martes, 11 de marzo de 2014

DIOS


Dios puso las piezas (nosotros), aquí en la Tierra. Lo que hagamos, depende de nosotros; tan sólo de nosotros. Haría mal Dios en meterse con nosotros, aun con el más leve milagro, ¡el más insignificante! Rey o pordiosero, eres tan sólo tu propia hechura.

Dios es, sí; nos sirve de interlocutor… pero NO HAY ECO. Nada regresa de él; ni malo, ni bueno. Tú, con tus propias fuerzas, te salvas, o caes. Dios puede llorar por tu conducta errática, pero no te echará una mano. Todos ─cualquiera, alguien─, puede estar muriéndose de sed; y Dios, con toda la pena, verá cómo se va apagando esa persona.

Lo siento, mi buen: Dios NADA HARÁ por ti alguna vez; y nada es… ¡nada!

Y pues conviértete en tus sueños, los más dulces alguna vez… pero tendrás que usar tus propias manos. No esperes ayuda o misericordia de Dios; porque, obviamente, él puede ayudarte… pero no se moverá un ápice de donde está: contemplándote… tan sólo. Afortunadamente, agregaría yo.

 

OPINIÓN

Me relatas como percibes tu relación con Dios. Que Él está en algún sitio, contemplando a los humanos, impasible o tal vez llorando por nuestra conducta errática, mirándonos morir de sed sin hacer nada, escuchándonos sin emitir respuesta alguna, y nosotros sin su ayuda ni su misericordia, batallando por convertirnos en nuestros sueños. Solos.

Estoy convencida de que el Dios que piensa cada persona es distinto al Dios que piensa cualquier otra. No estoy afirmando que hay muchos dioses, sino que las imágenes de Él son íntimas y personales de cada cual, ya que nos es imposible conocer cómo es en realidad; excede la capacidad de nuestra mente. Sin embargo, nuestras mentes se esfuerzan de continuo por encontrarlo. A veces, se desaniman y piensan: “Allí no hay nada”. O fantasean que lo conocen y le atribuyen lo que sí conocen, pero en grande: “Es todo poder, todo amor, todo inteligencia… súper vengador, súper celoso, súper cruel, súper irresponsable de su creación…”. Algunos prefieren imaginarlo etéreo y sin cuerpo, y otros, como persona de carne y hueso, con ojos, dedos, corazón… tal vez armas, arsenales, dispensarios o sitios adecuados para sus fines.

¿De dónde sacamos las imágenes que nos hacemos de Dios? De donde mismo sacamos las imágenes del mundo y de nosotros: de nuestra familia, nuestra cultura y nuestra experiencia. Algunos autores aseguran que la relación que guardamos con Dios es una calca de la que tenemos con nuestro papá.

Como sea que imaginemos a Dios y a la manera como estamos relacionados con Él, afecta nuestras vidas, la percepción de nosotros mismos y el sentido que damos a la existencia. No vive igual el individuo que no tiene a Quién dirigirse y nada puede esperar que no sea fruto de sus manos, que aquel que, además de su empeño y esfuerzos, se encuentra conectado con un Poder más grande, del cual es socio. En medio de estos dos extremos cabe un número infinito de modos de relación. Gracias por enviarme tu imagen de cómo percibes a Dios, me considero honrada con que me compartas algo tan tuyo e íntimo.

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martes, 4 de marzo de 2014

LA FELICIDAD


Estuve unos días en Cancún. Vivir la felicidad en un ambiente propicio es sencillo; basta con dejar fuera de la mente todo pensamiento que ocasione estrés y entregarse al presente con un deleite infantil. Cuando la mente no interfiere, y me propuse no dejarla interferir, son los sentidos los que se encargan de proporcionar raudales de gozo: el calorcito propio de la playa, el color turquesa del mar, las olas rompiéndose en el dique, la blancura de la arena, caminar de espaldas al sol, sentir las caricias de la arena en los pies y del agua sobre la piel, escuchar los ruidos de niños y adultos disfrutando del movimiento, mirar la enorme variedad de cuerpos de todos los colores y todas las edades y tipos de trajes de baño que van, vienen, se detienen, se sumergen, se tienden a broncear; los olores y sabores provenientes de la barra, las conversaciones con o sin sentido, el cansancio de un día que termina, la puesta del sol, el anochecer… ¡qué bonita es la playa también de noche, con la luna demasiado joven en el firmamento y pocas nubes para ocultar las estrellas!

