lunes, 22 de junio de 2015

MIRAR EL PROPIO BIENESTAR



Me enamoro y des-enamoro con facilidad, ¿es por egoísmo? Soy muy cambiante en comparación con mis amigas, igual me  gusta un chavo y pienso en él todo el tiempo y luego ya no; una vez  dije mentiras en mi casa para ir con mi novio un fin de semana fuera de la ciudad, y de regreso ya no quise verlo. Con el que ahora ando me caía super bien pero de repente me cae mal, me confundo y no sé cómo decirle que ya no lo quiero, peor que al principio él ni quería andar conmigo. ¿Cómo puedo ser otra vuelta con él como antes?
OPINIÓN
Son tan numerosas y variadas las causas por las que una persona se enamora y desenamora con facilidad (creencias, experiencias, subjetividad, expectativas individuales y familiares…), que mejor voy a centrarme en lo que tú apuntas como posible explicación: el egoísmo.
De entrada te diré que muchas personas están en desacuerdo con la manera como yo veo a esta característica o rasgo de la personalidad. Para mí el egoísmo es una fuerza vital que empuja a cada ser humano a:
Sentirse uno e individuo (que no puede dividirse);
mantenerse vigilante para no perder partes de sí mismo, o cosas;
establecer sus límites y distinguirse, en lugar de diluirse en una masa de gente;
cuidar en primer lugar de su propio bienestar y mantenerse vivo a toda costa, en lugar de vivir medio muerto o inmolarse para que otros estén bien;
buscar la propia realización y gloria, misma que de rebote puede beneficiar a otros, como cuando alguien hace un buen invento.
Mirándolo desde este ángulo, el egoísmo no estaría entre los “enemigos” a vencer, sino el no atenderlo, por ignorancia o miedo.
Por supuesto que importa señalar que el egoísmo siempre está contrapuesto con otra fuerza vital igualmente poderosa, la de fusionarse y pertenecer a un grupo o comunidad. Encontrar un equilibrio que permita satisfacer ambas exigencias ha sido tarea medular del género humano, no siempre comprendida y menos lograda. En mi libro “Lo mejor de lo peor” dedico todo un capítulo a este tema.
Regresemos a tu pregunta. Me gustaría saber si tenías y tienes puesta la mirada en tu propio bienestar, o en quedar bien y ser como los demás necesitan que seas. ¿Quiénes son tu público, los encargados de aplaudir?, ¿tú misma, o los otros? No sé si me equivoco al creer que tú no te aplaudes, tampoco lo harían tus padres si supieran tu mentira, ni los desconcertados muchachos protagonistas de tu historia que no saben qué te pasó. Entonces, ¿dónde quedaría tu egoísmo?, ¿en qué sentido estás ganando?
Mirando con verdadero egoísmo lo que me cuentas, debes ganar algo. Para eso, necesitarás abandonar alguna ignorancia o algún miedo. La ignorancia no sólo consiste en no haber aprendido las fechas históricas o a resolver una ecuación, incluye el no saber cómo somos y cómo son los demás. ¿Estás segura de que todas las personas acertamos a la primera, cuando de elegir pareja para amar se trata?, ¿que nunca nos entusiasmamos inicialmente y luego, sobre la marcha, descubrimos que estábamos equivocados? Y el miedo.  ¿Qué temes y te detiene para decir al muchacho que ya no quieres andar con él?
Es frecuente que ignorancia y miedo nos impidan tomar decisiones que sirvan a nuestro bienestar, egoístas; nos pasa como cuando uno va a la tienda y paga con tarjeta de crédito, luego, en casa, ve que el artículo no es de su talla, o sí lo es pero a la hora de pagar las mensualidades, se arrepiente de haberse comprometido a más de lo que podía cumplir. Ignorar las propias circunstancias no es egoísta, es ignorancia. Y esconderse para no pagar, en lugar de devolver la mercancía o llegar a un arreglo, es miedo. En ambos casos, el propio bienestar sale volando. Pienso que si eres un poco más egoísta para poner la mirada en tu bienestar, sabrás qué cosa hacer.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.


lunes, 4 de mayo de 2015

NUNCA AMÉ A MI PADRE


Leí en alguno de sus artículos que un niño ama incondicionalmente a su papá y mamá. A mí me gustaría haber sentido afecto por mi padre, pero que yo recuerde, jamás en toda mi vida tuve un sentimiento afectuoso hacia él. ¿Tiene esto algún significado?

