martes, 18 de febrero de 2014

EL LEGADO


Mi esposo se jubiló hace casi un año, ahora pasa más tiempo en casa, pero no puedo decir que  conmigo. Me gustaría saber si puedo hacer algo por él, también por mí. Tiene 67 y yo 59; nunca había sentido tanto la diferencia de edades, es como si él trajera un muerto cargando y yo tuviera que ayudarle, está retraído, nada lo satisface, ni siquiera cuando vienen los hijos con los nietos se alegra, luego que se van se encierra en la recámara y dice que lo cansan demasiado con su bulla, siento como si me mirara con rencor, como si yo tuviera la culpa de lo que le pasa. Yo qué más quisiera que poder hacer algo en su favor, quitarle los pesos, también yo me estoy aislando de mis amistades para acompañarlo.

OPINIÓN

Cada etapa tiene sus propios retos, ¿verdad?, y la tercera edad se caracteriza por el cumplimiento de todas las fantasías y realidades de edades anteriores. Es el tiempo de la cosecha de todo, bueno o malo. Luego, con dicha cosecha, de entregar un legado a las generaciones siguientes: la propia experiencia, conocimientos y conclusiones que se han obtenido por vivir una larga vida. No significa que terminaron las oportunidades de aprender y crecer; éstas perduran hasta el momento mismo en que abandonamos el planeta; siempre podemos seguir enriqueciendo nuestro legado. Lo que logremos ser y vivir, eso será lo que regalemos a nuestra descendencia, aparte de las cosas materiales que podamos dejarles. Viviremos en ellos tan felices o infelices como pudimos ser en nuestra vida, hasta que cada descendiente invente algo y lo aporte a su propio legado para los que le siguen.

Dices que tu esposo está retraído y cansado, y que a veces crees que te mira con rencor. ¿Tienes idea de cuáles fantasías subyacen en esto? Tuyas y de él. Se me ocurre una: que tú debes ser la fuente de la eterna juventud para los dos. ¿Es posible realizarla? Posiblemente, no, puesto que no existe la eterna juventud, sino el recorrido por las diversas etapas de la vida.

Influenciados por pensamientos materialistas de moda, podemos creer que solamente los treintones y cuarentones tienen oportunidad de ser activos y felices, o que la vida tiene sentido exclusivamente realizando lo que es propio de esas edades: conquistar una pareja, trabajar por una remuneración económica, tener hijos y cuidarlos y cosas relacionadas con ello. Nuestra cultura casi nos obliga a creer que esto es verdad cuando nos dice (o decimos): Eres demasiado joven para… o demasiado viejo para…

Más perniciosas aún son las fantasías en las que solamente la infancia o la adolescencia merecen ser vividas y la persona imagina que su estado ideal sería permanecer protegida y atendida por un “papito” o una “mamita” sustitutos que le laven la ropa, la alimenten, le proporcionen un sitio para vivir, tomen decisiones por ella… y no necesite hacerse responsable de sus actos. Y cuando llega a la adultez o a la tercera edad, siente que la vida le debe, pues no le ha proporcionado la seguridad que, en su fantasía, le era debida.

Con frecuencia, las crisis como la que refieres son un detonador para que las personas de la tercera edad caigan en la cuenta de que necesitan un segundo proyecto de vida, puesto que el primero ha sido cumplido. Y este segundo proyecto es mucho más amplio y generoso: abarca varias generaciones y, además, la necesidad de trascender e incluir al espíritu en sus vidas.

Te recomiendo buscar ayuda profesional para los dos y hacer una Constelación Familiar que les permita mirar y asumir el importantísimo y trascendental lugar que ocupan en su familia.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

 

 

martes, 4 de febrero de 2014

MEXICANOS RELIGIOSOS DE NACIMIENTO


En estos días pasaron por aquí los peregrinos a San Juan. Cada año, miles de ellos caminan kilómetros para ir a visitar a la Virgen, vuelven cansados, algunos con ampollas en los pies, otros platicando del frío, de lo que debieron dejar en alguna parte porque ya no podían seguir cargándolo, o de la grata impresión que les causaba que gente les regalaba agua y alimentos. Dicen que es una gran experiencia. En España existe una costumbre similar, “el camino de Santiago”, que se considera una metáfora de lo que vive el alma que busca a Dios, cómo se olvida de todo: trabajo, familia, bienes materiales, y se entrega a su búsqueda, libre de ataduras, en una vivencia mística.

