lunes, 8 de agosto de 2011

MIEDO DE MORIR

Desde que me enteré que estaba embarazada, comencé a sentir extrañamente miedo por morir, como todo es sabido lo único seguro que tenemos es morir. Mi miedo comenzó de menos a más pues ahora que ya tengo a mi bebé mi miedo aumentó, al grado que todos los días tengo miedo a morir y me la paso pensando en el futuro de mi hija, ya que he visto como niños huérfanos sufren mucho con sus madrastras o padrastros. Mi angustia es tal que ya hasta le dije mi última voluntad a mi esposo, que si él llegara a casarse al yo morir, deje a mi hija con mis padres, pues la mayoría de los casos que conozco, las parejas de los viudos nunca quieren a sus hijos y los maltratan. Por favor le pido un consejo para volver a tener calma en mi alma y no pensar en la muerte todos los días, a todas horas.
RESPUESTA
Primero, felicidades por tu beba, ya eres madre. Y estás muy consciente del miedo que sienten las madres: ¿estaré allí, presente, cuando mi hija me necesite?, ¿qué sucederá si no es así? Y como si estuvieras segura de que la respuesta es ¡no!, imaginas que vas a morir, porque solamente de esa manera dejarías a tu hijita sin tu protección. ¿Voy bien?
Déjame decirte que tu miedo tiene una base real, puesto que ya moriste. ¿Cómo? Engendrar, dar a luz, educar y acompañar a un hijo, que es la tarea más difícil y gratificante de la vida, cambia a los padres para siempre, de manera que éstos jamás serán los que eran antes de tener al hijo. ¿No es esto una verdadera muerte, aunque el cuerpo siga viviendo? Ya no existe la mujer soltera que cuidaba solamente de sí misma, ahora siempre estarán presentes las necesidades de tu hija. Si dejas de resistir a este cambio formidable y te das cuenta de que ya sucedió, las ideas de muerte no serán necesarias. Sin embargo, puede haber otros motivos que las sustenten. Quizá sea verdad lo que digo en el siguiente párrafo.
Tu hija tiene una mamá que la ama profundamente y desea protegerla de todo mal y dolor, no obstante saber que es imposible, ni siquiera deseable; imagínate que en verdad pudieras formarle una burbuja esterilizada, con la cual lograras evitar que los gérmenes y toda clase de experiencias dolorosas entraran en contacto con ella, y jamás enfermara, ¿le habrías hecho un bien? ¡No! Estaría tan falta de defensas, que se vería en problemas en cuanto saliera de su cárcel protectora. La habrías condenado al aislamiento, como se hace con los peores criminales; a la dependencia, como si fuera discapacitada; y a no tomar su vida en sus manos, como si nunca se la hubieras dado. ¡Por supuesto que alguien así estaría totalmente necesitado de su madre, a cualquier edad, porque no podría valerse por sí mismo! He conocido a padres que tienen hijos con parálisis cerebral u otros trastornos graves, y confiesan que su mayor miedo es morirse y dejar al hijo sin quién lo cuide. No es tu caso, ¿verdad?
A veces, no obstante solucionar lo anterior, los miedos persisten. Entonces sería recomendable hacer una Constelación Familiar, para saber a quién le pertenecen, entregárselos y quedar libre de ellos. Te deseo una feliz maternidad.




