su presencia. Quizá te sea útil que, cada vez que una amiga te confía alguna de sus dificultades, en tu mente le digas: “Tú allá, y yo acá. Tu vida y la mía son distintas”. Así, aunque sigas queriéndola entrañablemente, podrás percibir que ella y tú son personas que tienen cada una vida y reacciones diferentes.
RESPUESTA
Un temor es el resultado de percibir determinada situación, procesarla en la mente y llegar a una conclusión desagradable. Por el contrario, si la conclusión es agradable, proporciona esperanza y fe.
Percibir es indispensable. Procesar la información, también. Lo no indispensable es llegar a una conclusión de miedo y permanecer en ella, sin buscar otras más benignas. Por ejemplo: el conductor de un auto debe percibir la carretera y darse cuenta de cuáles tramos son rectos, curvos, de subida o bajada, dónde hay desviaciones, baches o algún accidente, y procesar la información de manera que pueda hacer los ajustes corporales para seguir el camino; pero cometería un error si, al encontrarse con un accidente, en lugar de continuar percibiendo lo que sigue, repitiera en su imaginación una y otra vez la desafortunada escena que vio hasta convencerse de que a él también le ocurrirá lo mismo.
Dices que cuando te enteras de que a tus amigas les pasa algo desagradable, poco después riñes con tu novio. Imagino que te das cuenta de la equivocación, pero no puedes evitar reaccionar. Me haces recordar el tiempo en que aprendí a conducir, hace ya muchos años, en un auto que no tenía espejos laterales, pero luego, un día, cambié a uno que sí los traía. Puedes imaginar la frenada descomunal que instintivamente di al ver que, por la izquierda, otro auto se nos echaba encima. Por supuesto que no era verdad, sólo que mi cerebro procesó como real la imagen que le enviaba un espejo que antes no estaba ahí, y todo mi cuerpo reaccionó de manera automática. No podía conducir así, cada vez que un vehículo se acercaba por detrás, tenía el reflejo de aplicar el freno. Fue necesario que me estacionara a un lado de la avenida y durante un cuarto de hora observara los coches que pasaban a través de la superficie lisa, hasta que mi cerebro asimiló la nueva realidad y dejó de hacerme reaccionar a su presencia. Quizá te sea útil que, cada vez que una amiga te confía alguna de sus dificultades, en tu mente le digas: “Tú allá, y yo acá. Tu vida y la mía son distintas”. Así, aunque sigas queriéndola entrañablemente, podrás percibir que ella y tú son personas que tienen cada una vida y reacciones diferentes.
lunes, 30 de mayo de 2011
HABILIDAD EMOCIONAL
Estoy atravesando una situación difícil con mi ex-novio. Tuvimos una relación muy hermosa, intensa y llena de experiencias. Hace cinco meses que decidí terminar él y ha sido un ir y venir. Por primera vez me había visualizado con una persona, habíamos comenzado a crear proyectos, metas, sueños juntos, y de repente, un día las cosas ya no son como antes...
El tiempo que estuvimos separados valoré mucho la relación y a él, y ahora que yo me siento preparada, con ganas de luchar por conservarlos, él decidió no continuar más, tomó esa decisión la semana pasada, pero igual un par de días antes había decidido luchar, es decir, cambia de opinión constantemente y me desconcierta por completo. Mi pregunta es ¿cómo puedo saber lo que él en verdad quiere? Un día me dice algo y otro me lo cambia. ¿Me haría bien algún tipo de terapia, que me haga menos duro el proceso?
RESPUESTA
Te duele lo que estás viviendo. No es el fin del mundo, pero como si lo fuera; lastima profundamente hacer planes y verlos desmoronarse, sobre todo cuando llevarlos a cabo no depende sólo de tu decisión, sino que es necesaria otra persona. Te es difícil comprender que él cambie de opinión, que diga sí, luego no, otra vez sí y de nuevo no. En casos como el tuyo, puede una desear tanto el sí, que se ve tentada a promoverlo, a convencer al otro y decirle algo como: “Date cuenta de que es posible, que esta relación es buena y conmigo mejor que con nadie, yo te convengo”.