OPINIÓN

Cuando se está elaborando una historia clínica,  los faltantes son información. ¿Qué falta aquí? Digamos que la persona cuenta con detalle sus peripecias de relación en la familia, escuela y trabajo y omite lo referente a sus experiencias sexuales; lo que omite es pista de en dónde se encuentra el nudo del problema. Igual si describiera que jamás se ha enojado, mentido, robado… la pregunta sería: ¿qué sucedió para ocasionar que esta persona no pueda utilizar su agresividad, o su inventiva, o no sienta motivación para al menos envidiar lo que poseen otros? ¿En verdad nunca sucedió, o sólo expulsó de su conciencia el recuerdo?, ¿acaso le parece insoportable?

Observemos unos momentos lo que suele suceder cuando un bebé nace. Necesita con urgencia a sus padres, pues sin ellos moriría. Dicha necesidad constituye un amor invencible, amor infantil. Cierto que en un principio parece bastarle su mamá, pero siempre sorprende que niños y niñas manifiesten algún tipo de reacciones emocionales hacia papá. Freud consideró a este conjunto de emociones la base del Complejo de Edipo, según el cual, afirmaba, el pequeño o pequeña percibe al padre como un intruso que puede quitarle a mamá y contra el cual debe rivalizar, si quiere conservar a ésta.  A veces sucede incluso cuando los hijos ya han crecido; forman un bloque con la madre para despreciar o expulsar al padre de la familia, o de sus corazones.

Mucho ha avanzado la Psicología en sus estudios, y aunque se le han dado significados distintos a la dinámica del Complejo de Edipo,  no se ha descartado ésta como base o patrón de la manera en que el bebé desarrollará su vida afectiva e identidad en el futuro. ¿El varoncito permanecerá en el “bando” de la madre, o se identificará con el padre pensando “nosotros somos hombres”?, ¿la niña se quedará fusionada con la madre, o rivalizará con ella para seducir al padre a ser mirada por él y que la considere “mejor que mamá”?, ¿y después reconocerá al padre como lo distinto para regresar e identificarse con mamá y pensar “nosotras somos mujeres”?

Teóricamente, la falta de sentimientos afectuosos hacia el padre estaría denotando que el amor se quedó en mamá y nunca se hizo el intento de “salir hacia lo distinto”, lo masculino, representado por el padre. ¿Por qué sucedió? Habría que investigarlo. ¿Aquella bebé asumió los resentimientos de mamá como propios, e intuitivamente sintió que “no debía” mirar a papá?, ¿o que si lo miraba, “debía” hacerlo con sentimientos no amorosos? ¿Tuvo esa bebé posteriormente oportunidad para disentir y actuar de manera distinta, o tenía miedo de perder también a mamá, si lo hacía?

Muchos problemas afectivos de la vida adulta se gestan durante los primeros tres años de vida. Serán olvidados, es decir, expulsados de la conciencia y vueltos inconscientes, pero fungirán como patrones o modelos en todo tipo de interacciones de la persona consigo misma, los demás y la pareja.

Por lo pronto, tú estás consciente de que en una edad muy temprana expulsaste a papá y lo masculino de tu corazón. Es una información importante. Pienso que una Constelación Familiar sobre este tema te permitiría ver muchas cosas y tal vez elegir qué deseas hacer con lo que veas.