lunes, 1 de agosto de 2011

NO ME BESA

Tengo 5 años de casada y una hermosa niña de 3 años. Desde que me casé mi esposo limitó mucho nuestras relaciones sexuales porque no está de acuerdo con los anticonceptivos y no quería que me embarazara rápido. Después de 1 año decidió que quería un hijo y casi de inmediato me embaracé, durante el embarazo jamás quiso tener relaciones porque le daba miedo lastimar a la bebé, después fue cesárea y pasaron meses sin que me tocara porque quería mi recuperación total, después que la niña cumplió 1 año me operaron de apendicitis y aún cuida mi recuperación, ya tenemos casi 4 años en que no existe contacto físico entre nosotros. He hablado con él y le he preguntado si no me quiere, y dice que la niña y yo somos lo que más quiere en el mundo. Él es muy paciente y hogareño y nos da lo que necesitamos, sólo no quiere estar conmigo. Le dije que si íbamos con un psicólogo, pero me dice que si quiero vaya yo, porque él está bien. El hecho de no tener relaciones me hace sentir que no le intereso, no tiene demasiadas muestras de afecto para conmigo, a veces ni siquiera un beso... nos han preguntado que para cuándo encargamos otro bebé, y él siempre dice que me pregunten a mí, que yo no quiero porque tengo miedo, y el día que le reclamé que cómo íbamos a tener otro hijo, si él ni siquiera me besa, me dijo que entonces cuando me preguntaran les contestara eso, y para mí es humillante, cómo le voy a decir a los demás que no le intereso como mujer a mi marido? Esto ha bajado mucho mi autoestima, mi seguridad, y me pregunto si realmente yo soy quien está mal. Gracias
RESPUESTA
Así que no le crees a tu marido cuando dice que tú y tu hija son lo que más quiere en el mundo. Tampoco crees que le interesas, a pesar de que cuida tu recuperación hasta un punto que te parece excesivo. ¿Piensas que miente?, ¿examinas la posibilidad de que él esté ocultándote una verdad que no puede o no quiere reconocer, quizá le disgusta, podría lastimarlos a ti o a él o a alguien más, darle vergüenza o algún otro motivo?
Me pregunto qué es lo que en realidad tú crees y piensas. También me pregunto si la mencionada “verdad oculta” está tan oculta que de veras no la puedes ver, o si también tú prefieres mentirte porque no quieres o no puedes reconocerla, te disgusta, podría lastimarlos a él o a ti o a alguien más, te daría vergüenza, te sentirías humillada, perderías tu autoestima, tu seguridad y tal vez pensarías que eres tú quien está mal. ¿A qué me refiero?
Me refiero a que a veces ayuda decirnos: “Lo sé todo y también sé que tengo razón en lo que pienso. Lo he sabido siempre”. ¿Qué sucedería si te lo dijeras?
En ocasiones escuchamos decir: “Tengo un novio maravilloso que me respeta y jamás de los jamases ha intentado propasarse conmigo, estoy feliz de haberlo encontrado”. Quien así habla, sabe de lo que habla. Pero puede suceder que no sea el caso, y diga: “Cuando éramos novios, él era un torbellino, necesitaba yo de toda mi fuerza para contenerlo y que él tuviera las manos quietas; sin embargo, ahora, ni siquiera me besa”. Esto es distinto y cabe preguntarse: “¿Qué pasó?, ¿a dónde se fue aquella energía?, ¿cuándo y por qué ocurrió este cambio?”.
Cuando alguien se dice a sí mismo: “Lo sé. Lo sabía”, entonces puede decidir qué quiere hacer con su conocimiento. A lo mejor decide: “Me quedo y lo tomo tal como es”, o lo contrario: “Esto no lo puedo soportar, o cambia o lo dejo”, o un punto intermedio: “Me duele vivir como vivo y no deseo lastimarte ni imponerte mis normas de cómo deberíamos ser, ¿qué soluciones se te ocurren que quieras comentarme?, ¿crees que podemos hacer algo para que yo me sienta mejor?”.