Volcarse en el presente da la sensación de que todo perdura, que uno es quien se acerca o aleja, capta o no atiende a lo que allí está. Deseé con todo mi corazón poder vivir así todos los días. No me refiero a estar perpetuamente de vacaciones y rodeada de un ambiente turístico, sino a ser capaz de permanecer en el presente donde quiera que me encuentre, en toda circunstancia; a tomar un libro entre mis manos y entregarme sin tropiezo  la lectura, a despertar con ánimo festivo y prepararme a disfrutar mi día como si fuera el mejor de mi vida, a convivir y conversar con los demás como si ésa fuera la única actividad o la más interesante, porque la felicidad está hoy, en el presente; no allá, cuando consiga esto o aquello, cuando baje de peso, cuando termine mi carrera, cuando me case, cuando tenga un hijo, cuando me vuelva rico, cuando rejuvenezca mi piel… Tampoco está en el pasado, si mis padres que fueron secos conmigo se volvieran tiernos, si mis maestros que no me apreciaron hubieran descubierto que yo era una maravilla, si mi primer beso hubiera sido más romántico…

La felicidad está hoy. Miles de personas, muchas extranjeras, viajan para disfrutar la belleza de Cancún. Mirándolas, yo intentaba imaginar qué cosas danzaban en sus mentes. Muchas no permitían que sus miradas se encontraran con la mía; otras sí, y sonreían. En mi corazón les deseé a todas que disfrutaran del contacto con el agua, el sol, la gente y también se sintieran tan felices como yo, pues todas estaban gastando allí su tiempo y su dinero en busca de algo que tal vez sí, tal vez no, alcanzarían.

 

AGRADECIMIENTO



El agradecimiento es una actitud ante la vida. El agradecido encuentra hermosura a su paso; el no agradecido, defectos. La diferencia entre uno y otro reside en hacia dónde dirigen la mirada: a lo que poseen o a lo que les falta; a la belleza o a la fealdad. Y ambos tienen razón, la vida tiene de todo; pero es enorme la distancia entre las maneras como viven. El primero va de sorpresa en sorpresa, de reto en reto; el segundo de tristeza en tristeza, de dificultad en dificultad. No es lo mismo pensar que un problema que se presenta constituye una oportunidad para ejercitar las propias cualidades, que interpretarlo como una desdicha más de toda una serie.

Es sabido que las personas poseemos constantemente un 90% de nuestros asuntos y circunstancias bien y en orden, y el 10% restante necesita adaptaciones inteligentes. Si la persona en cuestión puede abarcar con su mirada todo lo que tiene de bueno, se apresta alegremente a la tarea en turno, pensando: cuento con la vida y con mi cuerpo, inteligencia, afectividad, espiritualidad, familia, trabajo, sueldo, seguro, amigos, etc., etc., y este problema también pasará; puedo solucionarlo y lo solucionaré, o puedo soportarlo y lo soportaré. Entonces su alegría permanece, no obstante el esfuerzo requerido para lograr buenos resultados. Por el contario, si la persona se enfrenta a la vida sin contar con nada de lo ya que posee, porque no mira hacia su 90% que está sano y en orden, se experimentará débil y con una sensación anticipada de derrota e impotencia; lo más probable es que el asunto la supere y pierda algo de lo que era suyo: la salud, la alegría, relaciones, bienes materiales…