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lunes, 27 de abril de 2015

NI CONTIGO NI SIN TI


PREGUNTA:
Me divorcié hace dos años y vivo una agonía. ¿Cómo puedo salir de la relación con mi ex? Yo sé que juntos no la hacemos, sin embargo lo extraño noche y día. Seguimos viéndonos, ocasionalmente tenemos relaciones íntimas que me emocionan como a una quinceañera, también siento ganas de golpearlo y reclamarle que sea incapaz de comprometerse, lo digo porque tiene novia y de todos modos me busca. Me siento como loca, temo afectar a mis hijos.

OPINIÓN

Veo que amas a tu ex y quisieras golpearlo. Tu corazón está roto y dividido en sentimientos opuestos. Sientes que enloqueces y temes por tus hijos…  Haces bien en llamar a esto agonía. Agonizante es alguien que vive muriendo sin poder morir, a veces por tiempo prolongado. Junto con el paciente, los familiares y cuidadores están expuestos al dolor y sobresalto de no saber si se marchará o se pondrá bien, y cuánto falta para que ocurra una cosa u otra. A veces, todos saben que si el enfermo sanara, sufriría secuelas tan graves que sería poca la diferencia.

Dices que tú y él, juntos, no la hacen. Agregas que tiene una nueva relación y de todos modos te busca. ¿Verdad que te ocasiona gran dolor? Pero es un dolor soportable. Si fuera insoportable, ya estarías afuera de ese infierno. Éste es el punto: puedes soportarlo, has desarrollado una super capacidad para convivir con el sufrimiento.

Lo que sigue va a sorprenderte mucho: tú no tienes la culpa. Es muy probable que antes de ahora hayas vivido situaciones parecidas en las que la avidez y la frustración, el éxito y la derrota, el amor y el odio, estuvieron inseparablemente unidos. Se llama DOBLE VÍNCULO. Observa hacia atrás los eventos importantes de tu vida, debieron ser así o no podría explicarse ésta tu super capacidad para soportar tan horrible padecimiento y además, anhelarlo. Ambos extremos son como ingredientes indispensables en tu programación inconsciente.

Tu situación y  la que viven tus hijos es similar; seguramente ellos desean mucho tener papá y mamá, desbaratar el divorcio de ustedes, verlos unidos, vivir en el mismo domicilio todos los miembros de la familia teniéndose amor, y cada vez que sus deseos parece que serán cumplidos, en sus corazones están presentes el recuerdo de los daños, el abandono, la culpa por lo que hicieron o dejaron de hacer que llevó a la ruptura de la pareja… Ellos no tienen ni tendrán la culpa de lo que pasa, tampoco si en el futuro se ven envueltos en una relación igualmente caótica, fascinante y desencantadora como la que vives tú. Ni tú tienes la culpa. ¿Acaso tus padres?

Es inútil buscar culpables, sería más provechoso comprender que, sin que lo quisiera nadie, el patrón para relacionarse ha pasado de una generación a otra como un pendiente sin resolver. Cuando llega el momento, los jóvenes en turno van tomando el encargo de solucionarlo en sus propias vidas. ¿Todos? No. Aún no tenemos conocimientos suficientes para  predecir quiénes lo harán, igual que tampoco sabemos cuáles genes recesivos y dominantes habrán de manifestarse.

Sólo con tratamiento podrás superar la división que te obliga a conjuntar los extremos opuestos. También allí experimentarás la oposición de querer sanar y seguir resistiendo. A veces es más fácil rendirse al sufrimiento que encarar las soluciones. Te dejo una frase para repetir: “Me amo como soy, y con amor me dispongo a realizar los cambios que la vida me exige”.

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lunes, 20 de abril de 2015

EL SÍNDROME DEL CELIBATO


Hace dos décadas era la TV donde "se encontraba la verdad verdadera", ahora está en la red. Como lo leí en Internet, significa "indudable"; es decir, tanto como la fe que uno le tenga.  El dato: La Asociación Japonesa de Educación Sexual realizó una encuesta y encontró que el 40 por ciento de los estudiantes aseguró ser virgen, y el 35,1 por ciento de los adolescentes entre 16 y 19 años afirmaron no estar interesados en el sexo. Según el artículo, han renunciado a ennoviarse, casarse y tener relaciones sexuales. ¿Los motivos? Consideran que el amor es un obstáculo en su carrera. Los encuestadores llamaron a estos resultados “Síndrome del celibato”.