Sin embargo, tú dudaste primero. Hace cinco meses que terminaste la relación. No creo que haya sido capricho, debieron motivarte razones de peso. Luego descubriste que se debe luchar, poner algo de tu parte. Eso ya fue un aprendizaje valioso que sólo se obtiene viviéndolo. Pero él no está seguro y prefiere posponer la oportunidad. Sería imposible e indeseable que lo forzaras. Necesitan espacio, distancia, para que cada uno sepa con exactitud qué desea y calibre las propias capacidades. Tú no puedes hacer por él aquello que le corresponde: saber lo que quiere. Le toca. Es su responsabilidad. Si él permitiera que te tomaras la atribución de decidir en su lugar, algo habrían perdido ambos para siempre y llevarías sobre tus espaldas toda la carga de la relación. ¿Has conocido a personas, hombres o mujeres, que estando en pareja, sólo ellas parecen aportar algo?
Dices bien cuando preguntas si una terapia haría menos duro el proceso. Pienso que sí, por la posibilidad de hablarlo. Aprenderías el doble. Quizá decidas tomarla y sacar mayor provecho de este reto que la vida te presenta: manejar adecuadamente emociones que, por su magnitud, ofrecen un mayor grado de dificultad. Pasaste a otro nivel. Similar a cuando uno aprendió a conducir un auto en el campo o en calles solitarias y un día debe meterse al tráfico. Hace lo mismo que ya sabe: llevar el volante, cambiar velocidades y frenar, pero además, tiene que poner atención a los otros autos, ciclistas, motociclistas, peatones, semáforos, glorietas y cruces de calles. Algunas personas dicen: “No puedo”, y otras, aun con temor, insisten y pasado el tiempo conducen tranquilamente, porque ya adquirieron la habilidad.
Te deseo que aproveches satisfactoriamente esta oportunidad de ampliar tu inteligencia emocional.
El tiempo que estuvimos separados valoré mucho la relación y a él, y ahora que yo me siento preparada, con ganas de luchar por conservarlos, él decidió no continuar más, tomó esa decisión la semana pasada, pero igual un par de días antes había decidido luchar, es decir, cambia de opinión constantemente y me desconcierta por completo. Mi pregunta es ¿cómo puedo saber lo que él en verdad quiere? Un día me dice algo y otro me lo cambia. ¿Me haría bien algún tipo de terapia, que me haga menos duro el proceso?
RESPUESTA
Te duele lo que estás viviendo. No es el fin del mundo, pero como si lo fuera; lastima profundamente hacer planes y verlos desmoronarse, sobre todo cuando llevarlos a cabo no depende sólo de tu decisión, sino que es necesaria otra persona. Te es difícil comprender que él cambie de opinión, que diga sí, luego no, otra vez sí y de nuevo no. En casos como el tuyo, puede una desear tanto el sí, que se ve tentada a promoverlo, a convencer al otro y decirle algo como: “Date cuenta de que es posible, que esta relación es buena y conmigo mejor que con nadie, yo te convengo”.
Sin embargo, tú dudaste primero. Hace cinco meses que terminaste la relación. No creo que haya sido capricho, debieron motivarte razones de peso. Luego descubriste que se debe luchar, poner algo de tu parte. Eso ya fue un aprendizaje valioso que sólo se obtiene viviéndolo. Pero él no está seguro y prefiere posponer la oportunidad. Sería imposible e indeseable que lo forzaras. Necesitan espacio, distancia, para que cada uno sepa con exactitud qué desea y calibre las propias capacidades. Tú no puedes hacer por él aquello que le corresponde: saber lo que quiere. Le toca. Es su responsabilidad. Si él permitiera que te tomaras la atribución de decidir en su lugar, algo habrían perdido ambos para siempre y llevarías sobre tus espaldas toda la carga de la relación. ¿Has conocido a personas, hombres o mujeres, que estando en pareja, sólo ellas parecen aportar algo?
Dices bien cuando preguntas si una terapia haría menos duro el proceso. Pienso que sí, por la posibilidad de hablarlo. Aprenderías el doble. Quizá decidas tomarla y sacar mayor provecho de este reto que la vida te presenta: manejar adecuadamente emociones que, por su magnitud, ofrecen un mayor grado de dificultad. Pasaste a otro nivel. Similar a cuando uno aprendió a conducir un auto en el campo o en calles solitarias y un día debe meterse al tráfico. Hace lo mismo que ya sabe: llevar el volante, cambiar velocidades y frenar, pero además, tiene que poner atención a los otros autos, ciclistas, motociclistas, peatones, semáforos, glorietas y cruces de calles. Algunas personas dicen: “No puedo”, y otras, aun con temor, insisten y pasado el tiempo conducen tranquilamente, porque ya adquirieron la habilidad.