Podemos saber si somos agradecidos observando nuestras conversaciones: ¿solemos dedicar más tiempo a hablar de cosas que dan miedo, como enfermedades y circunstancias que las producen, amenazas de pérdida, peligros, o mala voluntad de las personas e instituciones? Posiblemente tengamos razón en lo que decimos, porque no estamos locos ni exagerando, pero seremos de los que se fijan en “el prietito” y no miran el arroz. ¿Hablamos sobre que la vida nunca es perfecta? Es cierto que no lo es, pero subrayándolo podemos convertirnos en personas para quienes “nada es suficiente”. ¿Comentamos lo terrible que es tener que morir? Es verdad, no nos gusta la idea, pero antes de que nos llegue la hora tenemos tiempo para vivir, y no es inteligente arruinar la vida con el susto por la muerte. ¿Decimos que no queremos cosas buenas para no acostumbrarnos a ellas, porque luego las echaremos en falta? Lo más probable es que sí, las vamos a extrañar si las perdemos, pero mientras tanto no nos permitimos disfrutarlas y decir: “Lo comido y lo bailado nadie me lo quita”. ¿Nuestra mayor preocupación es haber cometido errores o pecados, hablemos o no de ellos? Podríamos agradecer a la Vida que nos sostuvo para cometerlos, y también  que nos permite reconocerlos como tales; peor sería empecinarnos en el error. Nuestras equivocaciones son oportunidades para pasar a un nivel espiritual que nos capacita para agradecer la adversidad, el pecado y el defecto y convertirlos en sabiduría. El agradecimiento es fuente alegría y de paz.

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martes, 18 de febrero de 2014

LA VIDA ME DEBE


Quisiera decir que estoy pasando por una mala racha económica, sin embargo, para mí siempre ha sido así en todo. Tal vez se relacione con que mis padres me abandonaron  y crecí como hijo adoptivo de una familia de comerciantes que con sacrificios me mandó a una escuela de nivel socioeconómico alto, donde mis compañeros tenían otras exigencias. Me casé y pasado el tiempo me divorcié de una compañera de esa clase social a la que creí pertenecer, lo que resultó falso, pues su familia siempre me vio menos y la apoyaron para que volviera con ellos, no exactamente a su casa, pero sí a las comodidades que precisaba y acostumbraron a mis hijos a un nivel de vida que yo no puedo darles. Me cansé de seguir soportando tanta intromisión y rechazo, nos separamos y nadie pensó en lo que yo perdía: mi familia y mis esfuerzos realizados en los 12 años que duramos casados, lo cual considero una injusticia. Me urge salir de esto.

OPINIÓN
Trato de imaginar qué te duele más: estar separado de tu ex mujer e hijos; comprobar que a los ojos de ellos no puedes competir económicamente con tus ex suegros, imaginarte excluido de una clase social que sentías tuya; sentirte indeciso acerca de a dónde perteneces; modificar las costumbres que te viste obligado a asumir a fin de convivir con tus familias nuclear y política; experimentar la injusticia de que no sean reconocidos tus esfuerzos para adaptarte y ponerte a la altura de las exigencias de que eras objeto; ver truncados tus sueños de formar un hogar bien avenido… Has tenido grandes pérdidas, es posible que sientas que la vida te sale debiendo demasiado. Deseas salir de este remolino que te engulle y te deja sin fuerza.

Puedes observar con cuánto vigor nos influyen los pensamientos que se vuelven ideales. Te has esforzado, primero, por sobrevivir al abandono de tus padres biológicos; luego, por aceptar los dones y expectativas de los adoptivos, a quienes su amor aconsejó inscribirte en una escuela de clase social elevada, y con ello te daban tácitamente el mandato de que pertenecieras a ésta; después, al casarte, por ser “uno de ellos”, de los de la familia de tu ex mujer. Has sido un hombre de ideales, y de esfuerzo.

Los ideales son ilusiones, existen sólo en la imaginación; sin embargo, nos mueven poderosamente. Hay casos en que deploramos tener que dormir, preferiríamos seguir persiguiéndolos. Los ideales se vuelven verdaderos cuando se logran, entonces dejan de ser ideales y también dejan de motivarnos. Realizarlos, o perder la fe en ellos, ocasiona que ya no nos suministren energía y que hasta levantarnos por la mañana sea imposible, ¿para hacer qué?

La gran ventaja de los ideales es que son pensamientos, y por lo tanto, pueden ser cambiados con relativa facilidad. Observa que dije “relativa” y no “gran” facilidad. ¿Por qué “relativa”? Tienen relación con alguien o algo muy amado. Es probable que tu necesidad de lograr un sitio en las clases altas sea expresión de amor a tus padres adoptivos, y/o tus maestros, compañeros y escuela, y/o a la mujer que desposaste y los hijos que tuviste con ella. Dicho amor te hizo querer ser como tus amados deseaban que fueras. Y tú, ¿cómo eres en realidad?, ¿puedes distinguir entre lo que otros desean de ti, de lo que deseas tú mismo?