A mí no se me habría ocurrido calificar con ese nombre que un tercio de los adolescentes de 16 a 19 años afirmaran que les importa primero su carrera. Como las expectativas personales influyen en lo que uno ve, más bien me pareció lo usual y deseable. Luego, éste y más artículos mencionaban la preocupación del gobierno japonés por la escasa natalidad, el envejecimiento de la población y el aumento de las esperanza de vida, y señalaba que un tercio de los menores de 30 años nunca han salido con alguien. Traté de imaginar si los textos fueron redactados para llamar la atención sobre qué y con cuál finalidad.

Seguí navegando como la red me sugería y encontré otras novedades sorprendentes no sólo en Japón; en Europa se está extendiendo una moda de “solitarios” y "solitarias" no adolescentes que buscan un empleo de medio tiempo o eventual, justo para pagar un diminuto departamento, aseo, seguridad, ropa y pizzas o comida a domicilio. Esto les deja tiempo libre, que dedican a informarse a través de la red, tener montones de amigos “virtuales”, jugar video juegos en los cuales “conviven”, forman equipos o pandillas y “realizan” toda clase de proezas. O sea, viven en la computadora y es frecuente que recurran al sexo pagado.

Me pregunto: Siendo Internet la fuente donde los jóvenes encuentran "la verdad verdadera", ¿será ésta la nueva adoctrinación para las masas?, ¿entender la libertad como cero compromisos?, ¿o sólo es una descripción de personas a quienes la vida se  puso tan difícil que no saben qué más hacer?, ¿se trata de un ideal, o de una advertencia?

 Sería interesante realizar encuestas y obtener porcentajes para saber si existe una “versión mexicana” de estas tendencias.

Me gusta pensar que nosotros vamos con otro rumbo o, al menos, más despacio. Tú, querido lector, ¿piensas que nuestros adolescentes de 16 a 19 años prefieren su carrera sobre el amor?, ¿en qué porcentaje? ¿Y que los jóvenes desean trabajos de tiempo completo, casarse, ser monógamos, tener hijos y dedicar su tiempo a cuidar de una familia? O lo contrario: ¿piensas que no saben qué hacer, se refugian en la computadora y a través de ella se comunican con amigos de carne y hueso a los que no ven o no conocen en persona, y prefieren empleos que les permitan trabajar lo mínimo indispensable?

Nuestra cultura es (¿o acaso era?) distinta y empuja a las personas a trabajar, adquirir compromisos y hacerse cargo cada uno de sí mismo. Ahora que lo escribo me pregunto: ¿es esto verdad?

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lunes, 30 de marzo de 2015

VACACIONES


¡Semana Santa, vacaciones! Muchísima gente descansa. Es agradable sentir “tengo tiempo para hacer lo que yo quiera”. Y cada persona manifiesta qué es lo que más quiere. Algunas viajan: a encontrarse con sus seres queridos, a estar solas o acompañadas en una playa, el campo, la sierra… Otras van a los servicios religiosos para contactar con su Dios y consigo mismas. Algunas más se quedan en casa y aprovechan para leer un libro, ver películas o series, hacer largas llamadas telefónicas, navegar por internet hasta que las vence el sueño, avanzar en un video juego, cocinar su plato favorito, poner orden en sus armarios, guardar en un lugar especial la ropa de invierno… También hay quienes planean vaciar la enorme botella de bebida alcohólica que compraron para dedicarse a consumirla, o esperan pasar el tiempo rumiando sus desgracias… Cada cual lo que prefiere.