En México, yendo o no a San Juan, la fe tiene un lugar preponderante. Desde antes que vinieran los españoles, los dioses acompañaban cada paso, cada fecha, cada acontecimiento, en la vida de nuestros ancestros. Y para nuestros otros ancestros, los españoles, la fe también era importante: ellos sentían que la mortandad que ocasionaron en estas tierras valía la pena porque iban a convertir a los indios al catolicismo. Estas dos maneras distintas de fe, mezcladas a la manera como la herencia biológica hace que surjan unos u otros rasgos en los descendientes, sin que éstos sean exactamente iguales a los progenitores, están presentes en nosotros. Heredamos la fe y la religiosidad. Necesitamos sabernos conectados con Algo más Grande y que nuestras vidas obedecen a un proyecto superior al entendimiento. En grupos o a solas, cuando nadie nos ve, en el corazón, hablamos… ¿con quién?

Muchos se dirigen a su mamá o papá muertos, les piden ayuda y protección. Otros a santos, a la Virgen, a Jesucristo o a Dios Padre. Algunos veneran a la Santa Muerte. Están los que se reúnen en sesiones espiritistas para contactar con el más allá y hablar con algún ser querido, como hacía nuestro héroe Madero y algunos de sus contemporáneos. Hay quienes no tienen una figura definida de a Quién se dirigen sus pensamientos y sentimientos, posiblemente ni siquiera se atrevan a llamar a esto plegaria u oración, pero se saben conectados con el misterio. Y también están los que tienen presente a Ése más Grande para reclamarle o insultarlo: “Por qué te llevaste a mi padre, a mi hijo…?”, ¿no te da nada de ver tanta pobreza y dolor en la tierra? Pero ahí está, en sus vidas, Alguien a quién dirigirse.

No siempre es fácil comprender nuestra religiosidad, inclusive para nosotros mismos. Quisiéramos que los demás se dirigieran a ese Poder Superior como nosotros lo hacemos, nos parece que la manera de ellos no es la correcta. Yo me he preguntado: ¿escucha Él mejor nuestras conversaciones si son en español, en inglés o en Náhuatl? ¿Entiende todos los idiomas? ¿Tiene preferencia por alguno? ¿Y si nuestra comunicación es con hechos, como el de ir a pie hasta San Juan o encender veladoras en casa, también la recibe? ¿En verdad existen tantos dioses como imágenes de Él están en nuestras mentes?

La religiosidad heredada de nuestros ancestros ocupa un lugar importante y fundamental en la cotidianidad de la mayoría de los mexicanos; entre nosotros hay pocos auténticos ateos que crean que una vez terminada nuestra vida mortal, desaparecemos y no existimos más. Nuestras historias de aparecidos y muertos que no descansan hablan del anhelo de que la existencia se prolongue más allá del último suspiro, en ellas subyace la creencia de que después de la muerte hay destinos distintos para las almas que ya no tienen cuerpo. No siempre es algo que hayamos cultivado; al parecer nuestra religiosidad tiene siglos de anidar en las mentes y corazones de nosotros. Tal vez a esto se refieran los que dicen que la fe es un regalo, un don que nos es dado y que no podemos adquirir por nosotros mismos. Muchos hemos recibido este obsequio.

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lunes, 27 de enero de 2014

¿NIÑOS O ADULTOS?


Han pasado varias décadas de cuando los niños “se veían, pero no hablaban” y los padres podían decirles: “Quédate aquí quietecito y no te muevas mientras yo…”, “estás castigado por diez minutos”, “no podemos comprar eso que tú quieres”. Ahora los callados son los papás y a los hijos se les ha entregado la autoridad de la familia, ellos son los jefes. Me refiero a que muchos padres se sienten culpables por no comprenderlos, no darles todo lo que piden, no protegerlos suficientemente de que sufran, tener ellos mismos conflictos como pareja o no lucir aureola de santos ante sus pequeños. ¡Menuda exigencia se imponen, de presentar a sus hijos una vida falsa!

Muchas cosas han contribuido a este cambio que, como todo, tiene su parte positiva y su parte negativa. Es difícil llegar a un equilibrio entre el exceso de dar y el exceso de exigir. Ya no existe el ambiente relativamente seguro en el que se podía, sin temor a una catástrofe, mandar al hijo a la tienda o la tortillería a comprar algo que necesitaba la familia, dejar que se fuera caminando hasta la escuela o permitirle que saliera a jugar en la calle con sus amigos. Tampoco se ve con buenos ojos que “trabaje” de aprendiz en el taller del tío o ayude a sus padres con las labores de la granja; se considera trabajo de menores. La consigna es protegerlo. ¿Es malo? De ninguna manera, sólo que el exceso de “protección” está creando a jóvenes débiles, que se sienten aterrorizados de entrar en el mundo laboral y perciben el trabajo como un mal del que deberían poder sustraerse. Llegan a la edad productiva luego de una época en la que los llevaron hasta la puerta de la escuela en auto o se les proporcionó uno  “para que no caminen por la calle y no corran riesgos”; tienen celular, computadora, Ipod, videojuegos y un montón más de aparatos electrónicos que no solamente no pagaron ellos, sino que les atrapan su tiempo y atención y les presentan un mundo consumista que, aparte de ser muy caro, es considerado como lo normal y lo mínimo que deben tener para no sentirse desdichados. Y la vida sexual: parece haber un complot para empujarlos a tener “sexo seguro” y ocultarles que jamás es completamente seguro y siempre subyace el riesgo de un embarazo y otros riesgos que poco o nada se mencionan. Muchos de nuestros jóvenes son niños, en el sentido de que odian el compromiso y hacer algo por los demás. ¿Trabajar y sacrificarse por comprar y pagar una casa, o los gastos de una familia? ¿Cuidar a un bebé que llora por las noches y de todas maneras presentarse a trabajar? ¿Y mis necesidades y sentimientos, qué? Se preguntan, y sienten que la vida los está tratando injustamente, que les sale debiendo.