Creo que la expresión “me urge salir de esto” significa que estás comenzando a distinguir entre los requerimientos ajenos y los tuyos. Probablemente tus amados todavía ambicionan que tú “reacciones y hagas lo que sea” con tal de llenar sus parámetros. Tú quieres salir de ese juego. Y saldrás. Tendrás el valor de pensar: “No tengo obligación de ser rico ni de pertenecer a las clases altas. La vida no me debe ni yo le debo a la vida; ella es un regalo y yo soy el que soy. Me amo como soy”.

Te haría bien buscar ayuda profesional.

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PADRES ADOPTIVOS


Mi esposo y yo adoptamos una niña desde recién nacida y para evitar cualquier problema futuro la registramos como nuestra en lo civil y en la fe de bautismo. Ahora tiene 13 años y la hemos querido siempre con todo nuestro corazón. No estaba en nuestros planes decirle que es adoptada, pero a una prima de mi marido se le salió el comentario enfrente de su hija de la misma edad que la nuestra y ella se lo dijo a mi niña, le metió dudas y mi hija me preguntó. Por supuesto que yo  lo negué, le dije que era mentira, porque nosotros quedamos en no decírselo nunca y me tomó de mucha sorpresa, me sentí terrible, lo comenté con mi esposo y él dijo un montón de maldiciones contra su prima, yo creo que le va a reclamar, pero ya lo dijo. Me interesa una opinión.

OPINIÓN

Los padres adoptivos hacen algo muy hermoso al brindar a una criatura su casa, su corazón, su nombre y su familia, tesoros invaluables. La acción misma de adoptar les amplía el corazón y aman de manera especial, pues sin tener la obligación de cuidar y educar a un hijo, la adquieren voluntariamente, con todos los riesgos de la paternidad que son muchos, más los de manejar y acomodar la información sobre el origen del adoptado.

Ustedes, como padres adoptivos, han hecho y siguen haciendo algo grande y bello a favor de su hija adoptiva, pero todavía no terminan; les toca acompañarla y apoyarla en estos momentos de crisis. ¿Cómo? Reconociendo,  validando, respetando y acomodando  todos los sentimientos, ilusiones y desilusiones de todos los protagonistas; es decir, los de su hija, los de ustedes y los de los padres biológicos. Todos son reales, respetables y desempeñan una función en la trama, no solamente algunos.

Ustedes, sus padres, son los que pueden ayudar a su hija a que aprenda a encarar de frente las situaciones que la vida presenta, o bien a mentirse sobre ellas y tomar decisiones que oculten algo. También le enseñarán (siempre con el ejemplo) a mirar los sentimientos suyos y de otros con amor y la mayor serenidad que le sea posible, o a constituirse arbitrariamente como juez que absuelve o condena. La realidad es que ella solamente recibió la vida biológica de un hombre y una mujer que se amaron y acercaron entre sí al menos para concebirla, lo cual es una maravilla que debe agradecer, y de ustedes recibe los cuidados necesarios para conservar esa vida y hacerla fecunda, y también esto lo tiene que agradecer. Es deudora de muchos beneficios recibidos. Si logra dar las gracias por ellos, podrá tomarlos como suyos y hacer cosas muy buenas en su existencia; pero si les encuentra defecto y en dicho “defecto” centra su atención, adquirirá la actitud de “nada es suficiente” para ésta y cualquier otra situación de la vida; en consecuencia, se sentirá “por default” en desventaja, al percibirse como acreedora (y no deudora) de los bienes reales o imaginarios que considera debió recibir y no recibió. Esta última actitud es frecuente en  hijos adoptivos y no adoptivos, y les ocasiona mucho daño.