El gusto se rompe en géneros, rezaba un antiguo dicho. ¡Qué bien! Ni todos en la playa, ni todos en la iglesia, ni todos en casa. Y cada uno con sus expectativas acerca de cómo transcurrirán esos días en que puede hacer lo que le gusta, expectativas que se cumplirán, de seguro, porque es distinto esperar: “Serán días maravillosos” a “siempre pasa algo que echa a perder el asunto”. Este ingrediente, la expectativa, tendrá una influencia enorme sobre el desenvolvimiento de los días de vacaciones.

¡Por supuesto que cabe la sorpresa! La vida es tan impredecible que en el momento menos pensado nos atraviesa acontecimientos que no esperábamos. También éstos pueden ser influenciados por las expectativas: “No me gustan las sorpresas”, “siempre me incomoda estar en situaciones nuevas”, “no quiero ilusionarme porque después me decepciono”, son pensamientos que impiden que un hecho despliegue todo su potencial. Y lo contrario: “Me emociona la novedad”, “voy a ver hasta dónde llega esto”, “hoy es hoy, mañana ya se verá”, también son pensamientos que tiñen de nuevos colores los sucesos.

Hoy mi propósito es desear a todos los que vacacionan que disfruten profundamente lo que les gusta hacer, y a quienes en estos días trabajan el doble porque su ocupación es atender vacacionistas, que tengan éxito e ingresos aún mayores de los que esperaban. Felicidades a todos.

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lunes, 23 de marzo de 2015

RECONOCIMIENTO INNATO DE SER IMPORTANTES


Sucede a veces que no podemos creer cosas que son obvias. El reconocimiento innato de ser importantes, es una de ellas.

Si dicho reconocimiento es innato, entonces nacimos con él; de ahí que a nadie le gusta sentirse menos, inferior, despreciable, tonto, maldito, inadaptado, que está de sobra, etc.; por el contrario, queremos ser mirados, apreciados y reconocidos. Sin embargo, no siempre nos sentimos autorizados para aceptar nuestra propia importancia y mucho menos confesarla. Culturalmente está prohibido decir: ¡soy importante!

“Soy importante” es distinto a: “Soy más importante que tú”. La totalidad de las personas somos igualmente importantes; lo que hacemos beneficia o perjudica a todos los demás; ayudamos a que el género humano evolucione, mucho o poco.

Es una pena que se nos inculque “hablar con modestia” en el sentido de desconocer nuestra propia importancia: “mirar cualidades en uno mismo es vanidad”, “no digas tus virtudes, deja que sea otro quien lo haga”, “soy tu humilde servidor”, “me quedó malhecho, pero ahí está”…

Una cosa es ostentar y presumir, inclusive lo que no se posee (falta de modestia) y otra, creerse escaso de medios y recursos. Esto último es siempre mentira; que en algunos momentos estemos faltos de dinero no significa que hemos dejado de ser importantes, ni que no poseamos multitud de recursos materiales y no materiales que están ahí, disponibles para ser usados.

La necesidad humana de reconocer la propia importancia está presente siempre en cada uno de nosotros, como urgencia de ser vistos. Primero por nosotros mismos. Es tan poderosa que cuando apartamos nuestra mirada de lo que somos, sentimos un profundo dolor interno que se manifiesta como tristeza, falta de esperanza, decepción, sentimientos de soledad y vacío. Dice Octavio Paz: "Desde que apareció sobre la tierra, el hombre es un ser incompleto. Apenas nace y se fuga de sí mismo. ¿Adónde va? Anda en busca de sí mismo y se persigue sin cesar. Nunca es el que es, sino el que quiere ser, el que se busca; en cuanto se alcanza, o cree que se alcanza, se desprende de nuevo de sí, se desaloja, y prosigue su persecución".