Te deseo que aproveches satisfactoriamente esta oportunidad de ampliar tu inteligencia emocional.
lunes, 23 de mayo de 2011
MIEDOS Y FE
Mi problema es que tengo miedos: de hablar, de salir a la calle, de conseguir un trabajo y que alguien hable de mi pasado o suelte rumores sobre mi alcoholismo. Leí su artículo que habla de Dios, porque entiendo que se refiere a Dios cuando dice Sabiduría. Allí dice que uno necesita entregarse y tener fe. Yo tengo fe, creo en Él y también tengo fe en que voy a amanecer mañana, pero no aprendo a vivir el día, me acuerdo de mis errores y ellos me derrumban. Estoy seguro de que necesito ayuda y no sé cómo comenzar. Quiero cambiar porque me siento demasiado mal y arrepentido.
RESPUESTA
Los humanos vivimos de fe. La mayor parte de lo que pensamos y creemos es fe. Fe en los científicos cuando hablan de bacterias, pues no tenemos microscopio para verlas y que nos conste. Fe en que la oruga pasará por tal calle a tal hora, pues no sabemos con seguridad si lo hará esta vez, sin embargo la esperamos en la parada… La llamo fe, porque no es posible que nos cercioremos absolutamente de todo y nos vemos obligados a creer lo que nos entrega el filtro de nuestra interpretación.
Los miedos son fe al revés: en lugar de estar uno convencido de que algo bueno está por suceder, se espera lo malo con igual convicción.
Tú tienes miedos; esperas lo peor. Intuyo que tu interpretación actual es más o menos así: “He cometido demasiados errores; por lo tanto, sólo puedo esperar eventos desgraciados”. Como la fe mueve montañas, exactamente así sucederá. Siempre recibimos lo que nuestra fe solicita, aquello para lo cual tenemos ojos. No podemos ver lo demás, aunque esté presente. Necesitas cambiar el contenido de tu fe.
¿Cómo se hace? Modificando la interpretación. En lugar de: “mis errores me condenan”, puedes pensar que ellos son detonadores de un interés urgente por descubrir lo esencial. Sin tus errores, probablemente continuarías, por inercia, en la trayectoria que te marcaron eventos ocurridos durante la infancia o más atrás, en la historia familiar antigua, que probablemente ni siquiera conoces. Todos somos producto y encarnación de las experiencias de nuestros padres, abuelos, bisabuelos…, y nacemos con la posibilidad de dar un giro, para bien o para mal, en el rumbo que determinaron los estilos de vida que nos fueron inculcados.
Cambiar el contenido de la fe es pasar del pensamiento “estoy mal, en todo me va mal y sólo puede irme peor”, a este otro: Mi Poder Superior me conoce, me toma como soy, me enseña y conduce hacia mi bien. Sólo pide que yo esté disponible para Él transformar mi vida”.
Tomé el concepto anterior de la literatura de AA. Te recomiendo asistir a estos grupos, en ellos podrías comprobar que otras personas han cometido errores similares a los tuyos y se propusieron renacer, transformando sus equivocaciones en fuerza y determinación, a través de un programa de doce pasos que han practicado millares de individuos que se sentían como te sientes tú. Podrías observar a los recién llegados, con su carga de miedos y remordimientos. A los que llevan un tiempo practicando el descubrir un universo nuevo, con estilos de vida nuevos. También a los que asisten a pocas sesiones y se marchan, decidiendo que eso no es para ellos y prefieren “malo por conocido que bueno por conocer”. Te darías cuenta de que es más fácil conservar la desdicha y la desesperación, que confiar las riendas de la propia vida a un Poder Superior que conduce a todos a su mayor bien.
RESPUESTA
Los humanos vivimos de fe. La mayor parte de lo que pensamos y creemos es fe. Fe en los científicos cuando hablan de bacterias, pues no tenemos microscopio para verlas y que nos conste. Fe en que la oruga pasará por tal calle a tal hora, pues no sabemos con seguridad si lo hará esta vez, sin embargo la esperamos en la parada… La llamo fe, porque no es posible que nos cercioremos absolutamente de todo y nos vemos obligados a creer lo que nos entrega el filtro de nuestra interpretación.
Los miedos son fe al revés: en lugar de estar uno convencido de que algo bueno está por suceder, se espera lo malo con igual convicción.