En cuanto a los papás biológicos, que eligieron entregar a su hija para que ésta viviera mejor de como preveían viviría con ellos, renunciaron a su derecho y obligación de padres y educadores; sin embargo, en la fantasía del hijo, es frecuente que él intente “restituirles” aquello a lo que voluntariamente renunciaron, aunque sea imposible. Si su hija insistiera en ver y conocer a sus padres biológicos, y ustedes  la apoyan en su búsqueda, les tocará respaldarla en el dolor y la desilusión que va a sufrir al percatarse de que no estuvo presente en la vida de sus progenitores y que eso es irreversible, y en cambio, sus padres adoptivos la están apoyando hasta en los momentos en que parece olvidarse de la gratitud, y esto porque a pesar de no haberla engendrado y parido, la aman tal como era y es, la tomaron con todo lo bueno y lo malo que su corta vida ya portaba, aunque hacerlo los obligue a pasar por crisis como la que ahora están viviendo. ¿Puede alguien pedir más que esto?, ¿acaso podemos manipular al destino y determinar las circunstancias de nuestro nacimiento? ¡Cuántos otros niños sin padres quisieran tener la suerte de ella y ser amados como lo es ella! Creo que no le hará bien a la niña ignorar su origen, o que ustedes pretendan suavizárselo; más provechoso le será que confíen en su fuerza y capacidad de raciocinio.

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DÍA DE REYES


Según la ilusión e inocencia de los niños, cuando los Reyes Magos se vienen acercando se les puede ver en el cinturón de Orión, montados sobre las estrellas Alnilam, Alnitak y Mintaka. Desde hace décadas, ¡qué digo, centurias!, en la Noche de Reyes, los pequeños en turno han mirado al cielo con la esperanza de un regalo celestial que la imaginación agrandaba  hasta que la alegría era insoportable; no podían esperar más, sólo durmiendo pasaría el tiempo velozmente, pero la excitación no ayudaba a que los ojos aceptaran cerrarse mientras los Magos apresuraban la marcha a fin de llegar a tiempo. ¡Inocencia e ilusión, fuentes de alegrías profundas!

¿En todas las edades? En todas. También los enamorados poseen inocencia e ilusión suficientes para soportar el adorado tormento de estar al acecho de la mirada, el beso o la entrega del amado o la amada. Y sin inocencia, o sin ilusión, es imposible vivir tanta dicha.

Y esa dicha ¿es verdadera, o falsa? Es tan verdadera que cada uno de nosotros podemos atestiguarla: nos estremecía, hubiéramos querido hacer lo que el Josué bíblico pero al revés: no detener al sol, sino empujarlo para que caminara más aprisa. Lo vivido, vivido está y aquellas alegrías no perecen, son experiencias; “lo comido y lo bailado nadie nos lo quita”. Pero después la mencionada dicha “demostró” ser falsa: el regalo no fue el esperado, o el amado resultó distinto del que teníamos en mente, porque la realidad jamás podrá competir con la imaginación. Quienes  tomaron el juguete o el amado con reverencia y ¡otra vez, imaginación! hicieron que uno pasara a transformarse de humilde carrito en cohete o ambulancia y el otro, el amado, en el ser más cotidiano y entrañable, y quienes no tuvieron reverencia ni imaginación, el choque con la realidad se convirtió en desencanto, quizá amargura. La primera dicha no era falsa, fue la segunda la que no llegó a concretarse.

¿Es bueno o malo tener inocencia e ilusión? Ni bueno ni malo, sólo bonito o feo. Niños o grandes que tienen  capacidad para alegrarse con ellas, a sabiendas de que sólo están en la imaginación, sonríen; en cambio, los que exigen que sus pensamientos sean reales, concretos y comprobables, rara vez lo hacen. Y aquí la paradoja: por aquello de la subjetividad, de que cada cabeza es un mundo, nadie puede estar seguro de que tal exigencia no es también ilusión; es decir, un producto de la mente; ni siquiera los ultra objetivos científicos están capacitados para hacer una descripción exacta de la realidad, de ahí que las afirmaciones de la ciencia se modifiquen con los años y los descubrimientos. Entonces, no cabe la pregunta acerca de si es bueno o malo vivir de ilusiones, puesto que nos está vedado desprendernos totalmente de ellas. Más bien tendríamos qué preguntarnos: ¿cómo son las  ilusiones que alimento?, ¿me hacen sentir bien y contento, o que me desgarran y llevan a sentir absurda la existencia? Porque hay de ilusiones a ilusiones, algunas nos inyectan entusiasmo, y otras, veneno. Hagamos votos para que en este 2014, todos engendremos ilusiones de las que hacen sonreír y tener alegría.