¿Qué nos hace vivir esta persecución? La falsa modestia de creernos poco importantes y aceptables siendo lo que somos. Nos enfocamos en “lo que queremos ser”, en los “debería”, que no son más que confabulaciones, creencias de que estaríamos mejor si lográramos esto o aquello. Nos impiden mirarnos amorosamente y decir: “Así como soy ahora, soy importante y puedo amarme”. En cambio, pensamos: “Me amaré cuando tenga casa propia… termine mi carrera… encuentre un amor… me vuelva famoso…”

Mirarnos y amarnos hoy es una exigencia interna que sólo cada uno podemos satisfacer. Se trata de una habilidad respaldada por la naturaleza que nos empuja hacia la autoestima; es decir, a considerarnos valiosos y dignos de ser amados por el simple hecho de haber nacido.

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lunes, 16 de marzo de 2015

FABULACIONES y CONFABULACIONES


Un bello ejemplo de confabulación es la costumbre de que Santa Claus, el Niño Dios o los Reyes Magos den regalos a los niños. Confabular significa que varias personas se ponen de acuerdo para inventar una historia; el diccionario agrega: generalmente con el fin de realizar alguna fechoría. Ya vimos que esto último no necesariamente es así; llevar felicidad a los pequeños nada tiene de fechoría. Como contraparte, los regalos provocan en los destinatarios montones de  fabulaciones, los hace emocionar y que pregunten una y otra vez cómo logran dichos personajes ir a todos los rincones de la tierra en una sola noche. Las fabulaciones son historias que solo existen en la mente, pero necesitan cierto grado de confabulación en las respuestas a sus pesquisas, o desaparecerían.

Lo curioso de la confabulación es que se vuelve obligatoria. Recuerdo a un niño de ocho años, muy precoz, que confrontó a su mamá diciendo: “Dime la verdad, pero la verdad, porque te voy a creer, ¿los Reyes Magos traen los juguetes… personalmente?”. La mamá reveló el secreto y el niño… también. Días más tarde, unas mamás indignadas reprocharon a la señora su deslealtad a la tradición y le retiraron su amistad. Es evidente el conflicto en que se vio la mujer, y el niño. Igual sucede en cualquier parte: si la mentira es lo establecido, decir la verdad es condenable. Ni para qué recordar que lo mismo debió suceder cuando alguien aseguró que la tierra no era plana sino redonda, o que reyes y vasallos compartían la misma dignidad de seres humanos; quienes disintieron de la creencia común tuvieron que sufrir rechazo, ostracismo y hasta violencia.

Según la corriente constructivista, cada vez más aceptada por filósofos, pedagogos y psicólogos, todas las personas fabulamos y confabulamos, porque tal es nuestro método para conocer y re-crear el mundo en que vivimos. La fabulación es creación nuestra, y la confabulación, de la cultura. Ésta por fuerza ha sido introyectada en nuestras mentes, de lo contrario no perteneceríamos a nuestra familia, clase social, ciudad, país, época, etc. De ahí se concluye la imposibilidad humana de contactar directamente con la realidad, o en palabras más populares: “Cada cabeza es un mundo” y “a la tierra que fueres, haz lo que vieres” (piensa como los demás, actúa como los demás, sé igual que los demás).

Generalmente, las personas no nos damos cuenta de estar fabulando y confabulando; sin embargo, la misma estructura de la percepción nos lleva a hacerlo. Por ejemplo: si mientras leo o miro televisión percibo una sensación de humedad en alguna parte de mi piel, me urge encontrarle un significado, o caeré en pánico. Entonces utilizo la multitud de datos que ya contiene mi mente, la cual compara con una velocidad fantástica el nuevo estímulo con cada información previa. Mi sistema de creencias (confabulación) me ayudará a interpretar lo sucedido, y me digo: es una gota de lluvia que entró por la ventana. O tal vez piense: una alimaña fría se me encaramó, es mi madre muerta que trata de comunicarse conmigo, recibí un mensaje extraterrestre, se me apareció el diablo… Una vez que el estímulo es acomodado dentro del cúmulo de conocimientos previos, mi creencia influirá en mi conducta.

En otra ocasión me gustará hablar de las conveniencias, inconvenientes, dificultades y resultados que tiene tomar distancia y examinar nuestras confabulaciones, por hoy es todo. Feliz día.

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