Tú tienes miedos; esperas lo peor. Intuyo que tu interpretación actual es más o menos así: “He cometido demasiados errores; por lo tanto, sólo puedo esperar eventos desgraciados”. Como la fe mueve montañas, exactamente así sucederá. Siempre recibimos lo que nuestra fe solicita, aquello para lo cual tenemos ojos. No podemos ver lo demás, aunque esté presente. Necesitas cambiar el contenido de tu fe.
¿Cómo se hace? Modificando la interpretación. En lugar de: “mis errores me condenan”, puedes pensar que ellos son detonadores de un interés urgente por descubrir lo esencial. Sin tus errores, probablemente continuarías, por inercia, en la trayectoria que te marcaron eventos ocurridos durante la infancia o más atrás, en la historia familiar antigua, que probablemente ni siquiera conoces. Todos somos producto y encarnación de las experiencias de nuestros padres, abuelos, bisabuelos…, y nacemos con la posibilidad de dar un giro, para bien o para mal, en el rumbo que determinaron los estilos de vida que nos fueron inculcados.
Cambiar el contenido de la fe es pasar del pensamiento “estoy mal, en todo me va mal y sólo puede irme peor”, a este otro: Mi Poder Superior me conoce, me toma como soy, me enseña y conduce hacia mi bien. Sólo pide que yo esté disponible para Él transformar mi vida”.
Tomé el concepto anterior de la literatura de AA. Te recomiendo asistir a estos grupos, en ellos podrías comprobar que otras personas han cometido errores similares a los tuyos y se propusieron renacer, transformando sus equivocaciones en fuerza y determinación, a través de un programa de doce pasos que han practicado millares de individuos que se sentían como te sientes tú. Podrías observar a los recién llegados, con su carga de miedos y remordimientos. A los que llevan un tiempo practicando el descubrir un universo nuevo, con estilos de vida nuevos. También a los que asisten a pocas sesiones y se marchan, decidiendo que eso no es para ellos y prefieren “malo por conocido que bueno por conocer”. Te darías cuenta de que es más fácil conservar la desdicha y la desesperación, que confiar las riendas de la propia vida a un Poder Superior que conduce a todos a su mayor bien.
lunes, 16 de mayo de 2011
PRESENTARÉ OTRO LIBRO
Hoy quiero compartirles que presentaré un cuento ilustrado para niños en la Feria Nacional del Libro. Será el jueves 19 a las 11 am, en el área de talleres. Se llama “Calixto el castor”. Se refiere a la necesidad infantil de ver a los papás unidos. El autor del personaje y de la historia es un niño de 9 años, Leonardo Adrián Ramírez Luna, mi nieto, quien me dictó el cuento cuando estaba por cumplir 8, y dijo: “Si lo publican, no vayas a decir que lo hiciste tú sola”. Accedí. Con el mayor de los gustos le puse gramática, agregué detalles al desenlace y supervisé las ilustraciones. Lula Prado hará la introducción. Los Figus serán los cuentacuentos y al final, regalarán tres ejemplares a los niños que hayan entendido y puedan responder. Luego, las firmas serán en el estante de Porrúa. Leonardo y yo estaremos allí, pluma en mano, experimentando el placer de autografiar libros.
El viernes 20, a las 11 am. Los Figus harán una representación teatral del cuento que presenté el año pasado: “Amor con púas”, también para niños, sobre cuando uno lastima o es lastimado. Habrá tres ejemplares de regalo para los asistentes que contesten bien.
El miércoles 18 habrá dos talleres para preadolescentes, uno, “De niña a mujer”, a las 11 am., y otro, “De niño a Varón”, a las 12 medio día, ambos basados en mis obras del mismo nombre. A los asistentes a taller se les venderán estos libros en $10.00, también se les proporcionarán dos direcciones de correo electrónico a fin de que puedan hacer consultas particulares gratuitas con quienes impartirán los talleres o con quien esto escribe, si así lo desean.
Con los libros mencionados completo ocho. El año pasado presenté “Biografía del amor”, supuesta entrevista en la que el amor habla, describiendo las etapas del proceso en que él toma forma, nace, se estanca o desarrolla, se vuelve autoestima, luego afecto y respeto por el otro, sigue adelante y termina en espiritualidad. En 2008 fue “Las buenas mujeres”, novela que sobre los cambios vertiginosos que ha tenido el pensamiento femenino, mismos que en ocasiones nos dejan sin saber qué es bueno o malo. Todos ellos pueden ser adquiridos en la Feria Nacional del Libro, se encuentran en Porrúa, Sótano, Gonvill, librería Catedral y Papiros. En cambio, el libro “Lo mejor de lo peor” se consigue solamente en Trillas.