lunes, 25 de julio de 2011

ESTAR AL LÍMITE

Estoy confundida. Por más de 10 años consecutivos he trabajado sin parar, pero ahora que soy mamá, mi deseo de disfrutar mi maternidad y estar con mi hijo es muy fuerte. Siento mucha culpa cuando lo dejo con mi mamá para que me lo cuide. Por otro lado, mi cuerpo me dice que pare, el estrés por el trabajo es muy fuerte y ahora con todos mis roles no tengo tiempo para mí, hacer ejercicio o salir al cine con mi esposo. Él me sugiere darme un año sabático, pero me da miedo, pues de alguna manera estoy acostumbrada a ganar mi dinero, y en plena crisis, después se podría complicar encontrar trabajo. ¿Qué hacer en estos casos?
RESPUESTA
Estás confundida. Por diez años tu camino consistió en trabajar y ganar dinero para ti, entre otras cosas que no mencionas. Ahora, otros caminos se han emparejado con el tuyo: el de tu esposo y el de tu hijo. Aumentaron tus roles a desempeñar, también eres esposa y madre. Sientes que no cabe todo, te ves obligada a llegar hasta donde tus límites permiten y más allá. Algo debe quedar sin atender, porque ni el tiempo ni las fuerzas te alcanzan. Dudas qué cosas elegir para entregarles corazón, tiempo y esfuerzo; es decir, tu vida actual. Estás consciente de tu necesidad de seleccionar entre el exceso de posibilidades, pero te da miedo equivocarte al escoger y que el resultado sea no sólo contraproducente, sino definitivo. Preguntas qué hacer; pero creo que de ninguna manera harás lo que alguien te aconseje, porque dentro de ti ya tienes tomada la decisión. El asunto es saber: ¿la impulsó el amor, o el miedo?
Sea cual fuere la elección que hiciste y que pronto saldrá a la luz, quizá quieras probar a decir en tu corazón, dirigiéndote a tu madre, tu padre y demás ancestros: “Por favor, permitan con agrado que yo confíe en un hombre, lo respete y me apoye en él. Hacerlo no significa que a ustedes los amaré menos. Gracias”. Y luego, a tu esposo, también en tu corazón: “Por favor, sostenme y sujétame si quiero irme”.

lunes, 18 de julio de 2011

IGUAL QUE MI PADRE

Dicen que lo que no puedo ver en mi casa lo he de tener. Así es mi pareja, similar a mi padre, hasta parece cierto que inconscientemente busqué a alguien igual que mi padre, tiene un genio que válgame dios y hace muchas cosas que mi padre hace. Claro, también tiene sus cosas buenas.
Cuando era yo una adolescente siempre critiqué a mis padres, primero a mi madre por aguantarlo y permitir que él nos hiciera daño. Mi infancia no fue buena, sufrí abuso sexual por parte de mi padre, por lo tanto ahora no me va muy bien, soy insegura, celosa, desconfiada. Cuando cumplí 21 años, platicando con mi madre le pregunté por qué no se había ido de lado de mi padre para que no nos hiciera nada a mi hermana y a mí, y su respuesta fue: Yo no tenía apoyo de nadie, a dónde iba con 4 hijos, cómo le iba hacer, tu abuelo me decía, a ti te acepto pero a tus hijos no. Yo la criticaba porque veía que mi padre la sobajaba, la trataba como su sirvienta, le daba muy poco para el gasto, la hacía sentir una inútil y ella no se defendía, siempre decía: tienes razón. Según ella, para no pelear. Y yo pensaba: eso no me va a pasar a mí, no me voy a dejar humillar por ningún hombre.
Me gustaría saber cómo romper esta cadena que viene desde mis antepasados. Tengo una niña de 3 años a quien amo con todo mi corazón y no me gustaría que pasara por lo mismo que yo, quiero que mi vida sea diferente y no sé por dónde empezar, los problemas que tengo con mi pareja son por todos mis traumas, no puedo confiar en nadie, ni en él, pero aun así lo amo y quiero tener un hogar normal con él, ¿cómo romper esta cadena?
RESPUESTA
Nuestros padres nos enseñan a ser como ellos son. Tú eres maestra de tu hija y le estás enseñando a ser como eres tú. También su papá le enseña a ser como él es. No cabe algo distinto; lo único que podemos dar es lo que somos. Y lo hacemos con un amor muy grande.
Es frecuente que con palabras exijamos algo distinto, como si dijéramos: “Haz lo que digo, no lo que hago”. Creemos que es suficiente. No lo es, porque las acciones tienen un poder invencible: “la palabra mueve; el ejemplo arrastra”. De hecho, estaríamos inculcándoles una división interna: “Piensa una cosa y haz otra”.
Lo anterior sucede con todos los padres, en el cien por ciento de los casos. No eres la excepción. Entregamos a nuestros hijos lo que somos, también las divisiones internas que portamos y que podrían expresarse así: “Odio lo que soy”.
Tú quieres romper la cadena. ¿Significa encontrar un nuevo acomodo, nuevos hábitos de relación? Necesitarás aprenderlos. Suena fácil, pero en la realidad implica vencer muchos obstáculos, porque requiere cambios muy profundos. Te voy a dar un ejemplo solamente del primer paso: Amar en lugar de odiar lo que soy. La frase sería: “Me amo con todos mis defectos y virtudes, lo que veo y lo que no veo, lo que me gusta y lo que me disgusta”. ¿Cuál es la primera y más generalizada reacción a esta frase?
- ¡¡No!! ¿Cómo voy a amar mis errores? Seguiría cometiéndolos.
Esta clásica reacción podría traducirse de esta manera: “Yo no aprendo por la buena, solamente por la mala. Necesito castigos para poder cambiar”. Precisamente ésta es la mentalidad que necesita ser modificada, porque el amor (no la ira ni la violencia) es el verdadero motor del mundo.
Acudir a tratamiento es investigar y explorar nuevos hábitos de vida, y luego, implementar un plan para adquirirlos. En tu caso, yo recomendaría uno basado en la teoría de Constelaciones Familiares, pues consiste en descubrir dónde está el amor y cómo puede fluir entre los miembros de una familia, o de una generación a otra.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com