Un niño es un ser indefenso que requiere del apoyo y protección de sus padres, y un adulto es alguien que se encarga de su propia vida y, además, puede proporcionar protección y apoyo a los seres que de él dependen. En la actualidad, la adolescencia se ha prolongado necesariamente hasta los 25 o 30 años, en el sentido de que muchos jóvenes siguen dependiendo de los padres para subsistir. Y lo más curioso es que no solo el joven piensa así, también sus padres, que se sienten culpables si no siguen protegiéndolo y asistiéndolo a esa edad. También ellos se sienten tratados injustamente por la vida y que les debe, porque no les proporciona los medios suficientes para evitar toda frustración a su “pequeño de treinta años”.

Me es imposible llegar a una conclusión en este corto espacio. Queda en el aire una pregunta: ¿qué papel desempeña la frustración en el crecer y adquirir fuerzas para la vida?

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martes, 3 de diciembre de 2013

PAPY, MAMY, ¿CÓMO SE HACEN LOS NIÑOS?


¿Alguna vez te sonrojaste frente a esta pregunta? ¿Sí? ¿Te gustaría saber por qué te sucedió? Porque en tu familia también se sonrojaban. Los niños, con su inocencia, tienen la capacidad de poner a la vista nuestros “secretos” familiares más escondidos.

Aparentemente no es ningún secreto que, durante siglos, para los “sabelotodos” de Occidente ha sido “vergonzoso” que el requisito fundamental para hacer a los niños sea una relación sexual entre un hombre y una mujer. ¡Pero sí es secreto! La prueba está en que al tener que hablar del tema nos sonrojamos, como si nos hubieran pescado en falta, como si tuviéramos la tentación de corregirle la página a Dios y hacerla más “decente”, cosa que no hemos podido lograr (aunque estamos a punto de que sí, la ciencia casi descarta a los padres, puede sustituirlos con donadores); pero mientras esta “maravilla” no sea la costumbre, ¿quisiéramos, al menos, no ser los encargados de enterar a los niños del "horror" de que un día papá y mamá se abrazaron con todo el amor que eran capaces en ese momento, y debido a ese amor surgió su vida?

Para un niño pequeño es posible pensar que “de la nada” surge un “algo” en la panza de mamá y que allí crece. Con este pensamiento mágico, la importancia del padre se “desvanece”; nadie lo necesita para nada. Ahí es el punto donde surge la pregunta. El pequeño no imagina que está haciendo una reflexión muy grande y  preguntándose lo mismo que un adulto: “¿de dónde vengo?”. Intuye que viene de algún lado y que su padre tiene alguna importancia. Entonces acude con las personas que “lo saben todo”: sus papás, y les pregunta lo que desea saber. Ellos pueden responderle con la verdad, o transmitirle la prohibición que recibieron de sus propios padres sobre el tema. ¿Un niño pequeño es capaz de comprender que viene de papá y de mamá?, ¿Qué papá lo fabricó primero en su cuerpo, pero incompleto?, ¿y que debió entregarlo a  mamá para que ella lo completara y lo cuidara, también en su cuerpo, hasta que fuera capaz de respirar por sí mismo?

Nos hemos creído el cuento de que ya hicimos la revolución sexual porque ahora en todas partes se habla de sexo; sin embargo, no podemos ver que nos saltamos olímpicamente el deseo y el sentimiento, que les quitamos importancia y éstos no se incluyen en la información que se da en las escuelas. ¿El deseo y el sentimiento están ausentes también en nuestras mentes?, ¿desaparecieron?, ¿son vergonzosos?, ¿o sólo están reprimidos, usando el lenguaje de Freud?