Nos vemos en la Feria Nacional del Libro de León, Gto.
El viernes 20, a las 11 am. Los Figus harán una representación teatral del cuento que presenté el año pasado: “Amor con púas”, también para niños, sobre cuando uno lastima o es lastimado. Habrá tres ejemplares de regalo para los asistentes que contesten bien.
El miércoles 18 habrá dos talleres para preadolescentes, uno, “De niña a mujer”, a las 11 am., y otro, “De niño a Varón”, a las 12 medio día, ambos basados en mis obras del mismo nombre. A los asistentes a taller se les venderán estos libros en $10.00, también se les proporcionarán dos direcciones de correo electrónico a fin de que puedan hacer consultas particulares gratuitas con quienes impartirán los talleres o con quien esto escribe, si así lo desean.
Con los libros mencionados completo ocho. El año pasado presenté “Biografía del amor”, supuesta entrevista en la que el amor habla, describiendo las etapas del proceso en que él toma forma, nace, se estanca o desarrolla, se vuelve autoestima, luego afecto y respeto por el otro, sigue adelante y termina en espiritualidad. En 2008 fue “Las buenas mujeres”, novela que sobre los cambios vertiginosos que ha tenido el pensamiento femenino, mismos que en ocasiones nos dejan sin saber qué es bueno o malo. Todos ellos pueden ser adquiridos en la Feria Nacional del Libro, se encuentran en Porrúa, Sótano, Gonvill, librería Catedral y Papiros. En cambio, el libro “Lo mejor de lo peor” se consigue solamente en Trillas.
Nos vemos en la Feria Nacional del Libro de León, Gto.
lunes, 2 de mayo de 2011
RETOS DE LA VIDA
Me divorcié y ahora tengo otra pareja, también divorciada. Ambos tenemos dos hijos; ella, dos niñas; yo, niño y niña. Vivimos cada uno en su casa. No sé por qué le pienso para volverme a casar, aunque nos llevamos bien y ella lo desea, ¿será un trauma que saqué de mi primer matrimonio? Porque nos volvimos como enemigos, haga de cuenta la película Kramer vs. Kramer. Me preocuparía que yo hubiera quedado incapacitado para una buena relación, ¿es posible?
RESPUESTA
Te encuentras ante una importante lección de la vida, ¿cuál será? Existen personas para quienes la experiencia de pasar por un divorcio, accidente, limitación, fracaso, enfermedad, pérdida o dolor de cualquier tipo, se convierte en maestra de sus vidas, las motiva a indagar lo esencial y pasar a un nuevo nivel de desarrollo. Para otras, en cambio, el evento marca el inicio de una hecatombe de la que no vuelven a salir. Dicen: “Quedé traumado”, “desde aquello no he vuelto a ver la mía”, “caí en depresión”, y tantas cosas más.
La diferencia está en la manera de interpretar los acontecimientos. No es lo mismo: “Este horrible suceso es una oportunidad y un reto”, que: “Es mi final, nunca podré recuperarme”.
El desarrollo humano y espiritual de una persona necesita retos, y la Sabiduría Superior nos los proporciona. Nadie de nosotros tiene autoridad suficiente para cuestionar los métodos con los cuales nos conduce a determinado conocimiento o experiencia. Para ti fue un divorcio colmado de peleas. Si es verdad que “Dios escribe derecho sobre renglones torcidos”, puedes confiar en que Él te dio algo bueno, aunque no se haya ajustado a los renglones (directrices) que nos gusta colocarle acerca de “lo que sería correcto” y lo que “Él debería” hacer, darnos o exigir.
Tienes muchas cosas nuevas que aprender. Ciertamente, una segunda relación es más complicada que la primera, pues lo vivido deja consecuencias: hijos, vínculos, hábitos, expectativas…, que deben ser reconocidos y tener un lugar propio. Un segundo marido, (lo mismo a la inversa, una segunda esposa), necesita convenir en que es el segundo y que la mujer está vinculada con el primero y con sus hijos. Sólo así puede tomarla como esposa. De lo contrario, se enfrascará en una lucha perdida contra la realidad.
Es posible observar cuando lo descrito no sucede: la nueva pareja pretende sentirse mejor que la primera, inclusive exige que así se le reconozca, experimenta alegría cuando se critica o condena a la anterior, y con ello cree tener mayor seguridad de que podrán tener una buena relación. No es así. Tomar como punto de referencia a la primera pareja de la pareja conduce tanto a huir compulsivamente de cualquier semejanza, como a imitarla.