lunes, 4 de julio de 2011

MUTISMO

Mi hija de 8 años no habla con extraños, el psicólogo de la escuela le diagnosticó mutismo situacional, no sé la definición pero imagino que se refiere a que es demasiado tímida y siempre quiere escapar. Desde que la maestra se dio cuenta y la mandó a tratamiento, ya tampoco habla con nosotros, se comunica con señas, se aísla y cuando cree que no la vemos habla con cosas, macetas, plantas o el perro. No sé qué les dice porque no puedo oírla, si me acerco se calla de inmediato. Me gustaría saber más sobre este tema, sus causas, cualquier cosa que nos ayude a entenderla mejor.
RESPUESTA
Hablar de todas las posibles causas en este corto espacio resulta imposible, así que me referiré solamente a mitigar el síntoma.
Estoy pensando en que todo niño necesita de sus padres, hermanos, maestros, etc., y hace esfuerzos por comunicarse con ellos, para que lo ayuden a satisfacer sus necesidades. Tu hija, no; al azar encontró un método que podría describirse así: “Mientras menos hablo, más atención me ponen”, ahora la maestra, el psicólogo y sus padres están atentos a todo lo que hace. Esto por una parte, por otra, es evidente que no tiene motivación para crecer y cuidar de sí misma, como si dijera: “Cuídenme ustedes porque yo no lo haré; no sé cómo, no quiero, o no tengo idea de para qué”.
Evidentemente, dicho método puede servirle sólo en casa; en la escuela, pronto o tarde dirán: “aquí no es el lugar adecuado para ella, llévenla a una escuela especial”. Lo siguiente puede hacerse en familia.
Independiente del tratamiento o integrado a él, podría intentarse estimularla y hasta forzarla a hablar con un método de “refuerzo-castigo”, lo cual no significa que le digan: “Habla”, y cuando lo haga aplaudan, se muestren contentos o la premien de alguna manera. Tampoco lo opuesto, que la regañen porque no dice nada; con esto reforzarían tanto su temor como la ganancia: obtener atención bajo su control.
Hasta aquí tenemos identificado lo que podría ser premio y castigo. Premio: mirar, poner atención. Castigo: no mirar, restar atención. También sabemos cuáles conductas son deseables o indeseables: acercarse a la gente y utilizar lenguaje hablado, deseables; alejarse, huir y callar, indeseables.
Dices que se comunica con señas: indeseable. Como hacerlo requiere de un mínimo de acercamiento para hacer contacto, éste debe ser premiado con volverse a mirarla. Cuando aparece la seña, se aplica el castigo: “no entiendo” y volver la mirada a otro lado.
Lo anterior posiblemente provocará un alejamiento mayor o recurrir a otro tipo de comunicaciones no verbales: llanto, berrinche, ira. Indeseables, no deben ser mirados.
Hasta aquí no ha habido una provocación franca para hacerla hablar. ¿Cómo sería ésta? Por ejemplo, llamar las cosas con nombres equivocados: “Ponte el uniforme” y se le entrega un lápiz. Quizá no reaccione las primeras veces, pero luego le será insoportable tanto “desorden” y corregirá el error. ¿Cuándo premiarla? Sólo si utiliza palabras, aunque sea solamente “no”. El premio debe ser nada más una mirada, quizás repetir la palabra que dijo: “¿no?”. Luego, de inmediato, volver la atención a otra parte. Cada vocablo que pronuncie debe ser seguido por una mirada, un instante de atención u otra palabra. Y vuelta a comenzar.
Considero que es pesada la aplicación del método, por el grado de atención controlada que requiere. Observando con detenimiento, es posible que este mismo método haya sido aplicado ya, sólo que sin estar conscientes de cuáles conductas se estaban premiando y castigando. Ojalá te sea de utilidad.