Actualmente existe una gran reticencia para reconocer que los papás son igual de importantes que las mamás, y más reticencia aún para confesar que  el deseo de papá también fue fundamental para que naciera el hijo. Muchas personas ni siquiera conocen el término “voluptuosidad”, y se niegan a conceder que ésta jugó un papel protagónico en ambos padres para que engendraran una vida. ¿Es posible que nosotros, habitantes del siglo XXI, sigamos considerando bochornoso hablar de sexo, como lo fue por siglos?, ¿que también nosotros incluyamos al deseo sexual como parte de los “despreciables bajos instintos”? ¿Qué sigamos atribuyéndolo al hombre y no a la mujer? ¿Qué consideremos la paternidad masculina como algo accidental y suprimible? Si las respuestas fueran afirmativas, ¿explicarían, en parte, por qué muchas mujeres de hoy prefieren ser madres solteras y criar a sus hijos ellas solas?, ¿y que algunos padres se olviden con facilidad de los hijos que han engendrado? Se termina el espacio. El querido lector deberá completar este artículo inconcluso.

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lunes, 25 de noviembre de 2013

ANIVERSARIOS


Días de festejo. Primero, de los 35 años de nacimiento de la Escuela de Psicología de la Universidad de Guanajuato, y luego, del grupo que cumplió 30 años de haberse graduado; ambos acontecimientos muy importantes para mí. Fui invitada por mis exalumnos. Muchas gracias y qué alegría. Por circunstancias personales, solamente pude asistir al segundo y fue una noche de las que se graban en el alma y jamás se olvidan.
Concurrieron los cumpleañeros de graduación con sus familias, ¡una gran fiesta! Comenzamos con misa de agradecimiento, celebrada por un compañero de estudios, el padre Carlos Hernández Talavera, él puso el toque de espiritualidad y también nos hizo recordar pequeñas anécdotas que nos transportaron a aquel tiempo y nos permitieron comprobar cómo cambian las mentalidades con los años. 
Por increíble que ahora nos parezca, en ese entonces se permitía fumar en el salón de clases de las preparatorias y universidades. Betos, así le llamábamos a este compañero, se quejaba constantemente y suplicaba a los fumadores que no sometieran a los demás al suplicio de inhalar el humo en un espacio cerrado, pero nadie le hacía caso. “Se van a arrepentir”, les advertía, y lo cumplió. Un fin de semana lo pasó en su rancho atendiendo vacas y cerdos y el lunes se presentó a clases con los zapatos y la ropa sucios de estiércol, así ocupó su lugar. Las protestas fueron inmediatas: “Oye, hueles muy mal, y aquí está muy encerrado”. “Ni modo. Yo les pedí que no fumaran, ahora nos vamos a aguantar nuestros olores unos con otros”. Muy asertivo desde entonces, en la fiesta recordamos la anécdota con hilaridad.
También recordamos a los que ya se fueron: Carmelita Badillo Murga, la fundadora, a quien todos teníamos especial cariño y que nos influyó con su manera amorosa de tomar la vida, a Guillermo Bello Albo, Serafín Estrada Gallegos y Guillermo Muñoz. Pedimos a Dios por ellos.

Este grupo ha permanecido unido y en contacto en parte por la actividad de Mayra Aguirre Almeida y Chava Escobar González, que convocan a los compañeros y han logrado reunirlos en diecisiete ocasiones. Ellos prepararon el festejo. Cenamos riquísimo y mientras tanto exhibieron un video con fotografías del tiempo de la escuela y posterior, organizadas humorísticamente, del cual nos obsequiaron el CD a cada uno. Y Mario Zaragoza nos regaló, también a cada uno, una botella de tequila grabada con el logo de Psicología y el escudo de la Universidad. Luego me llamaron al micrófono y me entregaron un reconocimiento como cofundadora de la carrera. Sentí que se volcaba sobre mí tanto el cariño que todos le habían tenido a Carmelita Badillo, que ya no está entre nosotros, como el que generosamente dan a mi persona. Mi corazón golpeteaba de felicidad. De ahí fuimos a tomar la foto, nos abrazábamos unos a otros alegrándonos de ser psicólogos y de estar vivos y juntos. En ocasiones como ésta, la alegría se enseñorea de todos. Yo me sentía como si estuviera haciendo depósitos de dicha en mi alma, que me han de servir cuando la vida me traiga situaciones duras, como es su costumbre. Luego bailamos. ¡Qué bonito! Y se finalizó la velada con la interpretación de música de mariachi.

Hoy hago patente mi gratitud tanto a los organizadores como a los asistentes por esos momentos tan gratos y por el afecto que me demostraron. Su magnanimidad para conmigo da testimonio de la nobleza de sus corazones. ¡Mil felicidades a todos y les deseo que la vida siga siendo generosa con cada uno, como todos lo están siendo con sus semejantes! Y gracias, muchas gracias.

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