Lo vivido, aunque pasado, tiene consecuencias que llegan hasta el momento actual, consecuencias que deben ser aceptadas. Por ejemplo, la culpa. Como nadie se casa con la intención de divorciarse, ocasiona culpa el comparar los hechos con las ilusiones. Hay que vivir con esta culpa y admitir: “hice lo que pude y fui capaz de hacer, distinto a lo que deseaba”. Someterse a vivir con la culpa da fuerza; en cambio, la culpabilidad debilita: “si yo fuera bueno, cambiaría los hechos y los ajustaría a mis ilusiones”. Se necesita humildad para reconocer las propias limitaciones y permanecer en paz.
Generalmente, un trauma es una resistencia aparentemente insuperable contra los hechos: “Esto no debió ocurrir jamás”, “¿por qué a mí?”, “¿por qué tan mal?”, “no es mi culpa”, “es injusto”, etc., etc. Asentir a lo que es, como es, disuelve la tensión y se convierte en fortaleza. ¿Qué prefieres, pensar que tienes un trauma, o un reto?
RESPUESTA
Te encuentras ante una importante lección de la vida, ¿cuál será? Existen personas para quienes la experiencia de pasar por un divorcio, accidente, limitación, fracaso, enfermedad, pérdida o dolor de cualquier tipo, se convierte en maestra de sus vidas, las motiva a indagar lo esencial y pasar a un nuevo nivel de desarrollo. Para otras, en cambio, el evento marca el inicio de una hecatombe de la que no vuelven a salir. Dicen: “Quedé traumado”, “desde aquello no he vuelto a ver la mía”, “caí en depresión”, y tantas cosas más.
La diferencia está en la manera de interpretar los acontecimientos. No es lo mismo: “Este horrible suceso es una oportunidad y un reto”, que: “Es mi final, nunca podré recuperarme”.
El desarrollo humano y espiritual de una persona necesita retos, y la Sabiduría Superior nos los proporciona. Nadie de nosotros tiene autoridad suficiente para cuestionar los métodos con los cuales nos conduce a determinado conocimiento o experiencia. Para ti fue un divorcio colmado de peleas. Si es verdad que “Dios escribe derecho sobre renglones torcidos”, puedes confiar en que Él te dio algo bueno, aunque no se haya ajustado a los renglones (directrices) que nos gusta colocarle acerca de “lo que sería correcto” y lo que “Él debería” hacer, darnos o exigir.
Tienes muchas cosas nuevas que aprender. Ciertamente, una segunda relación es más complicada que la primera, pues lo vivido deja consecuencias: hijos, vínculos, hábitos, expectativas…, que deben ser reconocidos y tener un lugar propio. Un segundo marido, (lo mismo a la inversa, una segunda esposa), necesita convenir en que es el segundo y que la mujer está vinculada con el primero y con sus hijos. Sólo así puede tomarla como esposa. De lo contrario, se enfrascará en una lucha perdida contra la realidad.
Es posible observar cuando lo descrito no sucede: la nueva pareja pretende sentirse mejor que la primera, inclusive exige que así se le reconozca, experimenta alegría cuando se critica o condena a la anterior, y con ello cree tener mayor seguridad de que podrán tener una buena relación. No es así. Tomar como punto de referencia a la primera pareja de la pareja conduce tanto a huir compulsivamente de cualquier semejanza, como a imitarla.
Lo vivido, aunque pasado, tiene consecuencias que llegan hasta el momento actual, consecuencias que deben ser aceptadas. Por ejemplo, la culpa. Como nadie se casa con la intención de divorciarse, ocasiona culpa el comparar los hechos con las ilusiones. Hay que vivir con esta culpa y admitir: “hice lo que pude y fui capaz de hacer, distinto a lo que deseaba”. Someterse a vivir con la culpa da fuerza; en cambio, la culpabilidad debilita: “si yo fuera bueno, cambiaría los hechos y los ajustaría a mis ilusiones”. Se necesita humildad para reconocer las propias limitaciones y permanecer en paz.
Generalmente, un trauma es una resistencia aparentemente insuperable contra los hechos: “Esto no debió ocurrir jamás”, “¿por qué a mí?”, “¿por qué tan mal?”, “no es mi culpa”, “es injusto”, etc., etc. Asentir a lo que es, como es, disuelve la tensión y se convierte en fortaleza. ¿Qué prefieres, pensar que tienes un trauma, o un reto?
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