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VALORES TATUADOS


Me encuentro mal, triste y pensando qué hacer. Tenía yo 20 años y cursaba el tercer semestre de carrera cuando sobrevino el embarazo de la que hoy es mi esposa. Mis padres indicaron "tienes que casarte y cumplir con tu obligación".  Lo hice, después vinieron otras hijas, llevamos 20 años de matrimonio en los cuales he sido siempre fiel debido a que me quedaron “tatuados” los valores de mis padres. Yo deseaba y necesitaba el apoyo y cariño de una mujer y tener relaciones como las tiene cualquier pareja, pero a ella le diagnosticaron menopausia prematura a los 27 años y no sentía deseos. Dediqué todo para que mi esposa estuviera mejor y me siento tranquilo con mi conciencia, pues no repetí la historia de mis suegros y su separación. En el punto que estoy ahorita es: ¿Qué habría pasado si no me hubiera casado, o si en vez de querer salvar y curar a mi esposa hubiera dejado que la vida tomara su curso? ¿Qué pasaría si hoy o mañana le soy infiel y busco lo que sexualmente nunca he tenido? ¿Habría alguna "justificación" para mí por lo que me ha sucedido, o tengo que "auto compadecerme"? ¿Cómo dejar de pensar que la vida está en deuda conmigo?
 
OPINIÓN
La vida te apoya para cualquier cosa que decidas. Sin ella no podrías elegir; estarías muerto. A la vida le toca apoyar; a nosotros, elegir. Y siempre elegimos lo que creemos lo mejor o menos malo, inclusive en las circunstancias más difíciles y confusas. Con el tiempo, solemos volver la mirada atrás y juzgarnos, pero con ojos distintos, intereses nuevos y circunstancias cambiadas. Ya no somos los mismos. Tú te preguntas qué habría pasado si hubieras tomado decisiones diferentes, y yo respondo lo que ya sabes: tu existencia y la de los tuyos habría sido distinta. ¿Para mejor o para peor? Imposible saberlo.
 
¿Quieres que divaguemos un poco en el campo de los posibles? Bueno. Imaginemos que tú, un joven que se preciaba de ser responsable, confiaba en sus padres y además estaba enamorado, ese joven decide abandonar a su novia embarazada. ¿Y al hijo? También, o volvería a verlo y a la mamá, y seguro se casaría después, ya que era muy responsable. ¿Cómo viviría este joven su abandono? Como una acción insoportable. ¿Sería feliz? Tú tienes la palabra.
 
Este joven se casó, tuvo otras hijas y se sentía tratado injustamente por la vida que, en su pensamiento, le debía corresponder con felicidad absoluta, puesto que él había sido responsable en grado heroico. Pero la vida ni en cuenta; al parecer, a nadie le entrega la “prometida” felicidad completa. ¿Y él, por qué no se divorciaba? Era un chico súper responsable.
 
Sigamos divagando: Por muy responsable que fuera, llegó un momento en que se dijo: “Para todo hay límites”, y se divorció. ¡Ahora sí, la felicidad completa! Su decisión estaba “justificada”, ¡tanto aguantar! Negado a auto compadecerse, salió en busca de una mujer distinta, nueva, sin achaques. ¡Fuera de mí las programaciones tatuadas! , pensó. ¿Ya lo imaginaste? Digamos que encontró a la mujer ideal, sin tacha. ¿Sus “tatuajes” quedaron borrados como por encanto? ¿La familia (papá, mamá, hermanos) se pusieron de su lado? ¿Su ex esposa e hijos desaparecieron, o los siguió viendo?, ¿a quiénes sí y a quiénes no? ¿Cuál fue la explicación para ellos? ¿Les daba pensión? ¿Tuvo nuevos hijos? Las posibilidades se multiplican.
 
Bien, después de haber fantaseado juntos, tendremos que admitir que todo esto ha sido  invento y que solamente viendo (viviendo) se podrían responder tus preguntas. Existe otro método para “ver”, no el futuro sino el presente atemporal, que yo te recomiendo: hacer una Constelación Familiar acerca de tú y tu esposa. Podrías asistir solo o con ella. Tus hijos no. Puede ser que no se vea nada, que se acomoden hilos retorcidos que llevan años molestando, o que se modifiquen los tatuajes.
 
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