MUTISMO

Mi hija de 8 años no habla con extraños, el psicólogo de la escuela le diagnosticó mutismo situacional, no sé la definición pero imagino que se refiere a que es demasiado tímida y siempre quiere escapar. Desde que la maestra se dio cuenta y la mandó a tratamiento, ya tampoco habla con nosotros, se comunica con señas, se aísla y cuando cree que no la vemos habla con cosas, macetas, plantas o el perro. No sé qué les dice porque no puedo oírla, si me acerco se calla de inmediato. Me gustaría saber más sobre este tema, sus causas, cualquier cosa que nos ayude a entenderla mejor.
RESPUESTA
Hablar de todas las posibles causas en este corto espacio resulta imposible, así que me referiré solamente a mitigar el síntoma.
Estoy pensando en que todo niño necesita de sus padres, hermanos, maestros, etc., y hace esfuerzos por comunicarse con ellos, para que lo ayuden a satisfacer sus necesidades. Tu hija, no; al azar encontró un método que podría describirse así: “Mientras menos hablo, más atención me ponen”, ahora la maestra, el psicólogo y sus padres están atentos a todo lo que hace. Esto por una parte, por otra, es evidente que no tiene motivación para crecer y cuidar de sí misma, como si dijera: “Cuídenme ustedes porque yo no lo haré; no sé cómo, no quiero, o no tengo idea de para qué”.
Evidentemente, dicho método puede servirle sólo en casa; en la escuela, pronto o tarde dirán: “aquí no es el lugar adecuado para ella, llévenla a una escuela especial”. Lo siguiente puede hacerse en familia.
Independiente del tratamiento o integrado a él, podría intentarse estimularla y hasta forzarla a hablar con un método de “refuerzo-castigo”, lo cual no significa que le digan: “Habla”, y cuando lo haga aplaudan, se muestren contentos o la premien de alguna manera. Tampoco lo opuesto, que la regañen porque no dice nada; con esto reforzarían tanto su temor como la ganancia: obtener atención bajo su control.
Hasta aquí tenemos identificado lo que podría ser premio y castigo. Premio: mirar, poner atención. Castigo: no mirar, restar atención. También sabemos cuáles conductas son deseables o indeseables: acercarse a la gente y utilizar lenguaje hablado, deseables; alejarse, huir y callar, indeseables.
Dices que se comunica con señas: indeseable. Como hacerlo requiere de un mínimo de acercamiento para hacer contacto, éste debe ser premiado con volverse a mirarla. Cuando aparece la seña, se aplica el castigo: “no entiendo” y volver la mirada a otro lado.
Lo anterior posiblemente provocará un alejamiento mayor o recurrir a otro tipo de comunicaciones no verbales: llanto, berrinche, ira. Indeseables, no deben ser mirados.
Hasta aquí no ha habido una provocación franca para hacerla hablar. ¿Cómo sería ésta? Por ejemplo, llamar las cosas con nombres equivocados: “Ponte el uniforme” y se le entrega un lápiz. Quizá no reaccione las primeras veces, pero luego le será insoportable tanto “desorden” y corregirá el error. ¿Cuándo premiarla? Sólo si utiliza palabras, aunque sea solamente “no”. El premio debe ser nada más una mirada, quizás repetir la palabra que dijo: “¿no?”. Luego, de inmediato, volver la atención a otra parte. Cada vocablo que pronuncie debe ser seguido por una mirada, un instante de atención u otra palabra. Y vuelta a comenzar.
Considero que es pesada la aplicación del método, por el grado de atención controlada que requiere. Observando con detenimiento, es posible que este mismo método haya sido aplicado ya, sólo que sin estar conscientes de cuáles conductas se estaban premiando y castigando. Ojalá te sea de utilidad.

lunes, 27 de junio de 2011

KARMA

He leído como siempre sus artículos, el único día de la semana que compro el a.m. es el martes, y sólo por leerlos. Tengo un comentario que hacerle acerca de la grandeza de Dios, de la vida: Ud. dijo que cuando se está en paz con Dios y se aceptan sus designios tenemos paz interior, independientemente de la felicidad y/o la tranquilidad. Es obvio que DEBE EXISTIR DIOS.
Estos dos últimos años han sido una losa pesada y ya una vez dije que estaba harto, pero lo vivido me ha servido mucho para conocer a Dios, desde primero blasfemar hasta llegar a reconocer su grandeza, arrepentirme, pedirle perdón y saber que lo más importante en esta vida es conocerlo y sobre todo amarlo, independiente de si lo "estudiamos". Tanto tiempo batallando por salir adelante en la vida y en diversos problemotas INJUSTOS, tanto que le meto potencia a las cosas y de todos modos no salen... ya hasta me estoy haciendo paranoico o he llegado a pensar que a lo mejor estoy pagando un karma... pero no sé qué karma o cual. Tal vez un pendiente de otra vida. No sé si me pueda Ud. hacer algún comentario al respecto, el cual le agradeceré.
RESPUESTA
Gracias por leer esta columna, tus reconfortantes palabras y el comentario. Me alegro por ti de que hayas pasado de “estar harto” a reconocer la grandeza divina y que lo más importante es conocer y amar a Dios. Dice un refrán: “Pelearse con todos, menos con la cocinera”, y significa que es importante la armonía con aquello que es la fuente que nos surte de lo que necesitamos; para algunos puede llamarse Dios; para otros, espíritu, universo, alma, caudal interior, propio potencial, etc. Importa menos el nombre que el reconocimiento de que existe un manantial, con el cual debemos mantener buena relación o saldríamos perdiendo.
Ya que estás en camino y llevas recorrido un buen trecho, puedes dar un siguiente paso. Actualmente te encuentras mirando tu gran esfuerzo en resolver “problemotas injustos” y dudando si a lo mejor estás “pagando un karma”, que no sabes cuál es. Este siguiente paso consistiría en modificar el punto hacia dónde diriges tu mirada. La mirada nos conduce, nos marca el rumbo. En lugar de orientarla al pasado, podrías enfocarla en el presente; en lugar de a la justicia o injusticia, enderezarla hacia el reto y la oportunidad.
Es cierto que el pasado contiene explicaciones de lo que ocurre en el presente, pero son sólo eso, explicaciones, no mueven a la acción. Es distinto ocupar la mente en investigar el porqué de algo, que en descubrir una solución. Podemos decir: “Sé que la causa de mis males fueron mis padres, maestros, amigos, circunstancias, un karma…”, y con ello sentirnos justificados para echarles la culpa, sentirnos impotentes y permanecer en la situación.
Respecto a la justicia o injusticia, podemos pensar: “Estoy siendo víctima, porque no es justo que yo tenga estos problemas”, o: “Es la justicia del karma, quién sabe qué deberé y tengo que pagar”. Tales pensamientos nos distraen de lo principal: vivir en plenitud, lo mejor que podamos, sean cuales fueren nuestras circunstancias. Cuando enderezamos nuestra mente hacia el reto y la oportunidad, pensamos: “Estas dificultades me hacen crecer y evolucionar”, o: “Si debo un karma, agradezco la oportunidad de pagar y haré que me resulte provechoso”.
Ya te hice el comentario que pediste, ojalá sea de tu agrado. Te deseo plenitud de vida y salud.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com o al teléfono 7 63 47 28